Sunday, August 20, 2017

Hoy lloro contigo Barcelona

Pasan escurridizo por nuestro lado y no advertimos el peligro. Son vándalos, incapaces de hacer bromas o soñar, como si la vida no importara, porque se acomodan con facilidad al terror. Esos delincuentes, no usarían jamás un pincel, un arca, un espejo, incluso, un papel para escribir sus nombres. Todo le va tan mal en este mundo que prefieren vírgenes celestiales más allá de la muerte. De Algeciras a Rabat, se disfrazan de santos y son lo contrario. Mueren alegres, matan por placer y agradecen a un Dios equivocado. Encerrados en los márgenes del delirio se convierten en pólvora para ser proclamados como mártires. Después de los días de tragedia y las noticias, sus nombres no se esculpen y los imanes evitan los sermones donde estén sus recuerdos porque de nada vale. Nunca valieron nada.
Si Barcelona llora hoy a sus muertos, como antes Paris, Londres y Berlín lloró a los suyos, es porque cada lágrima tiene el valor de la vida. Los criminales no saben de amor. Tampoco de paz y menos de perdón. La venganza, su arma elegida, desnuda su vileza y cobardía. El reducto frágil de su imaginario y el error de su credo plagado de infamia. Allí donde vayan serán vencidos.
Deberían apurarse los políticos para frenar la constante amenaza del islam sobre Europa. Yo recuerdo a Oriana Fallaci y sus advertencias sobre este complicado asunto. Eurabia, podría llamarse el Viejo Continente, decía la escritora y periodista. Algunos, los que no saben escuchar, la tildaban de racista y delirante, pero no, ella estaba en lo cierto. El fundamentalismo islámico es implacable, hegemónico y avasallador. Su credo pasa por la imposición y sus leyes castigan con severidad. Matar a cruzados es su lema y occidente es el blanco a batir.
Vaya maldad la de esa gente.

Sunday, August 13, 2017

Tres del Domingo

El último gol de Maradona

Diego Armando Maradona, lo que mejor saber hacer es patear a un balón. Su gloria pasa por los pies. Ya sabemos que su cabeza se ha estropeado con los izquierdismos radicales. Sus ídolos, por orden de preferencia, son: Che Guevara, Fidel Castro, Hugo Chávez  y ahora Nicolás Maduro. De este último saca pecho hasta querer morir por defender su dictadura. Este aprendiz  de ser humano, execrable además, resume lo peor de una persona cuando abre la boca. Su gloria, eso es verdad, pasa también por meter goles con la mano para anteponer, luego en su justificación, la presencia de Dios. ¡Vaya tipo! Y ¿Qué hago yo perdiendo el tiempo y llevándome  su nombre a un papel?

Los supremacistas

Virginia, ha sido escenario de un choque violento entre supremacistas blancos y radicales de izquierda. Ambos extremos confluyen en lo mismo: La violencia. Su arma predilecta, previa a la intimidación. Lo triste es que suceda en Estados Unidos, un país que se ha convertido en paradigma de las oportunidades para todo. Tolerarlo, en el siglo XXI, es imperdonable. Aquí sí vale el grito, para esos extremos: NO PASARAN.

La fiesta de Raúl

En La Habana se viven días de glorias. El régimen descansa de los aguijonazos disidentes porque el foco de atención es Venezuela y Pyongyang. Es la fiesta perfecta para el general. Sentirse aliviado, sin presiones de nadie, para maniobrar, en reposo revolucionario, la transición de mando que viene anunciando. Él, desde el orlo dictatorial, ha escuchado decir a sus adversarios: Venezuela primero, Cuba después. Él, astuto y arrogante, dice: recuerden Moscú y también a la URSS. La fiesta de Raúl la favorecemos nosotros, cuando, en solidaridad sincera con los venezolanos, hemos volcado las miradas a Caracas. Olvidamos que el chavismo se engendró en La Habana y Maduro es estudiante destacado de la escuela cubana. Ah, Chávez , llamaba padre a Fidel.  
   



