Wednesday, May 24, 2017

El rostro de Dios

Creo en Dios, sobre todas las cosas, y también en el hombre, su mejor creación. Del primero, suscribo todo sin poner nada en dudas. Del Segundo, dudo casi todo. Dudando de los hombres (y de mí) llegué a conocer a los buenos, a los menos buenos y a los execrables. Me ayudaron mis padres, durante la infancia. Luego, los avatares de la vida. Es decir, las escuelas, los maestros, la Universidad, los amigos y enemigos, los libros, algunos amores de entonces, personas que pasaron (de repente) minutos conmigo y otras que han permanecido siempre a mi lado. Ahora, después de una largo aprendizaje, que nunca termina, puedo identificar a los malos disfrazado de buenos y viceversa. Ser psicólogo me sirve de mucho y, confieso, a veces de nada. En ambos postura, me surgen las dudas. Después, vienen las preguntas. Me invito a pensar para poder responder.
Hoy, vi en las noticias, con sobrada ecuanimidad, la cara del Papa Francisco, al lado de Donald Trump. Estaba tieso. Estirado e incómodo. Su mirada, era un puntillazo sobre las alfombras. Se le vio circunspecto, distraído, en trance de una aparente soledad y alejado de aquella escena no deseada. Parecía dominado por un estado de obnubilación perpetua y una desagradable pesadilla. Se le vio cansado, arrepentido, por ese momento, de su posición terrenal. Sin poder alguno para evitar estar al lado de alguien que, evidentemente, no le atrae. A pesar de todo eso, Francisco era el hombre bueno. Trump, esforzado en las formas, sonreía. Su sonrisa, aprendida en los protocolos de la diplomacia, impresionaba una mueca opaca, surrealista, displicente y tímida. Además, estaba incomodo, frugal, concentrado en las líneas del guion, accesible a la buena impresión y, por primera vez, mostraba cierto grado de humildad. Tal vez, se sentía temeroso. Juzgado, como nunca antes, por el poder de los Dioses, colgados, desde siglos, en los pasillos del sagrado recinto. A la vista de todos, muchos lo percibieron como el hombre malo.
Entre lo malo y lo bueno existe una absoluta relatividad. Obvio, como en todas las cosas. Depende, de donde se mire y hacia quien va dirigida la mirada. Francisco, cuya divinidad terrenal nadie la cuestiona, ha sido muy claro en su repudio al presidente Trump. Esa moda suya, de estar más cerca del zurdo que del otro lado, delata su carácter y sus preferencias. Parcialidad impropia a la vista del Señor, quien nos acoge a todos como hijo suyos sin importarle siquiera nuestros pecados (eso aprendí en el Camino Neocatecumenal, en la Iglesia San Gerónimo, en Victoria de Las Tunas)
Los records de Trump (negativos o positivos) están por venir. Sin embargo, junto a Fidel Castro, responsable de los mayores crímenes de América Latina, el Papa Francisco, emerge relajado, cercano, amistoso, agradecido, confiado, catártico y hasta divertido. En Cuba, seguía siendo el hombre bueno que, indudablemente, todos creen.
El rostro de Dios no es un duplo casual de las cosas, ni es un simple entendimiento para una ocasión y menos un credo de márgenes estrechas. El rostro de Dios es claro. Único. Imparcial y solidario. En fin, divino, misterioso y verdaderamente bueno. Y es eso en lo que creo.

Tuesday, May 23, 2017

Mi venganza será

Un señor de mi pueblo, cuyo nombre no vale la pena mencionar, me escribió en privado insultándome. Dijo en su mensaje, dentro de tantas cosas, que yo era un traidor, desagradecido y que tengo ciertos deseos de venganza. A sus improperios le respondí, después de argumentar como su fanatismo era una lamentable enfermedad: oraré por tu alma. Inmediatamente pensé, porque me dejó pensando, que había una verdad en su última ofensa. Realmente, tengo deseos de venganzas.
Me vengaré de los Castros, trabajando sin descanso, con todos los cubanos de buena fe, para construir un país distinto, mejor y libre. Un país que revise las cenizas del castrismo cada días y descubra las ascuas encendidas que puedan quedar de tan perverso sistema y apagarlas para siempre. Que institucionalice el derecho a la libertad, como el don supremo e inviolable de cada compatriota, y que devuelva la plena dignidad a todos los cubanos.
Me vengaré, con acertado placer, viendo como las efigies de la intolerancia serán borradas de las plazas ceñidas por el dogma del odio. Cuando los culpables comparezcan ante la justicias para ser severamente condenados por sus crímenes y sus castigos no impliquen la muerte como hicieron los rebeldes de Castro. Mi venganza será, para disfrute total, cuando los niños no juren ser como el Che Guevara, cuando las mujeres no encuentren en la prostitución un mejor destino a sus vidas y cuando los jóvenes decidan a permanecer en Cuba para desarrollarla y darle el lugar que siempre mereció.
Mi venganza será, cuando vea leer, en cualquier lugar de mi país, los libros de Guillermo Cabrera Infantes, Zoé Valdés Valdez, Reinaldo Arenas, Gastón Baquero, Milán Kundera, Alexander Solzhenitsyn o Jorge Luis Borges, sin esconderse de nadie. Cuando escribir libremente no implique un castigo, cuando una reunión no sea interpretada como una conspiración y cuando los periódicos reflejen la realidad tal cual es.
Mi venganza pasa por ayudar a desinfectar del dogma marxista aquellos incondicionales al castrismo que tratarán de revertir el curso de la futura democracia desde la demagogia, la intriga, el odio, el chivatazo y el bloqueo a las ideas nuevas. Me vengaré de Idalmis Gómez, quien una tarde de Agosto ofreció su casa a la seguridad del estado para convertirla en un puesto de mando, desde donde se dirigió el desalojo de mi familia y ayudó a incautar mis libros para luego ser arbitrariamente detenido, invitándola a que se convierta en una demócrata. Me vengaré de Aldo Cortez (médico vecino que me golpeó un día 27 de septiembre del 1998 defendiendo a su revolución) mirándole a sus ojos revolucionarios para ayudar a curarle su odio cerval.
Me vengaré del policía, de los segurosos, de los chivatos del barrio, de los maestros que invitaban a los alumnos a no relacionarse con mis hijos, del chofer que me bajó de su carro cuando opinaba contra el sistema, del obrero del central Amancio, cuando intentó sacarme de un centro comercial, del psiquiatra Gervasio (agente del SE) y de Joaquín Valenzuela, por su humillante mitin de repudio en el hospital, ofreciéndoles el perdón que no merecen.
Mi venganza será, el día que los libros de historia describan a la dictadura actual como una referencia nefasta del pasado.

