Sunday, January 22, 2017

Trump, las barricadas y el populismo.

Donald Trump llega a la presidencia de Estados Unidos atrapado por unas manifestaciones globales en su contra, por el pesimismo de los que auguran su fracaso, con una nación ideológicamente dividida y, sabiendo a conciencia, que no la tiene fácil porque, expeditamente, y por primera vez en la historia, un presidente americano parece ser el mandatario del mundo. No es un tremendismo impensado, ni un examen hecho de prisa y, mucho menos, un cálculo auspiciado por la improvisación.
Las manifestaciones en Sídney, Berlín, Londres, Washington y otras grandes ciudades de la tierra demuestran que los ciudadanos de todas latitudes asumen a Estados Unidos como un gran país que gravita, quiéranlos o no, sobre ellos. Sus fronteras parecen tener inicio, también comienzo, en las propias orillas del continente americano. La globalización, que acerca más a los pueblos, pasa por las ideologías también, gracias al desarrollo tecnológico y a las nuevas inventivas del hombre. Sin embargo, esta oleada mundial anti Trump, consigue polarizar el caldeado ambiente filosófico, posicionando a la izquierda radical en abanderada de un liderazgo alternativo al orden democrático tradicional. Tal posibilidad parece remota de alcanzar si sus métodos pasan por la violencia demostrada en estos días en las calles y por exteriorizar a la hoz, al martillo y a Che Guevara como símbolo de sus aspiraciones.
Este escenario es difícil para el presidente Trump, que antes de gobernar ha comenzado a ser observado por un lente escrutador que no da margen al mínimo error. Tal vez, porque en política nada está escrito, esos eventos compelan a una buena administración si, tal como se muestran en las imágenes de inconformidad, el mundo también quiere una América mejor.
Parece que estas manifestaciones mundiales tratan de advertirle a Trump que una coriza en Washington, por el efecto en cadena que produce lo bueno o malo en Estados Unidos, es un grave catarro para esos países y sus pueblos. El pronóstico calamitoso que auguran a la nueva administración no es cierto cuando todavía no se ha iniciado el largo recorrido de cuatro años (pueden ser ocho) de la era Trump.
Las mayores dificultades, que indudablemente encontrará el presidente desde el primer día en la Casa Blanca, pasan por la acritud de sus adversarios en el partido demócrata y de una prensa que se alista para intentar lincharlo políticamente a toda costa. Si los medios son, como realmente es, el cuarto poder se dejará sentir como nunca antes para bombardear los flancos débiles del mandatario y activar en su contra las críticas de la ciudadanía.
Los intelectuales gramscistas, los progres enfurecidos, los inconformes de todos lados (herederos del guevarismo como alternativa) y la resistencia militante del radicalismo de izquierda, se han adelantado al presidente Trump construyendo el primer muro. Es una muralla ideológica, por demás infranqueable, y resistente al reconocimiento de su derrota y está dispuesta a mover los hilos de la intriga, la subversión, el fatalismo y la desconfianza para entorpecer cualquier cosa que venga de la Casa Blanca.
Realmente, es complejo el escenario que le espera a Trump. Por una parte, le favorece saber por dónde lanzan piedras sus enemigos pero, existirá un andurrial partidista y mediático muy obscuro asechando para golpear e intentar despojarlo de su autoridad nacional.
La polémica sobre el populismo, atribuido a Donald Trump, cuando dijo: la ceremonia de hoy tiene un significado muy especial, porque hoy no solo transferimos el poder de un gobierno a otro o de un partido a otro, sino que transferimos el poder de Washington DC y lo devolvemos a ustedes, al pueblo, tiene en sus críticos, un grave error conceptual y de ilustración política acerca de las verdaderas sociedades democráticas. La democracia, como forma de organización social, política y económica, tributa la titularidad del poder a los ciudadanos, donde las grandes decisiones colectivas se adoptan por el pueblo a través de mecanismos de participación que dan poderes a sus representantes en las instituciones políticas del estado. Eso son los pilares fundacionales del sistema democrático y solo pierde su transversalidad cuando ocurre a la inversa. Entonces, esas definiciones y las propias palabras del presidente, contradicen las interpretaciones de los críticos, cuando tildan de populista a quien intenta darle la alineación correcta que necesita el modelo democrático.
Los populismos (desde Mussolini y Hitler hasta llegar a Castro y Chavez) conceptualizaban la verdadera democracia como el poder del pueblo en la sociedad. Sin embargo, luego negaban el derecho de participación libre a los ciudadanos en sus respectivos países. Esa aberrante definición, además, de falsa e improbable, si se acomoda al discurso populista del extremismo descarriado que algunos tratan, sin obvias razones, de aparentar con el discurso del presidente Trump en su juramentación.
No me asiste, al expresar libremente mis opiniones, una afiliación militante e inmovilidad de credo, con incondicionalidad incluida, hacia la nueva administración, como algunos aseguran. No, se trata de un axioma perdurable y simple que asegura: lo mejor para juzgar las acciones de una persona es el tiempo y sus obras. Si mañana, desde la Casa Blanca, se formula el error, ahí estaré para asumirlo en el papel con dureza y críticas. Ruego a Dios, por mi propio bien y el de los demás, que no sea así.

