Saturday, December 1, 2018

Carta al Presidente de España


Mississippi, 1 de diciembre de 2018

Doctor Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España
La Moncloa, Madrid.
España.

Doctor Sánchez, mi nombre es Ramón Humberto Colás. Soy cubano. Vivo exiliado, como millones de cubanos y me inquieta la tragedia nacional que viven mis compatriotas en Cuba. Justamente, esta carta va dirigida a usted para expresarle mi inquietud sobre algunos asuntos relacionados a su persona y mi patria.

Recientemente Ud. ha visitado mi país. Fue un breve viaje que nada tiene de simbólico, pero si tiene mucho de realismo porque sus ideas, por lo visto y declarado en La Habana, convergen en una orientación tan próxima al de la dictadura cubana, que confunde al que ignore a España como una democracia moderna. 

Nos impresionó a muchos, incluso a españoles amigos míos, la normalidad y el derroche de afectos que compartía con un dictador. Por ahí debiéramos empezar. Ya Ud. me dirá, por definición de filosofía política, que una dictadura es una forma de gobierno. Eso es verdad, pero a ese régimen político es correcto llamarle dictadura porque está fundado sobre el poder de una persona sin limitaciones para ejercer el control de toda la sociedad. La tiranía cubana no difiere, en esencia y en ciertas formas, del franquismo que Ud. tanto odia. Con la diferencia que Franco dejaba intersticios de oportunidades en áreas como la economía y la iniciativa privada. En cambio, en la isla, el centralismo militante de la ideología en la vida económica y social, la imposición del dogmatismo marxista, al mejor estilo de Josef Stalin, han extendido la miseria en todo el territorio nacional, sin que ello les advierta, a la casta política y a sus familiares, el camino incorrecto por donde transita el país.

Hablaba Ud. de reformismo en nuestro archipiélago. Nos presentaba al señor Díaz Canel como un reformista entusiasta y comprometido en llevar a Cuba por mejores rutas. Sepa, doctor Sánchez, que para una dictadura comunista, como la cubana, reforma significa corregir, consolidar y hacer más socialismo. Así lo expresan cada día ellos mismos para seguir atemorizando a mis compatriotas hasta paralizar cualquier iniciativa democrática.

El rostro amable del nuevo “presidente” (que ningún cubano eligió en las urnas y posee esa responsabilidad por su incondicionalidad a los hermanos Castro) es el fantoche político por excelencia que probará interpretar las ideas revolucionarias del castrismo sin separase un centímetro del guion original. No hay cantos de sirenas a la vista. Ni nos aproximamos a una rectificación por parte del régimen por el daño causado a uno de los pueblos más nobles e inteligentes de la tierra. La insistencia por gobernar con mano dura y despiadada alevosía se justifica por los beneficios que obtienen desde la cima del poder. Cuba es propiedad de los Castro y ahora tiene nuevos capataces para mostrar al mundo que su voracidad tiene una pausa simbólica.

Sepa, doctor Sánchez, que los cubanos siempre hemos estado muy cerca de España. Lazos de afectos, familiares y emocionales nos unen desde hace siglos a pesar del abominable crimen de la esclavitud y el pillaje del colonialismo español. Sin embargo, mis compatriotas de hoy, aquellos que luchan intramuros contra la dictadura cubana o en diferentes barricadas en el mundo, no olvidaremos su complicidad con quienes limitan el derecho sagrado de los cubanos a la libertad.

Usted favorece al régimen cubano internacionalmente. Se ve como aprovecha la condición de España, como puerta a Europa, para alivianar el peso de las sanciones de las democracias europeas contra el estado cubano. Es inmoral mirar al otro lado y no darle apoyo a los opositores por favorecer a sus compinches ideológicos. No es ético, tratándose del presidente de una democracia moderna, profundizar los intereses comerciales de un empresariado español que no oculta sus ribetes de racistas y da oxígeno al castrismo para, obviamente, extender en el tiempo esta pesadilla en nuestro país.