Wednesday, May 17, 2017

El olvido

En Cuba, cuando nos tocó vivir al lado de un criminal, y cuando éste pasaba a nuestro lado e intentamos acortar nuestros pasos para no ignorarlo, creíamos que eran mentiras sus crímenes. Después, con el pasar de los días, la coincidencia con el tipo en el mercado, en una cola cualquiera y hasta en un trabajo voluntario, lo hicimos tan parecido a nosotros que su historia delincuencial quedaba enterrada en el olvido. El otro, el que fue a todas las guerras de África, cuando regresó tuvo siete días de gloria. La cuadra se movilizaba para saludarle como el héroe que había sido y el recién llegado contaba historia de combates, emboscadas, peleas con leones a cada vecino. Como eran tantas, olvidaba algunos sucesos y luego lo achacaba al efecto devastador que la guerra deja en los supervivientes. La gente, acostumbrada a entenderlo todo, olvidó esas historias y el protagonista, cuando ya los angolanos, etíopes o sudafricanos, no necesitaban sacrificios antillanos, se acostumbró a vivir su presente para olvidar su pasado.

Una maestra, que había dedicado 20 años a educar infantes, encuentra en la apertura de la divisa un camino abierto. Tenía su belleza intacta a los cuarenta. Suficiente para seducir a un viajero italiano sediento de amor puro y sin infecciones. Se fue a Italia. Allí, cuando le preguntaban sobre su vida olvidó que enseñaba a los niños canciones del Che. En unas vacaciones suyas a la isla, cuando las apariencias y los cosméticos europeos la hicieron más joven, unos alumnos, ya adolescentes, le llamaron maestra y ella, sin inmutarse, prefirió decirles: no recuerdo que fueran mis alumnos.
El presidente del cdr, el mismo que cumplía la orden de vigilar a los disidentes, se convirtió en el más afectuoso de todos los vecinos en el barrio. Fue de repente, tomando a todos por sorpresa, cuando perdió su puesto en una bodega. Ahora, mira al otro lado para no percatarse del delito, compra carne de res en el mercado negro y no paga la cuota mensual que antes exigía. Todos olvidaron los males que hizo a la comunidad. Sin embargo, el bodeguero tiene su olvido y fue diferente, pero intencional. Pudo, hasta lograrlo, enterrar toda su vida anterior y en la última autobiografía que escribió no menciona su pasado de chivato en el comité.


De los olvidos, el peor es el colectivo. El que pasa por millones de personas que miran confusos a la obscuridad como si se tratara de una noche demasiado larga. El del doctor Eduardo Cardet, líder del Movimiento Cristiano Liberación, está en prisión injusta, es lamentable que lo hayamos olvidado. Dirán algunos, al leer esta notas, estamos ocupados en otros asunto de suma importancia. Y es ahí el error. Recordar a un hombre en la cárcel tiene más prioridad que contar mil historias a personas que no escuchan. Creo, que la memoria del pueblo cubano es un retal tan frágil que se enturbia por sus circunstancias.

Monday, April 24, 2017

Esta vez Venezuela

Todas las crisis, por lo general, tienden a mostrar la esencia de las cosas. Es lo que sucede en Venezuela ahora mismo. El pueblo de ese país sudamericano, convulsionado por el dogma ideológico del socialismo del siglo XXI, una alta dosis de castrismo enlatado, que es más fuerte que lo primero, y una extensa escases de alimentos y medicinas, genera una pelea contra los demonios en el poder.
Antes de morir, Hugo Chávez, llamaba al proceso democrático que lo llevó a Miraflores, revolución. Para lograr mayor impacto social en Venezuela (también en la región) le acompañó del apellido bolivariana. Aquí, creo yo, radica la esencia del problema venezolano de hoy. Lenin, el mayor referente revolucionario del siglo XX escribió: “…una revolución vale tanto cuanto sea capaz de defenderse”. Fidel Castro, indignado por el error de los revolucionarios nicaragüenses, lo recordaba cuando, Violeta Chamorro, desplazaba del poder al sandinismo en elecciones democráticas y libres en Nicaragua. Los chavistas convencidos, conocedores del sermón marxista, irán por todas antes de ceder.
Maduro, con su torpe elocuencia y un coeficiente de inteligencia cercano a las fronteras de la incapacidad, tiene algo muy claro. Resistir. Aguantar hasta el final porque la rendición no cabe en el diccionario de un comunista formado en la escuela del partido Ñico López, en La Habana. Su elección para sustituir a un Chávez moribundo revelaba su afinación con el imaginario político de su líder y de Fidel Castro. En el socialismo, lo importante son los revolucionarios e incondicionales al modelo, no la ilustración de éstos. El actual gobernante venezolano responde a ese prototipo del sedicioso pasional y fiel intérprete del credo revolucionario.
Su estrategia, parece ser el desgaste mediante la espera. El tiempo borra todo y antes de hacerlo, agota. Es una táctica vieja y por su vejez no deja de tener utilidad. Las calles arden de pasión patriótica por una oposición activa y sin miedo. Pero esa gente tendrá sed, hambre, necesidades que los obligarán a estar en otros sitios que no sean las avenidas de Caracas. Así, porque la lógica lo indica, están pensando los chavistas de Miraflores. Y ese optimismo cuenta para un estado agónico, por la crisis económica y la incompetencia de sus líderes, al encontrar, como única vía de supervivencia, el deterioro y escarnio del adversario político jugando con los factores días, semanas, meses y años. También, juaga a su favor y le sirve de espaldarazo, el mutismo del Papa (el de la Pampa) los principales medios de prensa y los gobiernos mejores estructurados del mundo cuando, al mirar hacia a otra parte, afirman que los problemas internos de Venezuela son asuntos de los venezolanos.
Existe un detalle que puede ser importante. Los socialistas venezolanos son conscientes de la debacle internacional dentro la izquierda radical y se acomodan, de manera pragmática, a sobrevivir bajo cualquier circunstancia en el poder tal como lo manejan hoy. Otra opción no les queda porque las pretensiones de Hugo Chávez, que sigue al pie de la letra Nicolás Maduro, fue la de gobernar en el tiempo a cualquier precio. A la vez, indicando que el bus de la revolución no marcha mejor (o más rápido) porque desde el exterior no los dejan y desde adentro, los quintas columnas, se pliegan al imperio del norte.
No es una reflexión insensata. No. Porque en Venezuela hay quienes están, como en Cuba, dispuestos a morir defendiendo al chavismo. Son las turbas de incondicionales, sedientos de venganzas que se han armado para atacar, incluso, dentro de la propia oposición para hacer mayor la crisis. Los tentadores de intrigas quienes fustigan la limpieza de una lucha justa y cívica. También los oportunistas de siempre, que apegados al modelo obtienen los beneficios económicos suficientes y luego los exportan a los bancos internacionales. Los altos mandos militares, comprometidos con una aparente institucionalidad y responden a los dogmas del chavismo con envoltura socialista y se amparan en los favores económicos del régimen. Por último, una casta de burócratas y actores silentes, prendidos de las ramas del poder donde lactan hasta el último céntimo del patrimonio nacional.
La movilización del pueblo venezolano, decía un ciudadano de pie, urge de un liderazgo opositor sólido, sin fisura, capaz de borrar los tintes de desunión que afloran, intempestivamente, en ciertos momentos. La torpeza de Maduro, cuando las tomen en cuenta, también debe incluir el desatino de un hombre que aún no ha mostrado a donde puede llegar. Si su poder real se ve amenazado, en la desesperación, puede acudir a lo peor. Serán los últimos estertores antes de caer.