Sunday, December 18, 2016

Apuntes sobre los afros

Cuenta un amigo colombiano que le resulta difícil tratar con algunos afroamericanos. Dice que sostienes relaciones con muchos asegurándose de no cometer un desliz porque todo puede terminar mal. Es como caminar por una cuerda floja y fina que al menor descuido puedes caer y jamás ponerse de pie. Hasta las bromas deben ser pensadas. Yo, que provengo de Cuba, donde blancos y negros vivimos juntos y somos, ante todo, cubanos, no lo puedo entender. Ya sé que me hablarán de la esclavitud y de lo fuerte que esta ha sido. En Cuba también hubo esclavos y yo derivo de ellos. Que mi comentario es superficial porque el tema merece llevarlo a otros niveles de análisis. Que el racismo fue brutal y tal. Lo entiendo y lo puedo discutir con cualquiera. En mi país también han existido y existen personas racistas. Pero acá se hace difícil, incluso para personas de piel oscuras, llegadas de otros países, sostener una relación normal con muchos afroamericanos. Ver a un blanco y no acercarse presumiendo que es racista es un grave error. De ahí gravita la auto exclusión y puede que dé lugar al nacimiento del odio. Al prejuicio injustificado, a la segregación voluntaria y a la marginalización social.

Y mira que se ha avanzado en eso asuntos. El General Colin Luther Powell, pasando por Condoleezza Rice, hasta llegar a Barack Obama (que tiene mitad de negro) visualiza el Black Power. Poder que desde antes se puede ver en todas las esfera de la vida política, económica y social de este gran país. Los dos primeros afroamericanos, Oprah Winfrey y Robert L. Johnson, en sumarse a la lista de los billonarios en América son de Mississippi. En los medios más importantes de la unión siempre hay rostros de profesionales descendientes de africanos. ¿Qué falta mucho por hacer? Es verdad. En todas partes habrán personas que tengas ideas de supremacía sobre otras y a esos les recomienda Don Miguel de Unamuno viajar. Dice mi esposa, que es eslava, el racista además de ignorante es estúpido.

Ahora, digámoslo sin miedo, existen complejos palmarios en muchos negros americanos. Falta de autoestima que les permite vivir mirando al pasado para justificar su apatía. Vagancia. Tendencia a ser subvencionados por el estado.  Desinterés por la ilustración, sentimientos hostiles hacia ciertas normas. Pasividad. Auto segregación y violencia en sus propios barrios. Las escuelas, que tiene como misión enseñar a pensar, deben convertirse en la prioridad para los líderes negros que solo aparecen en escena cuando hay un muerto copando los titulares de los diarios. Los graves problemas que mantienen esas comunidades se curan invirtiendo en tres cosas: educación, educación, educación.


NOTA: Quien escribe este comentario negro es. 