Saturday, July 22, 2017

En honor a Osvaldo Payá Sardiñas

Cinco años después de su muerte, Osvaldo Payá Sardiñas, fundador del Movimiento Cubano Liberación y gestor del Proyecto Varela, vive en el recuerdo de quienes respetaron su ejemplar batalla frente al totalitarismo tropical. Tenía una voz nasal, modulada con las pausas que acentúan lo importante, que sonaba como campanadas para no hacerla caer en el vacío. Su eco, al menos hoy, parece escucharse por primera vez aunque parezca un poco tarde.

La última vez, lo vi en Miami. Andaba de prisa y tuvimos un encuentro breve. Tan breve, que bastó un saludo y un adiós. Andaba pisando el terreno de una ciudad divida por su presencia. Los epítetos le llegaban a raudales y él, insistente, como el adalid que era, resistía las embestidas sereno y con un solo argumento: liberación. Andaba  -y eso es verdad- advirtiendo que el camino espinoso de la patria se refundaba en la movilización ciudadana. Aquella vez, pocos lo entendieron. 
   
Sus palabras, ricas en matices y espiritualidad, invitaban a mirar al cielo desde donde podía trazarse la hoja de ruta hacia la libertad de Cuba. Tenía razón, si el pueblo -su gente- dejó de mirar a las alturas de lo posible para entretenerse con los santos de verde olivo que han embriagado de pasividad e indiferencia al país. Su visión sobre la tragedia nacional, era una pesada cruz que debíamos cargar todos para aminorar su peso.

Hoy, cuando el pueblo venezolano se moviliza, tal como deseaba hacer en Cuba, aquellos que lo inculparon de complicidad han llegado a comprender sus buenas intenciones y a darle la razón. Ha sido tarde, tal vez demasiado tarde porque después de su muerte el silencio volvió a las tendederas  del país y la oposición (que ayudó a crear) transita entre un carnaval de entretenimiento, el turismo político y el estancamiento de ideas.

Es verdad que Payá Sardiñas insistía, como pocos lo han hecho, en construir una escalera al infierno para conducir por sus peldaños a la dictadura cubana. Por eso lo asesinaron en su último viaje hacia esos fines. Su estrategia -inteligente y cívica- buscaba alcanzar el poder con el menor riesgo para el pueblo. Él sabía, con sobradas razones, que en Cuba nadie ha querido poner al primer muerto. Sin embargo, expuso su vida con dignidad y valor porque valía la pena y eso, por fin, lo sabemos todos.

!Gloria eterna a su memoria!

Wednesday, June 21, 2017

Still My President

Still my president (sigue siendo mi presidente) es un nuevo sticker y está de moda, en los autos de miles de personas acá, por el sur americano. Contiene la figura de Obama grabada en negro, con letras de igual color, una palabra escrita en blanco y todo sobre un fondo azul. Expresa el pesar de quienes deseaban tenerlo por mucho tiempo en la Casa Blanca y maldicen la ley que lo impide. Es un mensaje nostálgico, con acento mesiánico e inspira miedo. Surge - pienso yo- de esa afición de algunos humanos que se inventan dioses en su piel o adalides formados en las universidades de élite. Me asusta ver, y razones suficientes tengo para estar alerta, como en América, una parte de su población aspira a una sociedad diferente, con un líder carismático y un montón de sueños, que pueden ser locura, en la cabeza. Hay quienes  luchan para conseguir a un ídolo viviente a quien amar. Obama, parece ser el elegido porque sus incondicionales lo presentan como el imprescindible. Ese tipo de hombre capaz de hacer la revolución para, luego, negarse a morir sin ella. Un duende, con signo de hombre, recorre América para reposar sobre su reciente presencia en la vida de los demás. Sus tentáculos, largos e invisibles, tarascan en la penumbra para evitar un día sin su historia. Entonces, llegué a pensar: su segunda batalla está en camino, si algunos ya lo usan de estandarte. 