Le vi reunido con supuestos representantes de la sociedad civil cubana. ¿Le ha preguntado usted, cuántos de ellos son independientes del poder político? ¿Por qué consagran sus esfuerzos en fortalecer el sistema sin permitir que otros (los verdaderos independientes) sostengan proyectos viables para beneficio de los cubanos? ¿Qué motivaciones tienen para convertirse en turbas violentas y atacar a quienes no piensan como ellos? ¿Hasta dónde llega su impacto en el conjunto de la sociedad cubana cuando interpretan el mismo rol de la dictadura? Usted ha perdido la oportunidad de conocer a la verdadera Cuba. Esa que tiene grandes frustraciones, la que se escapa arriesgando su vida, la que se prostituye por fruslerías y la que se paraliza por la represión y el miedo cerval infundido por quienes le recibieron. La Habana no se puede, porque es imposible, conocerla en un paseo, por su parte restaurada, en tan solo treinta minutos. La capital cubana es un crisol humano. Un espacio habitado por personas ingeniosas que han perdido toda esperanza. Que ven caer a sus pies a una ciudad que antes la llegada de Castro al poder era considerada una de las más influyentes de América. Sin embargo, hoy parece una capital bombardeada por el abandono y sus ruinas, cotidiana en fin, son responsabilidad única de la nomenclatura que le sirvió de anfitrión.

Usted, doctor Sánchez, pudo haber conocido a Cuba y a La Habana, si el valor, reservado a la dignidad y el decoro, le hubiera acompañado. Los opositores a la dictadura tienen una visión diferente de la realidad cubana. Son quienes mejor pudieron exponérsela y desnudarla en su interior. Sin embargo, Ud. optó por hacer valer la versión de quienes violan los derechos humanos y cercenan libertades. Los opositores le hubieran presentado a un médico preso, el doctor Eduardo Cardet, sus proyectos de cambios, las heridas del castrismo, los testimonios ensangrentados de quienes han sufrido cárceles, torturas, acosos y represiones. La versión de los oposicionistas retrata al cubano de a pie porque son ellos mismos.

Observo, señor presidente, como desde cualquier rincón de España se advierte una fascinación por Cuba. Si alguien sabe que la isla es una nación fascinante son los españoles. Sin embargo, ese encanto permite mirar a mi país con una superficialidad enfermiza. Los políticos, lo hacen desde el prisma del régimen confundiendo, por prematura ignorancia, a la nación con Castro. Llegan a enamorarse de los que mandan y aquellos representantes del ciudadano español no muestra la misma preocupación si se trata de un cubano. Ya lo sé, doctor Sánchez. Es culpa de una propaganda holista, fulera y sutil que les ha contaminado tanto hasta percibir con buenos ojos a la última dictadura de occidente. A usted y a otros políticos de su país los veo y los escucho hablar de los trabajadores y como se convierten de paladines y defensores de sus derechos. ¿Si son hermanos ideológicos de las masas trabajadoras porque no la tuvo en el centro de su misión en La Habana? También lo sé, no se puede incomodar al régimen, el dialogo y el talante político (palabras de Zapatero) son las armas adecuadas para tratar con Cuba. La dictadura cubana habla con todo el mundo, menos con su pueblo y eso desnuda parte de su naturaleza punible. 
     
Dijo usted, para elevar el tono de la presunción de genio, que su visita fue histórica. Es poco creíble. Tal vez, demasiado exagerada. La historia no se hace sin los pueblos. Aquel que visite Cuba, como Ud. acaba de hacer para dar preferencia a la tiranía, y reniegue a su pueblo, no puede ser parte de la historia.

¡ANIMO!