Tuesday, December 13, 2016

Apuntes sin ordenar sobre el silencio



Ahora mismo, cuando todo vuelve a ser igual, el silencio de siempre se confiere el poder de silenciarlo todo. No hay nada peor que reprimirse el dolor o la alegría. Y en un país de manías efímeras la gente se atasca en el resbaladizo laberinto de la mediocridad y de la espera. No es que la esperanza se haya perdido, sino que pocos se deciden a construirla. Susurran algunos viejitos, otrora defensores de la revolución, que al menos, previo a sus muertes, vieron pasar el cadáver del más importante muerto del siglo que comienza. Los Orishas recibieron, también en sigilo, sus ofrendas de los mismos santeros que escriben la letra de cada año. En sorbos pequeños, y con la voz apagada porque razones tendrían para hacerlo, los defenestrados de Castro bebieron su ron sin formar cantaletas y después, ante el ojo público, se mostraban contritos y con pesar. El último episodio de la revolución aún no está escrito. Nadie puede pronosticar como serán esos capítulos y el que lo sabe bien calladito está. Es que todo pasa por el silencio, síntoma ostensible del miedo, preámbulo de la cobardía y cómplice de la deslealtad. Aquellos que dicen sentir pena por la muerte del tirano, ofreciendo argumentos moralistas para intentar rescatar el talante que mancharon, están acarreando los mismos silencios de ayer. A Martin Luther King lo escupían y sus gritos no se acompañaron de la otra mejilla. Todo lo contrario, espoleaba con su verbo al sistema para sumar a tantos hasta llegar hacer una América mejor. El peor mutismo de estos días provino de unos jovencísimos balseros que buscaban estas orillas de libertad sin percatarse que los responsables de sus escapes estaban a sus espaldas. Si de romper los silencios se trata, hay que hablar, empezando hacer.

Thursday, September 15, 2016

Fariñas y las dudas

No intervengo como juez. Tampoco intento echar leña al fuego y menos polemizar sobre una decisión que no es mía. Por principio (ético y humano) es correcto que Fariñas terminara la huelga de hambre y sed que sostuvo por varias semanas.  Sin embargo, a una dictadura, cuya naturaleza es castigar, no se le puede exigir cambios estructurales si su permanencia en el poder depende de la represión y la vida de un hombre poco importa. Es un disparate  creer otra cosa. A esta altura del juego, conociendo quienes son los personajes de la telenovela castrista, es pueril apresurarse a la inmolación. La vida, ese don de la existencia, tiene un valor y debe cuidarse.

Creo que Guillermo Fariñas intentaba echar un pulso con el régimen. Y eso es inteligente aunque no está exento de riesgos. Lo quiso hacer en grande y saltó sobre una verja para la cual no estaba preparado y se intrincó en un laberinto de palabras. La complicación y las dudas sobre él se originan cuando declara que dejaría de beber agua, además de alimento. Aquí, es donde muchos ponen en tela de juicio la franqueza del opositor.

Si las intenciones de esa acción cívica era medir las reacciones internas (dígase gobierno) y del exterior para hacer algún diagnóstico sobre algo en particular debe explicarse ya. Eso ayuda a superar cualquier descredito y la mofa que acompaña al mismo.


En política los cálculos exactos no existen. Aprender de los errores es virtud. Hablar claro es una necesidad apremiante en Cuba, donde la mentira se ha pluralizado tanto hasta hacernos convivir con ella sin inmutarnos. El silencio, que también es una respuesta inteligente, no siempre es oportuno. Tal vez Fariñas, nos pueda explicar en su momento la estrategia (si es que la hubo) La democracia que aspiramos pasa por los hombres y todos los hombres, como seres humanos, cometemos errores.  

Monday, September 5, 2016

Colin Kaepernick enamorado de Castro


Colin Kaepernick, jugador estrella del equipo de futbol americano San Francisco, ha protagonizado un acto de reverencia a un dictador. Luego de negarse a cantar el himno de su país previo a un evento deportivo, aparece en una conferencia de prensa mostrando imágenes en su ropa de Fidel Castro. Sus palabras de rabia contra la nación americana y el desprecio hacia los símbolos de su patria lo ubican en el lado equivocado de la historia.

“No voy a ponerme de pie para mostrar orgullo hacia una bandera que oprime a los negros y a las personas de color” dijo, recordando aquel lamentable pasado de segregación y odio racial que no termina de borrarse de las mentes de personas como él.