Saturday, April 22, 2017

Mariela Castro y las diatribas de Madrid

La hija de Raúl Castro, cuyo nombre vale la pena recordar, por ser hija de quien es, se introduce cada vez más, por designio de su poder, en los espacio de la política. Su carácter extrovertido y frágil, denota una visible particularidad psicopática que, como su tío, el fallecido comandante, no puede ocultar. Es histérica. Le gusta ponderar las diferencias que solo ella puede ejercer. Se encumbra en defender a las víctimas (homosexuales y lesbianas) de su padre. Es “divertido” verla salir con ellos por las calles de La Habana a golpe de tambor y conga y hacer conferencias por todas partes del mundo. Por eso y más, se ha convertido en el rostro visible de la continuidad. Es el germen contagioso del castrismo a nivel internacional. La mujer que, a la inversa de su linaje machista, le pone una pizca de sazón feminista y tolerante al mejunje revolucionario.
Es, y eso se observa a simple vista, atinada. Domina las escenas donde concurre y le cae bien a los suyos. No es carisma, es curiosidad. De alguna manera, por las razones que sean, sus batallitas a favor de los homosexuales y tal, la catapultan a la aceptación, le abren camino, allí donde quiere llegar. Es la jugada perfecta para asegurarle a papá que los caminos para mantener a la revolución en el poder, no solo pasan por la confrontación política y los tiroteos a los cuarteles. Transita, porque lo que asegura su actuación, por pisar terrenos vulnerables y sensibles a los ojos del mundo. Es el guion de la tolerancia simulada, de las puertas que se abren a media y de un sistema, que al podrirse por dentro, muestra maquillado su desgaste en el rostro de una mujer.
Las expresiones vulgares de la infanta Mariela Castro, en Madrid, pueden asombrar a quienes ignoran el poco talante de un proceso hecho por machos que hicieron del lenguaje un arma de combate. El propio Fidel, que articulaba sus discursos apasionadamente, estimulaba respuestas groseras desde el escenario asignado a la muchedumbre. La revolución cubana nunca ha tenido decencia porque se armaba (todavía lo hace) de epítetos degradantes para atacar a sus adversarios. El que transite una ruta diferente al castrato se convierte en víctima de un vocabulario soez diseñado para transgredir la moral de los demás.
El incidente con el reportero español y sus palabras: “…me pueden quitar al moco pegado que tengo aquí al lado”, tienen, desde todos los puntos de vistas, tres grandes lecturas. La primera, que deriva de su autoridad en Cuba, desnuda a una Mariela acostumbrada a dar órdenes y a que se cumplan. La otra, no menos importante, es que no esconde su desprecio por aquellos que están en los márgenes de su credo. La tercera, su enfado, la puede llevar al extremo de dar mordiscos utilizando las palabras, como primera señal, en vez de las uñas, como realmente quisiera.
Lo visible, además del histerismo, en la sexóloga Mariela, es su capacidad de impunidad. Su poder para ejercer la indecencia en cualquier escenario y encontrar acólitos que vayan a su rescate. Y, por su fuera poco, interpreta el papel de víctima para protegerse en el quejumbroso abrazo de su gente.
Cuba, dañada por una plaga de políticos incautos y dogmáticos, sigue mostrando que el castrismo, cuyo daño antropológico durará  años, es un mal con raíces profundas en el alma de la nación. Si los de arriba son inelegantes, como acaba de demostrar la hija del general, ¿qué pasará con los que habitan los niveles más bajo de aquella insular sociedad?

Wednesday, April 19, 2017

El Rey a la Habana

En España se percibe, porque siempre ha sido así, un sentimiento colonial hacia Cuba. Razones tiene por ser nuestro país la última gran posesión de ultramar de los peninsulares. Las heridas de Cuba no han sanado en la conciencia española desde que, los Mambises primeros y los americanos después, los aplastaron militarmente. De entonces acá las relaciones de los políticos ibéricos gravitan tomando en cuenta aquellos memorables y angustiosos días, donde la gloria de España quedaba sepultada bajo las aguas de la Bahía santiaguera y lastimada por el filoso machete Mambí.

Hace unos años, en Madrid, un importante político del PP (entonces en la oposición) dejó escapar una expresión más o menos así: Con Cuba tenemos un compromiso histórico, porque nuestra historia quedó marcada en Cuba. Tal vez, ese compromiso del PP (ahora en el gobierno) pase por acercarse al régimen tiránico de los Castro y no con el pueblo de la isla que es tan cubano como, esencialmente, español.


¿A qué irán el Rey Felipe VI o el presidente Rajoy a La Habana? Ya lo saben todos. A defender los intereses españoles y salvaguardar a los mismos para un futuro competitivo frente a los intereses económicos americanos. A coquetear con el tirano para solventar a los suyos del castigo que siempre se tiende sobre los que invierten en Cuba. También, para legitimar los supuestos cambios estructurales de Raúl y la supremacía oficial del poder autoritario cubano.


Un guiño a los disidentes, si fuera el caso, nunca será suficiente. En el poder real, lo sabe el Rey y Rajoy, no es a un disidente a quien debe tomarse en cuenta. Sin embargo, no se debe olvidar el lado por donde andan estos demócratas de la España de hoy. Al menos, y es un favor, nos advierten que la determinación de un cambio en Cuba pasa indisolublemente por cada uno de nosotros.