Ramón Colás

      
   
   

Saturday, November 17, 2018

Diagnóstico de un economista



“Los economistas son los galenos de la sociedad” afirmaba un amigo,  profesional de esta ciencia, después de un viaje a la Cuba profunda. Fue acompañado de dos estadounidenses, tan cultos él, y no tenía la intención de hacer un diagnóstico de aquella sociedad insular. Sin embargo, una vez allí, el entorno lo envuelve todo y esa magia tropical contagia al hombre ilustrado y le permite hacer interrogantes. Se impuso conocer aquel fenómeno visible y medir el grado de profundidad de la revolución entre los cubanos.
Fue afortunado. Pudo hablar con los viejos amigos (intelectuales como él) obviamente, con la familia, los vecinos del barrio y con figuras importantes conectadas al poder. De todas sus observaciones la más trascendente, al menos para mí, fue que el pueblo se expresa con cierta libertad en cualquier parte. “Han comenzado a perder el miedo y esas manifestación de inconformidad es lo que debe contar porque se trata de la gente mi hermano” – me dijo. La inquietud de las personas con quien pudo hablar, no gravitaba solamente en irse o quedarse, sino en que el sistema cambie. Saben que el país es potencialmente rico para prosperar. “Cuba es una nación virgen para los intelectuales y los emprendedores porque todo está por hacer”- asegura. Las aperturas mínimas (teléfonos celulares o Internet) son ventanas aprovechables y ahora las fronteras de la isla son más amplias. Eso obliga al régimen a la articulación de un alegato ajustable a la realidad del pueblo. Las píldoras paliativas aplicadas en los placebos del discurso oficial tienen voces críticas en cualquier orilla del país y los ecos de la misma llegan a cualquier parte del mundo.
Existen pugnas en el poder. El Tuerto, así le dicen al hijo de Raúl Castro, pugnaba por ser el eje de la continuidad. Sin embargo, no contaba con el respaldo de los viejos generales y los históricos comandantes de la revolución. Su padre lo ubica, respondiéndoles a los detractores del chamaco, en una esquina de la jerarquía donde controla a todos, incluso aquellos que le detestan. La contrainteligencia militar en la isla tiene el poder ilimitado. El recorrido de Alejandro Castro Espín, al frente de los servicios de inteligencia militar, no ha sido una cuña donde pudiera estar a salvo. Actualmente se dice, y nadie sabe porque, que el coronel Castro Espín está en baja. Sin embargo, su hermana Mariela, cuyas ambiciones para presidenta son obvias y cuajan con rapidez, ha comenzado a construir el camino hacia esos peldaños. La Mariela cree tener un atractivo para llegar a la cima. Es mujer y eso le concedería un gran respaldo en una sociedad machista y marcada por una historia política de hombres duros. Internacionalmente es conocida como aperturista por la defensa que hace de los homosexuales y tal. El aval de Mariela sostiene una continuidad por debajo de la mesa. Ella pulsa el funcionamiento del sistema desde una retórica aparentemente novedosa que adhiere simpatía de todos los lados.
Los generales todos son ricos. Después de expoliar al sufrido pueblo de Cuba se han dado cuenta que disfrutan a media ese caudal. Necesitan más. Es decir espacio para gastar su fortuna. Ya sea comprándose una mega yate, un trozo de isla en los archipiélagos del norte, construirse una enorme mansión en zonas exclusivas y sin explotar o viajar el mundo en sus propios jet privado. Cuba le resulta pequeña. En ese orden de cosa, se desprende por las conversaciones que sostuvo el economista, que en el fondo quisieran “cambiar” el sistema. Además, se hacen viejos capataces rodeado de las mismas experiencias y al parecer eso les agota. Cambiar no implica renunciar a la gloria que han vivido. No. Se trata de una nueva arquitectura de flexibilidad (al estilo ruso) donde los oligarcas provienen del poder y nadie le cuestiona sus inversiones millonarias en la vida económica de aquel país.
El racismo le inquieta. Los negros pocos ilustrado están en el lugar de siempre. Los mulaticos miran su lado claro y reniegan sus ancestros africanos. Considera, con justa razón, que el sistema de supremacía blanca que se impuso en Cuba desde la colonia está intacto. Prevalece porque la elite revolucionaria de Fidel Castro fue, es, y por lo que indica la realidad, será blanca. Castro negó la discusión sobre relaciones raciales indicando que su revolución había enterrado para siempre el crimen del racismo. Sin embargo, es gran mentira, como tantas otras, son visibles en la isla. Los negros viven en las peores casas, son minorías en los negocios privados, pocos visualizados en la nomenklatura y aquellos cuentapropistas de mayores éxitos no emplean a personas de piel oscura. La justificación es simple y racional. Se trata de un negocio familiar de personas blancas. Las conclusiones del economista sobre el tema es contundente: el desmantelamiento del sistema de supremacía blanca es el primer paso para construir un país integrado. Integración capaz de movilizar a lo mejor del alma nacional porque la inteligencia es sobrada en todos los componentes raciales en Cuba.   
Lo predecible es, decía con cierto optimismo, la inevitabilidad del cambio aunque no se sabe el momento justo cuando ha de llegar. Y es comprensible, los nuevos rostros en el poder, aunque intenten interpretar puntualmente el imaginario de los Castros, no son los mismos. No pueden ser iguales.
Finalmente, me hablaba de los retos y de las amenazas reales para el futuro. Los que están viviendo mal hoy, vivirán mal mañana. Los que más tienen en este momento, tendrán mucho más al siguiente día. Estos últimos están preparados y tiene las conexiones con los capataces de hoy y se preparan para construirlas con los que vengan. Cuba está por vivir sus peores momentos y son aquellos que van desde la desaparición del castrismo hasta la instauración de una estabilidad política. El riesgo de una encarnizada violencia entre cubanos, si llega a producirse, será cuando los expoliadores del pueblo se resistan a perder sus privilegios y se blinden hasta los dientes para preservar, a mordiscos, los favores del régimen. La alevosía del castrismo se verá venir.     