Saturday, June 17, 2017

Las trabas, un discurso y Donald Trump

Existe en el carácter de los cubanos la capacidad de conmoverse frente a los estímulos que gravitan el cercano entorno de sus afectos. Es, utilizando variables psicológicas, una característica que lo distingue de otros pueblos. Las pasiones, como impulsos de la sensibilidad y parte natural de la psicología del hombre, se orientan hacia la realización de algo o lo contrario. Este puede ser interpretado como bueno o malo y se combina, de hecho, en una relación dual muy utilizada (amor-odio) por ejemplo. También, lo sabemos todos, la ecuación alegría-tristeza y tantas más. La pasión más importante, cuyos orígenes están en el corazón -como acostumbran a decir los poetas- es el amor. De ahí que los cubanos, capaces de amar sin medidas, sean apasionados al por mayor.
En Miami, el presidente Trump, como bien afirma Zoé Valdés, demostró una gran genialidad en el manejo de un auditorio eufórico de patriotismo puro y apasionamiento cerval. Lo hizo con la palabra. Esa herramienta tan aguda y filosa que durante años ha adormecido el alma de la nación cubana. Fue un discurso simple, emotivo, bien estructurado y escrito para una audiencia cansada de ver como antes sus ojos, y sin poder hacer nada, el anterior presidente abría ventanas a la dictadura mientras ésta le lanzaba la puerta en la cara. Y ahí, el genio Trump -repito que es tomado de mi amiga Zoé- supo grabar, posiblemente, su primer legado al cambiar la permisibilidad de Obama por una política de mayor rigor frente a la dictadura.
El público en el Artime, confiado en un milagro de esta administración, volvía a interpretar el papel que tantas veces ha hecho. Entusiasmarse, hasta más no poder, para frustrarse después, ya lo veremos, cuando todo siga igual. Mirémoslo con precisión. El cambio de política hacia La Habana, está exigiendo al régimen de Castro el respeto a cuestiones básicas de carácter superior: libertades y respeto a los derechos humanos. Todos los gobiernos anteriores lo han hecho. La diferencia con Trump radica en el tono, los énfasis y el escenario para decirlo. Evitar que los militares se favorezcan de las relaciones es importante e inteligente decirlo porque esas fuerzas son los pilares donde descansa la autoridad del régimen. Sin embargo, al no cambiar la política de envíos de remesas, los viajes de los cubanos americanos y las visitas organizadas en grupos, el aparato militar seguirá exprimiendo hasta el último céntimo de divisa que entre al país.
Trump no evita el contacto con el régimen. Lo condiciona. Tampoco vuelve a la época de la Sección de Intereses. Mantiene la embajada. No impide el comercio con Cuba. Lo regula a través de entidades privadas. En este punto cabe preguntarse: ¿Existe un empresariado en la isla con capacidad para interactuar con el vecino del norte? Los asesores del presidente debieron decirle que una dictadura comunista no admite la propiedad privada. Los cuentapropistas no son interlocutores comerciales y sus negocios, que no impactan a la economía de la isla, menos lo pueden hacer en la norteamericana.
La nueva política es un hecho real, pero su impacto en Cuba será el mismo que antes hicieron las medidas de administraciones anteriores. Ninguna, casi lo aseguro, ninguna pone en jaque a la dictadura y todo lo sabemos. Además, el régimen, con su capacidad perversa de renovarse en lo mismo, desde antes estaba preparado para adaptarse a este nuevo escenario de la politica estadounidense.
¿Por qué Trump no puede hacer más si sus verdaderos deseos son que el pueblo cubano tenga democracia, sea próspero y viva en libertad? Sencillamente, porque no puede. Las trabas de todos los presidentes americanos para actuar con dureza en Cuba fueron establecidas por John F Kennedy cuando aceptó el pacto de Nikita Khrushchev durante la crisis de Octubre. Fue en ese momento cuando la suerte del pueblo en la isla quedó atrapada mediante un acuerdo de dos grandes potencias. Justamente, el sábado, 27 de octubre, de 1962, el líder comunista soviético se compromete a retirar los cohetes alados de Cuba a cambio, aseguran los documentos históricos, de la garantía formal y pública de que Estado Unidos no realizaría ni apoyaría una invasión al territorio Cubano. Aquel acuerdo no murió con la desaparición de la URSS. Se mantiene vigente y es el candado que impide acciones mayores contra el criminal régimen de los Castros.
Nota: El reconocimiento a Cary Roque, heroína cubana y extraordinaria mujer, la mención y apoyo moral a los disidentes u opositores, hizo que aquella velada valiera la pena.