Monday, April 3, 2017

Sábado en el sur

Mississippi tiene los mismos contrastes de otros estados americanos. Su historia, aquel pasado convulso por la segregación y violencia racial, resuena cada vez menos en las esquinas del resentimiento. Las ascuas del odio comienzan apagarse en la lentitud sureña, advirtiendo no repetirlas jamás. 
Amy Middleton Chapman, un mujer dotada de paciencia, amor a sus caballos y al cómodo panorama de su rancho, ha sabido cruzar, con el rápido andar de su inteligencia, los abismos del odio. Ayer, sin motivos aparentes y cuando el sol había superado los contornos del rio Mississippi en su tránsito al oeste, improvisó una fiesta entre pocos amigos para recibir la noche bajo una luna a medio andar, montones de estrellas, una cena exquisita y conversaciones de alto valor.

El Bósforo, la Cappadocia o el ensortijado curso de los Fiordos, cuando se mencionaban en la amena conversación, parecían tan cercanas como las breves colinas de Birmingham, Smoky Mountains o los pantanos de Ciprés Calvo de Louisiana. El mundo, cuyo tamaño es parecido a un pañuelo, se reducía a la experiencia de los amigos en sus viajes por las orillas de donde hemos pasado alguna vez.
Después, como si alcanzar las estrellas fuera posible de un salto, los jóvenes, que éramos, en fin, todos, comenzaron a identificar constelaciones y a contar los planetas visibles por su luz. Alguien dijo que el paraíso no estaba en lo alto del cielo, sino allí, entre nosotros y el fuego que nos calentaba.

Wednesday, March 29, 2017

Donald Trump y la lógica del tropiezo

             Levantamos primero la polvareda y luego nos quejamos de no poder ver.
                                                                                           George Berkeley
La política no es un ejercicio absurdo. Nunca lo ha sido y jamás lo será. Y como tampoco es una formulación numérica, la aplicación de reglas aritméticas no cumple con ella en la exactitud. De ahí su complejidad y encanto. El poder que posee y su vulnerabilidad. La suerte de acoger a todos, incluso a los que dicen no prestarle atención, y de marcarlo todo.
Donald Trump, cuya presidencia ha estado marcada por la polémica, viene a la política sin los tintes de quienes han vivido de ella. Irrumpe hablando como el hombre común, políticamente incorrecto, y choca con los calculados croquis del establishment. - No es de lo nuestro -dirían algunos de su propio partido con justificada razón. – Muy cierto, -se responden otros, los nuestros hacen lo mismo que otros han hecho antes. Parece que esa verdad se impone en el concierto de las grandes discusiones políticas americanas. Es tan cierto que se hacen los ajustes necesarios para, como el perro cuando traza con orina los límites de su territorio, indicar hasta donde se puede llegar en ciertas cosas y hasta donde no. Esas fronteras, que no son invisibles, han comenzado a herir el entusiasmo de los cambios que desea Trump.
El hombre, es afecto en su esencia. Su orientación hacia lo desconocido es parte de una inquietud natural que lo invita ir más lejos sin dejar de mirar de donde ha salido. Cuando emprende un camino prefiere hacerlo con gente conocidas, que piensen igual o que compartan intereses similares. Si aparecen intrusos se rebela y rebate con fuerza todo lo que no sea equivalente a su credo anterior. Eso funciona con el presidente Trump. Éste, a pesar de vivir en la órbita de lo extraordinario, ha comenzado a sentir el desvío del aprecio sin ser casualidad.
Así actúan algunos dentro del ala republicana contra la Casa Blanca. Asumiendo su poder, lo cual es válido, para advertir que los poderes en América se ejercen, se amotinan detrás de su rango para reducir el curso de lo novedoso. Lo delicado del caso es que se desmarcan tanto de los retos actuales que asumen el rol de tránsfugas enfurecidos, adversarios de aquellos que no ven como suyos.
Los tropiezos del presidente pasan por esas advertencias de una potestad paralela, legítima y capaz de anular su iniciativa de hacer lo mejor para el país. La sensatez llama a la puerta republicana con el mensaje de unidad. Ahora es el momento, mañana puede ser tarde.

Tuesday, March 21, 2017

Raulismo mágico

Cuando Fidel Castro traspasa el poder a su hermano Raúl, en febrero del 2008, se abría una nueva era para Cuba y los cubanos. Nadie, hasta entonces, podía creer que el menor de los Castro fuera un malabarista con habilidades de prestidigitador. El histórico general, llegaba a la cúspide dispuesto hacer la diferencia. Desde entonces, hasta hoy, su poder circula por un espejismo transversal acuñado en la veracidad. El secreto radica, en la capacidad de Raúl Castro para acomodar en la soledad onírica de su potestad a los enemigos históricos y atraerlo a su contigüidad. Mostrando la zanahoria en su mano derecha y sosteniendo un escudo en la otra, logra congraciarse con Estados Unidos y encantar al presidente Barack Obama. ¡Ah!, eso sí, con la advertencia de volver a las trincheras, de su hermano mayor, si encontraba resistencia a sus ideas.

De repente, Europa, tan culta como vieja y a veces perdida en las circunstancias de su vejez, cambia su política hacia la dictadura. El mismísimo Dios, recibe a Obama con lluvia en La Habana, vaticinando, según los Orishas, un futuro mejor para la isla pero, otros creyeron que era el llanto de los muertos de Fidel. Después, Francisco, el Papa de la Pampa, daba el aldabonazo apropiado con su visita a Cuba para indicarles a todos que las puertas del país se abrían al mundo pero, no a su pueblo.

Era el nacimiento del Raulismo Mágico, cuya definición indica una distorsión  social, política y económica (también psicológicas) de la realidad cubana con el interés de mostrar lo irreal como si fueran verdades cotidianas. A partir de ahí, todo era posible. Un borrico chipriota, podía aparecer convertido en un caballo árabe de pura sangre, la Batalla de las Ardenas, una simple maniobra de euforia Nazis y el hundimiento del Titánic, una invención de Hollywood. Intramuros, donde el surrealismo tropical advierte la posibilidad de lo imposible, aparecen, para suerte del régimen, agoreros modernos que hablan de cambios. El propio Raúl, vestido de traje y corbata, no es un general y el oficial de uniforme tampoco empresario de un hotel. Viajeros, encantados sin los epítetos de mercenarios, hacen rutas por los cielos del mundo en hombre de la libertad  y un montón de ideas protestan bajo el agua profunda de la orilla; donde nadie las puede escuchar.





Friday, March 17, 2017

Mariela Castro, no se apercibe de la realidad

Raúl Castro, como ante lo fue su hermano Fidel, es un nefelibata que ha logrado inculcar a su hija Mariela el credo inmortal de la revolución. La infanta, poseída por sus genes y el poder, asegura que el pueblo cubano “no quiere virar hacia el capitalismo” porque, según sus palabras, “seguimos inventando el socialismo”. Nadie puede demostrar, históricamente, que el socialismo proporcione un nivel de vida superior al capitalismo. Sin embargo, desde la celaje onírico y revolucionario, donde Mariela inverna, no es posible concebir otra cosa si su estilo de vida supera a cualquier millonario de Malibú. De ahí deriva su parte de razón porque ese es el socialismo que conoce y desea mantener. Mariela no se apercibe de la realidad y tampoco puede. Sus privilegios, como usufructuaria rica, abogan por el sistema actual mientras ella (y los suyos) se mantienen protegidos dentro de una burbuja del gran capital que llaman socialismo.   