Saturday, November 10, 2018


Socialismo a la vista

Las pasadas elecciones en Estados Unidos dejan ver, en el mapa político nacional, a un país dividido por la crispación y el enfrentamiento ideológico. Impresiona, el avance de las ideas socialistas y con ello el asentamiento de un imaginario de igualdad en la conciencia colectiva. Un sector importante del pueblo americano (sobre todos jóvenes) se ha enamorado de la palabra cambio y del "Yes we can". El slogan utilizado por Barack Obama, en su campaña a la Casa Blanca en el 2008, resucita el entusiasmo de aquellos, que por sus convicciones revolucionarias, recelos y el odio a los valores democraticos, están seguros de cambiar el estatus histórico de esta nación.

La encarnizada lucha por la gobernación de la Florida, entre republicanos y demócratas, ilustra la profundidad del socialismo entre los habitantes de aquí. Andrew Gillum, declarado abiertamente socialista, diagnosticaba, con los resultados obtenidos, la temperatura de la ideología que defiende. Y lo que asusta son los modismos. Esa tendencia a tatuarse en la mente lo que mejor suena y agrada a la juventud. Se debe estar alerta porque la ingenuidad americana no es capaz de advertir que en cada cuadra, en la sala contigua de cualquier oficina, en las aulas universitarias y en los medios, se procrea el mismo fantasma que azotaría a Europa.

En Estados Unidos se demuestra, cada día y a cada hora, que el socialismo nunca murió y, lo peor, que nunca fue herido de muerte. La desaparición de la URSS fue un ensayo, diría Marx, para corregir las variantes estratégicas que inclinen a su favor la lucha por la liberación de los pueblos. Como la acción armada no cuaja, el ideario de Gramsci, aquel lisiado de mente brillante y retorcidas ideas, es perfectamente adecuado para producir el efecto a favor de un sistema socialista mundial. Y su apuesta es por ello. Basta con que caiga Estados Unidos para que el mundo sea tan rojo como la sangre que harán derramar a quienes se les enfrenten.


Tuesday, October 16, 2018

El Doctor Sánchez se alista para visitar Cuba.