Observo, lo cual es frecuente y tengo prueba de ellos, como algunos afroamericanos viven anclados en el pasado, el presente lo asumen con pereza y el futuro a muchos no les interesa. La falta de autoestima los domina y el complejo de inferioridad se impone como una cerradura que atasca las puertas de las oportunidades que les ofrece su país.

El deportista, en actitud grosera y con una arrogancia desmedida, apela a Fidel Castro como antídoto a la superación de todos los males de la sociedad americana. Sin embargo, por su ignorancia, acaba de cometer la mayor ofensa a quienes que han sido víctimas de su ídolo.

Colosal inopia la de este hombre quien debe todo lo que es al hecho de haber nacido en América. 

Thursday, August 11, 2016

Dos notas urgentes

Y si Fariñas muere

La huelga de hambre y sed de Guillermo Fariñas no parece convertir a los que abjuran y mucho menos conmover su piedad. Los que gobiernan Cuba, los viejos comandantes y generales rebeldes, se hicieron con el poder a metrallazos limpios.  Su credo es la violencia, terreno donde se fortalecen y justifican su estancia en el poder. Una acción pacífica no les conmueve y la muerte de alguien jamás les ha sorprendido porque la han ejecutado sin clemencia.

Fariñas lo sabe. Además, es psicólogo para entenderlo bien. De buena tinta conoce la naturaleza de su adversario, el desprecio por el otro que piensa diferente, la capacidad para guardar silencio y convocar olvidos. ¿Puede cambiar una huelga de hambre la esencia criminal de una dictadura? Pedro Luis Boittel no pudo lograrlo. Tampoco Orlando Zapata Tamayo. Entonces, ¿qué hacer? En ausencia de un juicio moral y glorificando el valor de la acción cívica de Fariñas estamos en presencia de acto heroico de incalculable valor. Sin embargo, tal heroicidad es lo menos conveniente en esta etapa de la lucha contra el castrismo.

En una dictadura totalitaria, escribía Haclav Havel, la disidencia es un poder real porque vive en el mundo de la verdad.  El desaparecido disidente checo (más tarde llegó a ser presidente de su país)  apelaba siempre a su fuerza de voluntad y a superar sus limitaciones físicas para encausar el cambio democrático de aquella nación centroeuropea. Vivir en verdad hace libre al hombre y nunca se le debe regalar la existencia a un dictador. Entonces, comprensiblemente, es necesaria la vida para alcanzar la libertad de los otros que no se deciden hacerlo por ellos mismos. Si pudiera mediar en cambiar la decisión de Fariñas lo haría a partir de estos principios lógicos y hermenéuticos.

Conozco a Guillermo Fariñas desde Septiembre  de 1983. El ingresaba como estudiante del primer curso en la Facultad de Psicología de la Universidad Central de Las Villas cuando nos conocimos. Era atinado, como sigue siendo, cauto, sociable y no tenía fronteras para expresarse. Después nos unimos en el camino por la lucha democrática en escenarios diferentes acercándonos más en el afecto y el respeto mutuo.

Si Fariñas muere tendremos noticias de Cuba por algunas semanas. Después, será la referencia preferida en nuestros discursos anticastristas y luego, cuando el tiempo pase, quedará sepultada su memoria en el olvido aunque no se intente olvidar su heroísmo y valía. Si lo tuviera frente mí le diría: hay otras formas de ganar esta pelea Coco y tú lo sabes.

La comodidad de Raúl

El 7 de abril de 2005 el filosofo argentino Santiago Kovadloff, en una conferencia en la Universidad Belgrano de Buenos Aires, dijo: Fidel Castro es un dictador cómodo. Argumentaba el científico que su tranquilidad  en el poder deriva del silencio cómplice con que las democracias latinoamericanas y del mundo toleraban al ex gobernante cubano. Castro, enfatizaba el doctor Kovadloff, nunca ha sentido presión por parte de nadie y eso le permite gobernar con legitimidad.
  