Tuesday, March 14, 2017

Los guapos del carnaval

La escala valorativa de muchos cubanos, recién llegados o no, indica que el nivel de sus necesidades pasa por lo perentorio. Es decir, aquello que sugiere una necesidad primaria, básica e insustituible. Después, cuando la misma escala quisiera aplicarse, para intentar saber que móviles de carácter superior sostienen a esas personas, se tropieza con un vacío invisible, capaz de indicar la falta de necesidades superiores y el predominio de las ineludibles. Si alguien desea conocer, por razones investigativas o simple curiosidad, como están las cosas en Cuba, basta con conversar con algunos de los que llegan. El horizonte máximo pasa por salir del país y luego, restablecido en cualquier sitio del mundo, regresar a donde salieron cargados de bisuterías para ostentar, ante la miseria de sus compatriotas, la riqueza que no tienen.
Pero el hombre, como conjunto de las relaciones sociales, no cambia de la noche a la mañana. El cambio, que para Von Mises, (…) es una mutación voluntariamente provocada (…) donde se trueca una condición menos deseable por otra más apetecible, se da cuando la persona se orienta hacia lo nuevo sabiendo del alto coste de su decisión. “Cuantía que es igual al valor que se atribuye a la satisfacción de la que es preciso privarse para conseguir el fin propuesto”. Para muchos cubanos, ya sea aquí o en Europa, no parece aplicar tales generalidades. El cambio, según demuestran sus acciones, es desplazarse de un lugar geográfico a otro. En esos sitios intentan preservar los hábitos, usanzas y el día a día del país de origen. Indica la lógica, que las perspectivas gananciales son bajas y las necesidades espirituales se anquilosan en la superficialidad. El referente siempre seguirá siendo el estilo de vida de donde proviene y no las nuevas exigencias, éticas, sociales, y políticas del lugar donde se está.
No estaría de más, si alguien se motivara a curiosear, saber quiénes fueron los actores de aquella batalla campal en el Carnaval de Calle 8. Según las imágenes, todos eran jóvenes y al parecer cubanos. Su reyerta, recordaba las broncas de una cervecera, en cualquier lugar de la isla, o el de una cola por un artículo de valor. Ahí, justamente, en esas acciones se encuentran algunas de las respuestas a las interrogantes sociales acerca de la herencia del castrismo como sistemas político.
El cambio en Cuba pasa por tener en cuenta a estos cubanos. Personas que asumen el valor enfrentándose entre ellos y nunca contra el sistema que les obliga a salir. Todo, porque el valor en la isla también es un patrimonio del castrismo que considera al hombre valiente cuando se orienta, únicamente y de manera incondicional, a defender la revolución hasta morir por ella.
Mirándolo bien, en el intento de ser objetivo y evaluar nuestra realidad, falta mucho por madurar. Lo triste es que el régimen lo sabe y azuza el fuego de nuestras debilidades para que sigamos incinerándonos en él.

Saturday, March 11, 2017

Los viejos buenos, la llave y una ciudad

Los muros que sitiaban las antiguas urbes tenían varias puertas y cerraban a ciertas horas para evitar los ataques de vándalos. Allí, las llaves, justificaban su función. Que una ciudad moderna tenga la suya, suena raro. Sin embargo, ahí están, como un símbolo de cierto valor, convertidos en regalos para homenajear a los personajes del momento. Miami, un lugar que funda su esplendor gracias a los primeros cubanos que llegaron a partir de 1959, entrega su llave con periodicidad. Ahora mismo, Gente de Zona, un dúo muy popular entre jóvenes, que morirá con el tiempo por su mediocridad, recibe el galardón y surge una pregunta. ¿Qué han hecho para merecerla más que un preso político o una heroína que dio su hijo a la causa de la libertad de Cuba?
Miami, es una urbe que se pudre por dentro por lo que recibe de afuera. Para ser exacto, de Cuba (la verdad es desnuda) arriban por montones muchachos (con suerte) que pisan el orgullo de los primeros, a los que llaman malos, adjetivo aprendido en los magisterios revolucionarios de Fidel, con deseos de superar todos los sueños americanos. Es curioso, que no lo pueden ocultar porque el apego mental a los dogmas del castrismo brota a flor de piel, acompañado del lenguaje pernicioso que poseen.
Son los cruzados de estos tiempos. Ignoran la historia de donde vienen y viven y están dispuestos a borrar un pasado que repudian y no les pertenece. Atacan a los buenos y viejos cubanos de la ciudad como si fueran albigenses o cátaros que deben a morir por voluntad expresa de un Rey habanero. La Habana, no se adecúa a la larga y firme verticalidad de la resistencia de estos miamenses. Y aparecen, como por arte de magia, visibilizándose en los medios con orgullo insustancial por la ocasión, los cómplices de siempre. Aquellos que miran a las montañas y sólo ven árboles. Pueden ser alcaldes, comisionados, directivos exitosos o gente de a pie. Todos, por sus entusiasmos ardorosos e incapacidad para medir, confunden las malas intenciones con propuestas buenas. Miami, es una ciudad amenazada por el contagio de quienes imponen, en silencio y a gritos, el estilo de vida del solar, del comité, las federadas y los delatores (perdón, quise decir chivatos)
La isla, ya lo sabemos, vive sin la historia de ayer. En Miami, muchos quieren escribir la de esta ciudad borrando las huellas de los que pisaron antes sus calles. A la vista de todos, actúan, con absoluta impunidad y como perros por sus casas, porque intentan rescindir el último reducto de dignidad que tiene Cuba. Lo hacen para sofocar sus voces en los medios, arrinconarlos en la nostalgia, convencerlos que están equivocados y asegurarles que jamás volverán.
¡Vaya castigo para los que abrieron el camino!

Wednesday, March 8, 2017

El Metiche oficial (La fiesta del Cangrejo) *

Cuba, en fin de cuenta, es un país mágico. Singularidad apropiada para creer en todo lo imaginable, donde lo incierto puede ser certeza y no una mentira o la verdad un disimulo a tiempo. La isla no es una casualidad, como siempre he creído, ni un archipiélago apretado en el mar, entre dos meridianos. Cuba, es una invención perfecta y mal calculada, un obscuro misterio no resuelto y un aprendizaje de lo mismo. Puede ser, lo cual es posible, un manicomio de infantes sujetos al fondo de un hueco sin final intentando llegar a donde partieron. Así impresiona el sitio donde nacimos y queremos morir. Así, para ser más exacto, lo presentan al mundo sus dueños de hoy.