El “doctor” Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, viajará a Cuba en la segunda quincena de Noviembre. Es un viaje apresurado y conveniente para este señor, si tomamos en cuenta las circunstancias que llevaron al líder socialista a la Moncloa. Pocas visitas oficiales se fraguan en tan breve tiempo. También está motivado por la invitación de Díaz Canel, cuando ambos se encontraron en New York hace unas pocas semanas atrás. El Dr. Sánchez, un socialista afín al marxismo de Podemos y Pablo Iglesias, es digno de estudio. Su cara habla por él. A primera vista, se le ve comprimiendo el odio contra todo lo diferente a su imaginario político. Es rabioso y no puede esconder su desanimo cuando algo funciona al revés a su credo. Es un tipo que asusta, a pesar de su juventud, porque ambiciona el poder de manera feroz. Además, por lo visto, no tiene escrúpulos para nadar contra corriente y para decir NO aunque cueste el hundimiento de la barca. Yo no vino en España, pero leo las noticias en los diarios de allí, veo los noticiarios internacionales y las opiniones de los expertos. En ello descubro el retrato de un hombre aferrado a cambiar la historia por decreto y a buscar alianzas con quienes desean hacer mil pedazos de la España grande, que al día de hoy no parece eterna. Creo ver en su rostro -que habla por él- a la estirpe castrada del comunista real, camuflado detrás de las cortinas democráticas y la formalidad parlamentaria, reinventándose en un siglo convulso y confuso, donde golpear es válido y al precio que sea. ¿Qué hará en Cuba? Legitimar a la dictadura, congratularse con haber pisado la tierra de algún antepasado y aspirar a la gloria de un déspota caribeño. A defender los intereses económicos de los españoles que no quieren negros en sus negocios, pero si multas en sus camas. Y a conquistar, de eso si estoy seguro, el agrado de la élite castrista por convertirse en facilitador del reconocimiento en la Unión Europea a la última dictadura de occidente.

