Wednesday, May 17, 2017

El olvido

En Cuba, cuando nos tocó vivir al lado de un criminal, y cuando éste pasaba a nuestro lado e intentamos acortar nuestros pasos para no ignorarlo, creíamos que eran mentiras sus crímenes. Después, con el pasar de los días, la coincidencia con el tipo en el mercado, en una cola cualquiera y hasta en un trabajo voluntario, lo hicimos tan parecido a nosotros que su historia delincuencial quedaba enterrada en el olvido. El otro, el que fue a todas las guerras de África, cuando regresó tuvo siete días de gloria. La cuadra se movilizaba para saludarle como el héroe que había sido y el recién llegado contaba historia de combates, emboscadas, peleas con leones a cada vecino. Como eran tantas, olvidaba algunos sucesos y luego lo achacaba al efecto devastador que la guerra deja en los supervivientes. La gente, acostumbrada a entenderlo todo, olvidó esas historias y el protagonista, cuando ya los angolanos, etíopes o sudafricanos, no necesitaban sacrificios antillanos, se acostumbró a vivir su presente para olvidar su pasado.

Una maestra, que había dedicado 20 años a educar infantes, encuentra en la apertura de la divisa un camino abierto. Tenía su belleza intacta a los cuarenta. Suficiente para seducir a un viajero italiano sediento de amor puro y sin infecciones. Se fue a Italia. Allí, cuando le preguntaban sobre su vida olvidó que enseñaba a los niños canciones del Che. En unas vacaciones suyas a la isla, cuando las apariencias y los cosméticos europeos la hicieron más joven, unos alumnos, ya adolescentes, le llamaron maestra y ella, sin inmutarse, prefirió decirles: no recuerdo que fueran mis alumnos.
El presidente del cdr, el mismo que cumplía la orden de vigilar a los disidentes, se convirtió en el más afectuoso de todos los vecinos en el barrio. Fue de repente, tomando a todos por sorpresa, cuando perdió su puesto en una bodega. Ahora, mira al otro lado para no percatarse del delito, compra carne de res en el mercado negro y no paga la cuota mensual que antes exigía. Todos olvidaron los males que hizo a la comunidad. Sin embargo, el bodeguero tiene su olvido y fue diferente, pero intencional. Pudo, hasta lograrlo, enterrar toda su vida anterior y en la última autobiografía que escribió no menciona su pasado de chivato en el comité.


De los olvidos, el peor es el colectivo. El que pasa por millones de personas que miran confusos a la obscuridad como si se tratara de una noche demasiado larga. El del doctor Eduardo Cardet, líder del Movimiento Cristiano Liberación, está en prisión injusta, es lamentable que lo hayamos olvidado. Dirán algunos, al leer esta notas, estamos ocupados en otros asunto de suma importancia. Y es ahí el error. Recordar a un hombre en la cárcel tiene más prioridad que contar mil historias a personas que no escuchan. Creo, que la memoria del pueblo cubano es un retal tan frágil que se enturbia por sus circunstancias.

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