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del generalísimo dictador cubano, un guardaespaldas joven, de linaje imperial y carácter ligero, celoso guardián de las costumbres familiares y de bajo CI, demostraba, con un baile ramplón y desafinado, la magia del país que han robado.  El Cangrejo, así le apodan, convertido en una celebridad, por su torpeza en Paris y su obsesiva pasión por chupar cámara, nos ayuda a entender el país que tenemos. El poder total lo permite todo, demostraba el muchacho desde el escenario, y se ejerce de la mejor manera. Lo suyo no era otra travesura porque atravesara su voz de militar para desentonar a los cantantes de una banda musical. Lo suyo, son mañas aprendidas del clan donde los límites es el cielo. Y estaba feliz el joven guardia porque era su fiesta.


Raulito, no es un simple metiche oficial y sus locuras no son cosas de la edad, sino asunto de estado. Si su tía Mariela, quien convoca jolgorios, gracias al visto bueno de papá, con los homosexuales salidos del closet, lo hace en nombre de la patria, puede que el cangrejo, con su despelote, lo haga también porque el folclor revolucionario es su carnaval.  

* Por sugerencia de mi amigo Edmundo...

Friday, March 3, 2017

Aniversario del libro libre

Un día como hoy, hace 19 años, en mi apartamento B3, Reparto Buena Vista, en Victoria de Las Tunas, fundamos el Proyecto de Bibliotecas Independientes de Cuba. Félix Varela, aquel que nos enseñó a pensar, era el nombre de la primera biblioteca libre. El nacimiento de la iniciativa toma forma después de escuchar las palabras del dictador cubano, Fidel Castro, en la Feria Internacional del libro de La Habana, en 1998, cuando declaraba: En Cuba, no hay libros prohibidos, lo que falta es dinero para comprarlos” Aquella fisura en el sistema, nos permitió inundar a Cuba de libros llegados de muchas partes del mundo y la idea se generalizó, a toda velocidad, hasta convertirse en un espacio para promover la lectura sin censura. Dio la oportunidad a miles de cubanos para acercarse a la obra de autores del patio y extranjeros censurados por el régimen cubano. El alcance de BIC accedió abrir las puertas de cientos de hogares cubanos, que perdieron su intimidad, por ofrecer libros. Leer es crecer, dijo Martí, fue nuestro lema. Las bibliotecas libres son un lugar oportuno para educar mediante la lectura a un pueblo tabulado para vivir en servidumbre por el poder torcido de la ideología total.

Posiblemente, el mejor servicio que he podido ofrecer durante toda mi vida a una causa, y a mi gente en Cuba, ha sido convertirme en promotor de valores democráticos mediante la invitación a leer y a que todo cubano se deje acompañar siempre por los libros. Mi mayor patrimonio en Cuba, después de mis hijos y mis padres, fueron los libros. En Estados Unidos, también lo siguen siendo. A los que me acompañaron en aquellos duros años y a los que en Cuba sostienen la lectura como motor de cambio, FELICIDADES.

Wednesday, March 1, 2017

Algunos apuntes del discurso de Trump


El presidente Trump ha superado una prueba de credibilidad política ante el pueblo estadounidense. Su discurso, en el congreso de la nación, repleto de verdades y sin retoques ideológicos, le permitió mostrar atributos de estadista, meridiana elocuencia, talante  y racionalidad en sus ideas. El inicio no pudo ser mejor. Para ser “políticamente correcto”, se ubicó en el mes de la herencia negra para ofrecer su homenaje al americano de ascendencia africana. Después, a diferencia de Obama, enumeraba los problemas del país y sus posibles correcciones llamando a la unidad de todas las fuerzas en el parlamento. Fue aquí, donde nos dijo que, a pesar de provenir de un mundo diferente al de la mayoría, sabía los problemas de la gente e indicaba las rutas para hacer lo que llama una América mejor.

Los demócratas, en una bancada vestida de blanco y con lazos azules, no pudieron boicotear el discurso del presidente y tuvieron, por vergüenza más de una vez, que aplaudir sus palabras para evitar el juicio moral de sus conciencias. Fueron invitados, varias veces, a compartir la responsabilidad de devolver el lugar que América va perdiendo en el mundo, sin embargo, su respuesta, al discurso de Trump, exhorta al atrincheramiento y a la deslealtad.

La serenidad, el dominio del escenario y el énfasis en lo esencial, mostraban a un presidente convencido y entusiasta. Creativo y reconciliador. Optimista y actualizado sobre la nación y el mundo. El interés por erradicar la violencia en las comunidades jamás había sido tratado con tanta claridad por un mandatario americano. La prioridad en la formación de valores, a través de la escuela, implica un novedoso y necesario cambio en el sistema educativo del país. “La educación, dijo, es el tema de derechos civiles de nuestro tiempo” Y es verdad, más de una vez me he referido a la urgencia de invertir en la educación para superar el retraso cultural de los afroamericanos e inmigrantes latinos. A propósito, pocas horas, antes del discurso en el congreso, Donald Trump se reunía con directivos de Collages y Universidades negra con el ánimo de ofrecerle recursos para mejorar la calidad de esos centros docentes. Sin embargo, los medios, en lucha frontal con el mandatario, destacaron, con una foto como prueba, como una colaboradora suya se arrodillaba sobre un sofá e ignoraban la importancia de aquella reunión.

El discurso de ayer, invita a superar los miedos y el pesimismo. El presidente llama a la unidad para asegurar la vida de quienes vivimos aquí y aleja de todas dudas la construcción de un país caótico y bananero, como suponen algunos. Quienes deseaban gritos de guerra escucharon su llamado a la paz.


La era Trump, se inicia con este discurso. Si en la carrera hacia la Casa Blanca muchos no entendieron su programa, anoche desvistió las páginas de su hoja de ruta.  

Monday, February 27, 2017

Dos notas de prisa.