Sunday, October 14, 2018

La felicidad

Si, por ejemplo, pudiera estar en un lugar, donde la felicidad fuera abundante, mencionaría a Cuba. Me atrevería, como lo he hecho siempre, a criticar el goce desmedido de los que van allí para luego presentarnos acá a un país idílico y saturado de júbilo. Donde, al parecer, antes la mirada ingenua del visitante, no aparece la miseria, la falta de libertades y el fantasma del miedo cerval. No llevaría medallas en mi cuello o panfletos edulcorados de firmas importantes. Ni ostentaría de nada. Contrario aquel que alquila prendas de valor para valorarse como superiores antes su familia y los vecinos miserables del barrio pobre donde nada ha cambiado. Arribaría con muchísimas ganas de mostrar que el mundo fui pisado por mí y que en sus esquinas nunca encontré el agravio. Que el paraíso no pasa por una dictadura y mucho menos por la esclavitud. Que la libertad es un don tan preciado que todavía en pleno Siglo XXI hay personas muriendo por ser libres. Ilustraría un catálogo de sitios inhóspitos, catedrales antiguas y murallas perdidas entre las raíces salvajes de un bosque inexplorable. Contaría que París no es solo una ciudad, sino un arcoíris de colores y que es Estocolmo no siempre es tan frío. Después, siguiendo el guion ajustado al invento o al delirio, comentaría los encantos de los fiordos y la tranquilidad del rio Voltava y los peligros de Beirut. Pocos me creerían porque muchas personas allí están ocupadas en sus quehaceres indoctos y sus fronteras son los sitios donde alcanzan a escuchar el grito del vecino. La mayor parte de la gente quiere escuchar las historias de la abundancia y el derroche del capitalismo. Lo importante es el cash, la moneda verde o una pacotilla de la yuma para exhibir el éxito de los que se van. 
No exagero, nunca lo hago, pero esta vez, como tantas otras, no me avergüenzo de no poder estar en ese sitio de felicidad abundante. Alguien me criticaba por tanta dureza conmigo mismo. Por irracional y tonto. Por la obcecación y sandez. “Vete a Cuba es gozar de lo bueno”, me sugería un gringo (no tan viejo) que estuvo allí y aprehendió los placeres más grandes de su vida. “En Cuba emborracharse es lo mejor. Es único e irrepetible y nadie te mira mal. Todo es fiesta. Un carnaval perpetuo… una feria.” Y parece verdad, porque aquellos que creen en los auspicios del horóscopo, lo sublime se alcanza en esa isla del trópico. 
Un barcelonés, frustrado con su identidad, viajó a Cuba enamorado del país y al regresar se daba cuenta que su fascinación no era aquel trozo de tierra, sino una mulata santiaguera. Se hizo pasar por rico con dos mil euros en el bolsillo. Nadie advirtió en sus manos, de constructor barato, las callosidades perpetuas, ni en su rostro las arrugas del sol mediterráneo. Sin embargo, contaba de sus travesías por el norte africano, de sus viajes a Kenia y las matanzas de leones en las planicies eternas del África austral. Llevaba cadena de oro de pocos quilates y un reloj automático comprado en un mercado de segunda. Las putas (aunque nos avergüence) y sus parientes lo acogieron como a un Dios. Como al ilustre visitante llegado de Europa donde todo es mejor. Tuvo sus días de gloria aquella vez. Regresaba a su país e invitaba a todos sus amigos a visitar la isla. “Qué país, que mujeres macho,(…) allí todo es bueno” – decía con cierta arrogancia. Las anécdotas eran tan triviales como la vida misma de la gente en Cuba. Y creyó que el paraíso y la felicidad pasa por dormir con tres mujeres -una por noche- o sentirse más importante que los hombres de allí. Nadie le habló de un libro de Arenas, Zoé o Cabrera Infantes. Tampoco de Leví Marrero o Moreno Marginal. Menos del son y la guaracha o de la canchánchara mambisa. La verdadera historia, las tradiciones y los valores visibles de nuestra cubanía languidecen y nunca son contadas a nadie. ¡Qué poco importa! Sin embargo, regresaba cargado de los últimos éxitos del reguetón y algunas postales de la parte restauradas de la capital. También de sus playas. Y algunos videos de su intimidad con el rostro perpetuo de placidez de aquellas mujeres desgraciadas que le hicieron creer que Cuba es la arcadia de la felicidad.

Wednesday, October 3, 2018

Open Letter to Robert De Niro


Mr. Robert De Niro:

Richard Fisch wrote: “The unattainability of a utopia is a pseudoproblem, but the suffering it entails is very real.” I borrow these works to address the last part of the statement with you; the part that refers to real suffering. I do so on my own and with no pretensions whatsoever because of my astonishment upon having seen you paying tribute to the representative of dictatorship that has been in power for sixty year. In addition, there are thousands of Cubans who were also shocked at seeing you, a world known celebrity in the world of film, supporting a regime that oppresses its people and denies them their freedom. And yes, Mr. De Niro, there is extended suffering at the very soul and core of the Cuban nation and those responsible for this take pictures of themselves with you with total impunity. Those who remained behind suffer, as do those of us who left, and even those just being born. They too bear the burden of a certain anxiety upon arriving into a world where they nothing any different from the suffering of their parents and grandparents.

The Cuban dictatorship is like the Mafia, although it does not move about in secrecy. It functions just like a criminal organization when it flexes its power through force, violence, crime, prison and exile. Sir, you who have played Mafia roles in films should easily be able to understand what I am saying to you now, and the gravity of the issue in which you are now implicated due to your complicity. Perhaps, since anything is possible, you do not know about reality in Cuba or have come to believe the propaganda spread by their mouthpieces there and elsewhere. The revolution is glorified and even presented as a possible and necessary model for improving the lives of peoples around the world, but that is not true. If it were, if you have been so convinced that you have come to believe that Cuba is an example, ask those who spread that information what is going on in Cuba regarding human rights, how many prisons the dictatorship has built, how many Cubans have left for any where in the world after 1959 how many died and are dying trying to leave the island? Just to erase your doubts, look into how many people have been imprisoned for distributing books, engaging in independent journalism, organizing outside official parameters, or criticizing Fidel Castro.