Desde aquella conferencia al día de hoy han pasado once años y parece que tal comodidad la hereda Raúl Castro en mejores condiciones que su hermano mayor. Si antes el mundo callaba, ahora mismo festeja, con la euforia de la indecencia, la estrategia de La Habana para acercarse a todas las fronteras democráticas sin cambiar la esencia de su dictadura. Las naciones en libertad acogen con placer en su seno al régimen cubano para asegurarse un parte del pastel o para menguar la influencia del castrismo en sus países.

La esencia represiva del castrismo no ha cambiado. Sin embargo, eso no le importa a medio mundo porque es más fácil entenderse con los que gobiernan y no con los gobernados  u opositores (a propósito, son palabras de un ex congresista demócrata que enfureció cuando Obama alabó en La Habana al exilio cubano en su reciente visita a Cuba) Quiere decir, porque se entiende muy fácil, que el pueblo no importa aunque lo pongan como condición para acercar postura con la dictadura.


Y eso Raúl, como también Fidel Castro en su momento, lo sabe. Al saberlo, se aprovecha de la legitimidad internacional para sostener su poder sin poner en riesgo un ápice a su intolerancia.

Friday, July 1, 2016

Con Dios a veces y con el diablo luego


El nuevo arzobispo de La Habana, Juan de la Caridad García, quiere que el socialismo progrese en Cuba. De no haber visto sus declaraciones jamás lo hubiera creído. Sin embargo, ahí están grabadas en un tono de complicidad solemne y con la serenidad de quien sabe lo que dice.

Si el socialismo progresa en Cuba la extensión de la miseria será mayor y también el control del régimen sobre los ciudadanos. La impunidad sería el estigma típico del modelo y la esperanza de libertad se alejarían. Un socialismo consolidado aligera el suicidio colectivo que viven los cubanos de intramuros, mutila cualquier ilusión y el odio se ensanchará en las garras depredadoras de la inmoralidad del poder.

José Martí, quien definió al socialismo como la futura esclavitud, se revolcará en su tumba ante las inquietantes declaraciones del pastor García y Karol Josef Wojtyla (luego Juan Pablo II) quien sufrió los rasguños del terror socialista en su Polonia natal, se avergonzaría por tan desatinados comentarios. No son ya las palabras lo que importan, sino los hechos. Esta Iglesia está de luna de miel con los tiranos.

¿A dónde quiere llegar la Iglesia cubana de hoy? Solo ella lo sabe. Sin embargo, su labor pastoral no parece ser con los pobres, los desposeídos o aquellos que viven en el nivel miserable de la conciencia sumisa, Tampoco con los que defienden en las calles del país, arriesgando sus vidas, un cambio en la oportunidad de la democracia. El pastor García se declara un enemigo real de los opositores porque su visión del problema no es de forma sino de fondo. Tal antagonismo los ubica en antípodas enfrentadas donde los primeros jamás podrían contar con el apoyo de los segundos y viceversas. Se ha caído en un profundo vacío ético, en una desesperanzada batalla de ideas donde el poder encuentra una alianza sólida y moral en quienes deberían ubicarse en el lado de los débiles.

Las referencias de la historia, sin intentar revisionismo alguno, demuestran que esta iglesia es continuidad de aquella que durante el largo y abominable período de colonialismo esclavista español se mantuvo en silencio al lado del poder y alejado del pueblo. Hoy discurre en un acto carente de responsabilidad ética, patriótica y religiosa. ¿Es acaso ésta la Iglesia que el pueblo de Cuba necesita?

El pastor García nos quiso decir a todos, en un lenguaje ajeno a cualquier metáfora o parábola bíblica, con Dios a veces y con el diablo luego. Me hace recordar a Herman Wilhelm Goring, aquel atinado líder fascista alemán y segundón del Fuhrer, que en un discurso encendido de patriotismo dijo: Yo no tengo conciencia, mi conciencia es Adolf Hitler. El obispo Juan de la Caridad García parece decirnos: Yo no tengo conciencia, mi conciencia es el poder

Los cubanos seguimos solitos en esta lucha mientras casi todos en el mundo miran al lado opuesto de nuestra desgracia. El perdón es posible y Dios jamás perdonaría tal deshonra.