La maldición Trump.
La noche de entrega de los premios Oscar 2017, convertía al presidente Donald Trump en el mejor protagonista de Hollywood este año. No tuvo necesidad de hacer carrera en la pantalla grande, ni ser tomado de la mano de algún productor, articular palabras de un guión cualquiera o maquillar su apariencia, para salir premiado por la burla de una Academia redimida de talante y desacreditada por los extremos de su militancia. Al final, el chasco del premio a la mejor película, como venganza inevitable o maldición Trump, ubicaba a la industria del cine en una suerte de guión perfecto para llevar a escena el descalabro de su rica tradición.
Muertes que se olvidan.
Ha fallecido en Cuba, el preso político Hamell Santiago Más Hernández. Tenía 45 años de edad y lo mantenían recluido en la prisión habanera Combinado del Este, sin atención médica adecuada. A pesar de no haber sido juzgado, estaba encarcelado desde el pasado 3 de Junio del 2016 en condiciones infrahumanas. Ha sido tan pobre la cobertura de prensa sobre este suceso que todo parece normal dentro de Cuba. La mirada hacia las esquinas oportunas, aquellas donde las conveniencias ofrecen boletos de aviones y hoteles de lujo, canastas con fruslerías regaladas y a precio de gangas, fotos importantes en los parlamentos y premios a burócratas, cambiaron la hoja de ruta y hasta hoy nadie sabe a dónde vamos. Cuba sigue amordazada en la improvisación, en el protagonismo equivocado y en la dependencia (mejor dicho en los favores) de quien quisiera tendernos las manos algún día. Si hoy olvidamos a los muertos, mañana nos quedamos sin historia.

Thursday, February 16, 2017

Dos comentarios de una discusión útil

I Capitalismo brutal y bondades socialistas
La dinámica de nuestra existencia está condicionada por los agentes de influencias políticas, económicas y por actores sociales. Es el poder atribuido a quienes tienen mayor capacidad para impactar a los demás con el influjo cultural y otras herramientas creadas para esos fines. Los instrumentales derivan del desarrollo de las sociedades altamente productivas, como la norteamericana, donde los poderes regularizan las necesidades de la gente. Las llegan, incluso, a crear para inducir dependencias de las mismas y las modifican hasta moldearla al nivel de sus receptores que al consumirlas se desprende de sus individualidades. Es, por su significado, una invasión casi total en la vida privada de los individuos que significativamente, no advierten los puntos de llegadas de esas influencias psicológicas, culturales, de propagandas ideológicas y otros a su entorno de vida. Si esta teoría critica, del hombre unidimensional, es solo aplicable al capitalismo y se no adecúa a la experiencia de los sistemas socialistas que existieron en Europa y Rusia y se mantienen hoy en Cuba, China, Korea del Norte y Viet Nam, hablamos de un simplificación del problema fundamental que es la libertad y del lugar donde mejor se ejerce tal derecho.

II Los medios y el miedo
La confrontación real entre el gobierno democrático y los medios de comunicación en Estados Unidos advierten una peligrosa guerra mediática sin precedente históricos. El poder, aun cuando tiene la capacidad de controlar el orden del conjunto de los ciudadanos del país, es vulnerable a la embestida crítica y a la capacidad de la prensa de presentar versiones de opinión sobre las gestiones del gobierno. Las causas de la confrontación, que pueden ser discutibles por ser diversas y complejas, se resumen, en primer lugar, en el posicionamiento ideológico de las partes. Después, en la radicalización de esas posturas y la capacidad de mantenerlas sin consentir algo positivo en el otro, alejando toda posibilidad de entendimiento para luego, blindar los credos hasta el desgaste de una de las partes enfrentadas. (Los medios no están obligados a rendirse a las exigencias del gobierno, me dijeron. Y es verdad)
La Gran Prensa en Estados Unidos, ha declarado la Guerra al presidente Trump y la respuesta de la Casa Blanca, cuya torpeza es innegable en algunos casos, alimenta el resentimiento de quienes no admiten representación en la administración actual. Justamente, por aquí pasa la gravedad del asunto porque los medios al ejercer la función que le corresponde, por ser independientes, se orientan en la búsqueda de apoyo en sus receptores. Lógicamente necesitan, para tomar ventaja en el pulso con el poder, movilizar, en la opinión y en la actuación conductual, a los sectores críticos de la sociedad, los progres de siempre y a la nueva izquierda intelectual.
Ningún movimiento moderno puede prescindir de los medios. Hoy, los grupos críticos y activos que enfrentan al establishment americano, tienen a la prensa a su disposición. Es algo insólito porque la verdad, que siempre es relativa y cuestionable, pasa por la absolutización y pocas veces es reprobada cuando ciertos medios tienen los créditos de un suceso. La manera que han encontrado los grandes medios para responder a su nuevo desafío, después del descredito del 8 de Noviembre, ha sido juntarse en un bloque solidificado para superar la falta de credibilidad de aquel día. La estrategia es embestir con todo al presidente Trump, figura central de aquella traumática noche para la prensa de Estados Unidos. Al estirar al máximo las cuerdas de la confrontación, se ha tildado al presidente de todo lo peor. De las peores cosas que si dicen contra él es llamarlo fascista y algunos personajes mediáticos, para superar la frustración y el nerviosismo, asustan a la audiencia con un mensaje confuso, superficial y facturado en envolturas ideológicas.

Monday, February 13, 2017

El congreso de Podemos en Madrid

He tomado tiempo este sábado, con parte del Domingo, para ver Vistalegre II, el congreso del partido Podemos, en España. Al fin, he podido salir de mi asombro, antesala del miedo, para evaluar (a toda prisa y con brevedad) aquel espectáculo político. La puesta en escena era un calco de un mitin moscovita, en los días de gloria del socialismo real, en la Unión Soviética. Los organizadores, encontraron también, y no fue casualidad, el esquema de un acto revolucionario en un lugar cualquiera de Cuba donde una canción de Silvio Rodríguez sellaba la jornada.
El congreso podemista era una euforia absoluta, contaminando la racionalidad y sesgando la inteligencia del pueblo español, buscaba encantar las mentes de aquellos que viven en los márgenes de sus fantasías. Puños en alto, consignas a raudales (el sí se puede plagiado a Obama con su Yes we can) discursos estructurados para amedrentar y un baño de esperanza con barniz chavista, componían el espectáculo.
No era el fantasma de Marx recorriendo Europa. Era, el advenimiento de un mesías con melena y nombre de profeta rociado por el aplauso militante de la muchedumbre. ¿La multitud? Ahí, a su lado, buscando las primeras filas, ahogándose en sus propios vítores y soñado alcanzar el poder a cualquier precio.
Son seres estupendos, nos quieren hacer ver, llegados a un mundo sin historia porque la historia son ellos, al menos eso confirman sus palabras. Todo lo anterior, es inmundicia. Olvida Podemos y sus miembros que Moscú está a 41 horas de distancia, vía terrestre y a menos de cinco en avión, que la URSS existió y que el comunismo es un sistema de terror. Quien pudiera estar allí para contarle a ese chico de coleta que en Cuba, la dictadura de los Castro empezó con los mismos discursos, igual entusiasmo y terminó hundiendo al país en la orfandad y la miseria.
!España, aparta de ti a ese Pablo!