On June 11, 2018, you publicly criticized the Cuban president from Toronto, Canada. The news of it went viral. To my knowledge, no one took revenge on you nor did you suffer any reprisal after that. Nor were you fired from your job. No one will block any of your film contracts. I doubt you are being watched or harassed by the police, or have you been deemed a person dangerous to the nation’s security. If those very same declarations had been made by a Cuban artist, the result would be quite different: that person would be declared persona non grata and become an excludable right after saying his or her very last word. For the Cuban dictatorship, ideas are dangerous and thus imprisoned. They are also killed.

The national history of our country has a very dark chapter that was written by Castro when he ordered the execution by firing squad of his leading political adversaries and authorities from prior to the dictatorship being established. They would be executed on live television so that the terror could be spread to the masses and that way paralyze ideals and dissenting voices regarding freedom for the people. Clearly, you have not heard about this. I am certain that you know nothing about the sinking of the tugboat called 13 de marzo, on July 13, 1994. It was a small vessel with 70 people on board who were trying to cross the Straits to Florida’s shores. It was intercepted seven miles from the Cuban coast by State Security’s elite forces Fidel Castro gave them express orders to sink it. Forty-one people lost their lives, including 10 children who today unwilling rest on the ocean floor. How repugnant might this crime have been had it been committed by Augusto Pinochet in Chile, or Jorge Rafael Videla in Argentina?

Dictatorships are dictatorships: their ideology does not matter. Being a left-wing dictator seems to be a luxurious commodity that seduces some Hollywood stars. And it definitely fascinates a group of artists and intellectuals who are in New York with you and the representative of the only dictatorship in the Western hemisphere. You have stretched your hand out to shake the hand of the person the Cuban people did not elect. He was directly named: this action is entirely a Cuban communist strategy to ensure the continuity of the Cuban communism, after the death of its historical leaders.

Mr. De Niro: history will always judge our acts and condemn those that have been despicable. Do not doubt it: you will face a moral trial will surely be found guilty for your complicity. I invite you to become interested and discover the truth about the revolution you support today. You still have time to wash off your stains and earn acknowledgment of those who have suffered serious wounds from Castroism. Do not delay. Your moral health needs it.

As for myself, I will continue watching your films. It is most definitely the case that the roles you play have no connection with your life. Yet, I will feel ashamed for and with you when I remember, lamentably, that you have put yourself on the side of those who repress my people.

COURAGE!

Ramón Humberto 
Colás  

Saturday, September 29, 2018

Carta abierta a Robert de Niro


Señor Robert De Niro.

“La índole de una utopía constituye un pseudo problema, pero el sufrimiento a que da lugar es muy real” escribía Richard Fisch. Tomo estas palabras para exponerle la última parte. Aquella que se refiere al sufrimiento real. Lo hago, a título personal y sin pretensiones algunas, ante el asombro que me produce haberlo visto rindiéndole homenaje al representante de una dictadura de sesenta años en el poder. Son miles, -además, razones tienen para ello- los cubanos asombrados cuando lo ven a usted, una personalidad del cine mundial, respaldando a quien oprime a un pueblo y le niega su libertad. Y es verdad, señor De Niro, hay un sufrimiento extendido en lo profundo del alma de la nación cubana y los responsables se fotografían a su lado con absoluta impunidad. Sufren los que se han quedado, los que nos fuimos y aquellos que van naciendo, portan también cierta ansiedad, porque al llegar a la vida no encuentran algo diferente al sufrimiento de sus padres y abuelos.