Friday, June 2, 2017

Las lágrimas de Cala

Fidel Castro no se acaba de morir -diría yo- porque anda con sus hartazgos aviesos haciendo travesura por ahí. Sus cenizas polutas, guardadas en una roca aovada y al lado de Martí, son la omnipresencia de su maldad. Se huele y se retrata, cada segundo y a toda hora, en las polvorientas esquinas de un boulevard o en un almacén de productos donados para revender. Entre los bueyes del campesino que se presta la tierra, que debió ser suya, o el timbalero de un órgano oriental. En los bajareques de la sierra, por donde anduvo aquella vez, y la madriguera de las prostitutas del malecón. Fidel no acaba de morir porque le lloran, cada día, aquellos que lo desean vivo.

Wednesday, May 24, 2017

El rostro de Dios

Creo en Dios, sobre todas las cosas, y también en el hombre, su mejor creación. Del primero, suscribo todo sin poner nada en dudas. Del Segundo, dudo casi todo. Dudando de los hombres (y de mí) llegué a conocer a los buenos, a los menos buenos y a los execrables. Me ayudaron mis padres, durante la infancia. Luego, los avatares de la vida. Es decir, las escuelas, los maestros, la Universidad, los amigos y enemigos, los libros, algunos amores de entonces, personas que pasaron (de repente) minutos conmigo y otras que han permanecido siempre a mi lado. Ahora, después de una largo aprendizaje, que nunca termina, puedo identificar a los malos disfrazado de buenos y viceversa. Ser psicólogo me sirve de mucho y, confieso, a veces de nada. En ambos postura, me surgen las dudas. Después, vienen las preguntas. Me invito a pensar para poder responder.
Hoy, vi en las noticias, con sobrada ecuanimidad, la cara del Papa Francisco, al lado de Donald Trump. Estaba tieso. Estirado e incómodo. Su mirada, era un puntillazo sobre las alfombras. Se le vio circunspecto, distraído, en trance de una aparente soledad y alejado de aquella escena no deseada. Parecía dominado por un estado de obnubilación perpetua y una desagradable pesadilla. Se le vio cansado, arrepentido, por ese momento, de su posición terrenal. Sin poder alguno para evitar estar al lado de alguien que, evidentemente, no le atrae. A pesar de todo eso, Francisco era el hombre bueno. Trump, esforzado en las formas, sonreía. Su sonrisa, aprendida en los protocolos de la diplomacia, impresionaba una mueca opaca, surrealista, displicente y tímida. Además, estaba incomodo, frugal, concentrado en las líneas del guion, accesible a la buena impresión y, por primera vez, mostraba cierto grado de humildad. Tal vez, se sentía temeroso. Juzgado, como nunca antes, por el poder de los Dioses, colgados, desde siglos, en los pasillos del sagrado recinto. A la vista de todos, muchos lo percibieron como el hombre malo.
Entre lo malo y lo bueno existe una absoluta relatividad. Obvio, como en todas las cosas. Depende, de donde se mire y hacia quien va dirigida la mirada. Francisco, cuya divinidad terrenal nadie la cuestiona, ha sido muy claro en su repudio al presidente Trump. Esa moda suya, de estar más cerca del zurdo que del otro lado, delata su carácter y sus preferencias. Parcialidad impropia a la vista del Señor, quien nos acoge a todos como hijo suyos sin importarle siquiera nuestros pecados (eso aprendí en el Camino Neocatecumenal, en la Iglesia San Gerónimo, en Victoria de Las Tunas)
Los records de Trump (negativos o positivos) están por venir. Sin embargo, junto a Fidel Castro, responsable de los mayores crímenes de América Latina, el Papa Francisco, emerge relajado, cercano, amistoso, agradecido, confiado, catártico y hasta divertido. En Cuba, seguía siendo el hombre bueno que, indudablemente, todos creen.
El rostro de Dios no es un duplo casual de las cosas, ni es un simple entendimiento para una ocasión y menos un credo de márgenes estrechas. El rostro de Dios es claro. Único. Imparcial y solidario. En fin, divino, misterioso y verdaderamente bueno. Y es eso en lo que creo.