Friday, February 10, 2017

El miedo

El miedo, esa dolencia, que según Albert Camus sufriría el siglo XX, parece convertirse en la enfermedad de todos los siglos. Si el temor se elaboraba, casi siempre y no por casualidad, en los que arrogan el poder, hoy intervienen otras variables de autoridad. Es una mutación sostenible en el dinamismo político y de las confrontaciones ideológicas, cuyos cimientos se instituyen, dicen sus doctrinarios, en las desigualdades sociales, la distribución abusiva de la riqueza a favor de los ricos y la vulnerabilidad de los pobres. Existen muchas más motivaciones. Todas cuantos puedan invertirse para revertir la balanza a favor del gramscismo militante. Resulta, y a nadie debe sorprender, que utilizan el miedo como un arma de combate. Ligada indiscutiblemente al ideario de Gramsci, su pilar teórico, que actúa arteramente en cualquier escenario de discusión libre. Terreno donde puntean con sus argumentos y sus estructurados discursos de academia. En el fondo, cada palabra, gesto, ejemplos que utilizan, comparaciones y los pronósticos, animan la desconfianza con el presente y auguran el caos para mañana. Al final, como suele ocurrir con los astutos, presentan su alternativa de bien para movilizar las conciencias apagadas y convertirla en turba maliciosa que rompen McDonald y Starbucks

Sunday, January 22, 2017

Trump, las barricadas y el populismo.

Donald Trump llega a la presidencia de Estados Unidos atrapado por unas manifestaciones globales en su contra, por el pesimismo de los que auguran su fracaso, con una nación ideológicamente dividida y, sabiendo a conciencia, que no la tiene fácil porque, expeditamente, y por primera vez en la historia, un presidente americano parece ser el mandatario del mundo. No es un tremendismo impensado, ni un examen hecho de prisa y, mucho menos, un cálculo auspiciado por la improvisación.
Las manifestaciones en Sídney, Berlín, Londres, Washington y otras grandes ciudades de la tierra demuestran que los ciudadanos de todas latitudes asumen a Estados Unidos como un gran país que gravita, quiéranlos o no, sobre ellos. Sus fronteras parecen tener inicio, también comienzo, en las propias orillas del continente americano. La globalización, que acerca más a los pueblos, pasa por las ideologías también, gracias al desarrollo tecnológico y a las nuevas inventivas del hombre. Sin embargo, esta oleada mundial anti Trump, consigue polarizar el caldeado ambiente filosófico, posicionando a la izquierda radical en abanderada de un liderazgo alternativo al orden democrático tradicional. Tal posibilidad parece remota de alcanzar si sus métodos pasan por la violencia demostrada en estos días en las calles y por exteriorizar a la hoz, al martillo y a Che Guevara como símbolo de sus aspiraciones.
Este escenario es difícil para el presidente Trump, que antes de gobernar ha comenzado a ser observado por un lente escrutador que no da margen al mínimo error. Tal vez, porque en política nada está escrito, esos eventos compelan a una buena administración si, tal como se muestran en las imágenes de inconformidad, el mundo también quiere una América mejor.
Parece que estas manifestaciones mundiales tratan de advertirle a Trump que una coriza en Washington, por el efecto en cadena que produce lo bueno o malo en Estados Unidos, es un grave catarro para esos países y sus pueblos. El pronóstico calamitoso que auguran a la nueva administración no es cierto cuando todavía no se ha iniciado el largo recorrido de cuatro años (pueden ser ocho) de la era Trump.
Las mayores dificultades, que indudablemente encontrará el presidente desde el primer día en la Casa Blanca, pasan por la acritud de sus adversarios en el partido demócrata y de una prensa que se alista para intentar lincharlo políticamente a toda costa. Si los medios son, como realmente es, el cuarto poder se dejará sentir como nunca antes para bombardear los flancos débiles del mandatario y activar en su contra las críticas de la ciudadanía.
Los intelectuales gramscistas, los progres enfurecidos, los inconformes de todos lados (herederos del guevarismo como alternativa) y la resistencia militante del radicalismo de izquierda, se han adelantado al presidente Trump construyendo el primer muro. Es una muralla ideológica, por demás infranqueable, y resistente al reconocimiento de su derrota y está dispuesta a mover los hilos de la intriga, la subversión, el fatalismo y la desconfianza para entorpecer cualquier cosa que venga de la Casa Blanca.
Realmente, es complejo el escenario que le espera a Trump. Por una parte, le favorece saber por dónde lanzan piedras sus enemigos pero, existirá un andurrial partidista y mediático muy obscuro asechando para golpear e intentar despojarlo de su autoridad nacional.
La polémica sobre el populismo, atribuido a Donald Trump, cuando dijo: la ceremonia de hoy tiene un significado muy especial, porque hoy no solo transferimos el poder de un gobierno a otro o de un partido a otro, sino que transferimos el poder de Washington DC y lo devolvemos a ustedes, al pueblo, tiene en sus críticos, un grave error conceptual y de ilustración política acerca de las verdaderas sociedades democráticas. La democracia, como forma de organización social, política y económica, tributa la titularidad del poder a los ciudadanos, donde las grandes decisiones colectivas se adoptan por el pueblo a través de mecanismos de participación que dan poderes a sus representantes en las instituciones políticas del estado. Eso son los pilares fundacionales del sistema democrático y solo pierde su transversalidad cuando ocurre a la inversa. Entonces, esas definiciones y las propias palabras del presidente, contradicen las interpretaciones de los críticos, cuando tildan de populista a quien intenta darle la alineación correcta que necesita el modelo democrático.
Los populismos (desde Mussolini y Hitler hasta llegar a Castro y Chavez) conceptualizaban la verdadera democracia como el poder del pueblo en la sociedad. Sin embargo, luego negaban el derecho de participación libre a los ciudadanos en sus respectivos países. Esa aberrante definición, además, de falsa e improbable, si se acomoda al discurso populista del extremismo descarriado que algunos tratan, sin obvias razones, de aparentar con el discurso del presidente Trump en su juramentación.
No me asiste, al expresar libremente mis opiniones, una afiliación militante e inmovilidad de credo, con incondicionalidad incluida, hacia la nueva administración, como algunos aseguran. No, se trata de un axioma perdurable y simple que asegura: lo mejor para juzgar las acciones de una persona es el tiempo y sus obras. Si mañana, desde la Casa Blanca, se formula el error, ahí estaré para asumirlo en el papel con dureza y críticas. Ruego a Dios, por mi propio bien y el de los demás, que no sea así.