La dictadura cubana es como la mafia, aunque ésta no se mueve en la clandestinidad. Funciona igual a esa organización criminal cuando ejerce su poder mediante la fuerza, la violencia, el crimen, la prisión y el destierro. Usted, que ha interpretado papeles de mafioso puede entenderme ahora con facilidad y comprender, si eso fuera posible, la gravedad del asunto que lo salpica a usted en la complicidad. Tal vez, porque todo es posible, usted ignore la realidad cubana o ha llegado a creer la propaganda de sus agoreros acá y de otras partes. Se glorifica a la revolución hasta exponerla como la vía posible y necesaria para ofrecerles una mejor vida a los pueblos del mundo, pero eso no es verdad. Si así fuera, si a usted lo han convencido hasta llegar a creer que Cuba es un ejemplo, pregunte a quienes les distribuyen esa información ¿qué ocurre en la isla  con los derechos humanos, cuantas cárceles ha creado la dictadura, cuántos cubanos se han ido a cualquier parte del mundo después de 1959, cuántos murieron y mueren intentando salir de allí? Para evacuar sus dudas, investigue cuántas personas han sido encarcelas por distribuir libros, ejercer el periodismo libre, organizarse al margen del oficialismo o por criticar a Fidel Castro.

El 11 de Junio del presente año, usted criticó públicamente al presidente de su país desde Toronto, Canadá. El hecho se convirtió en una noticia viral. Después, hasta donde sé, nadie tomó represalia contra usted. Tampoco le han expulsado de su trabajo. Nadie bloqueará sus contratos en el cine. No creo que tenga vigilancia policial, acoso o que se haya convertido en una persona altamente peligrosa para la seguridad nacional. Si esas mismas declaraciones la hiciera un artista cubano todo sería diferente porque dejaría de ser persona para convertirse en un excluido después de pronunciar la última palabra. Para la dictadura de Cuba las ideas son peligrosas  y se encarcelan. También se matan.

Existe en nuestra historia nacional una página negra cuyo capitulo principal lo escribió Castro cuando ordenó el fusilamiento de sus principales adversarios políticos y autoridades de la anterior dictadura. Los ejecutaban frente a las cámaras de la televisión para extender el terror a escala social y paralizar los ideales de libertad del pueblo y las voces de sus opositores. Esa parte, obviamente, no se la han contado. Tengo la seguridad que desconoce del hundimiento del Remolcador 13 de marzo, el 13 julio de 1994. Se trataba de una pequeña embarcación con 70 personas a bordo que intentaba llegar a las costas de la Florida. Fue interceptada, a siete millas de las playas cubanas por fuerzas élites de la seguridad del estado, y por órdenes expresas de Fidel Castro la embarcación fue hundida y con ella 41 personas perdieron sus vidas, incluyendo a 10 niños inocentes que hoy reposan sepultados y sin desearlo en el fondo del mar. ¿Qué repugnante sería si estos crímenes los hubiera cometido Augusto Pinochet, en Chile o Jorge Rafael Videla, en Argentina?

Las dictaduras son dictaduras, sin importar su credo ideológico. Ser dictador de izquierda parece ser una lujosa comodidad que enamora algunas de las estrellas de Hollywood. Y fascina, cómo, incuestionablemente hemos visto, a un grupo de artistas e intelectuales reunidos con usted en New York junto al representante oficial de la única dictadura del hemisferio occidental. Usted ha estrechado la mano de una persona que el pueblo cubano no ha elegido. Su nombramiento fue a dedo y responde a una estrategia del comunismo cubano para darle continuidad a la dictadura en el tiempo. Más allá y después de la desaparición física de sus líderes históricos.

Señor De Niro, la historia siempre juzgará nuestros actos y condenará aquellos que han sido indignos. No tengas dudas, usted comparecerá a ese juicio moral y seguramente será inculpado por complicidad. Lo invito a que se anime y descubra la verdad sobre la revolución que hoy apoya. Está a tiempo de limpiar sus manchas para ganar el reconocimiento de quienes han sufrido severas heridas del castrismo. No demores. Su salud moral lo necesita.
  
Por mi parte, continuaré viendo sus películas. En definitiva, los papeles que usted interpreta no corresponden a su vida. Sin embargo, sentiré vergüenza y pena ajena, al recordar que se ha ubicado, lamentablemente, al lado de quienes han oprimido a mi pueblo.

¡ANIMO!

Ramón Humberto Colás