Wednesday, September 22, 2010

Alternancia

Las elecciones de noviembre, para ocupar posiciones legislativas en el congreso y el senado de los Estados Unidos, posiblemente varíen la balanza en una de las dos cámaras. Los demócratas, con mayoría en ambos lados, se esfuerzan por mantener el margen de ventaja que han gozado en los últimos años. Si ocurre algún cambio, el presidente Barack Obama gobernará sin mayoría absoluta y su programa de gobierno sufrirá un fuerte golpe.

Las campañas para alcanzar una bancada en el congreso y el senado tienen de todo. Como casi siempre, los ataques personales rozan los límites de la indecencia. Las acusaciones, entre contrincantes, parecen estar motivadas por un odio enfermizo entre las partes. Ese comportamiento desnuda a un país cada vez más crispado por la polarización, que ha dejado un prologando conflicto por motivos de ideas, que comenzó en las pasadas elecciones presidenciales.

Las acusaciones de los republicanos a los demócratas y de estos últimos a los primeros consiste un una manía repetida durante los ultimas campañas, donde los candidatos, al probar fuerzas, acuden al aspecto ideológico como el arma salvadora.

La política de extensión social de los demócratas es asumida por sus contrincantes republicanos como una avenida abierta a las ideas socialistas en Estados Unidos. La validación de los valores originales del país, tema donde descansa parte del argumento republicano, se interpreta como un conservadurismo a ultranza y desmedido por su rival.

Dos ejemplos pueden indicar hasta donde llegan los partidos y algunos aspirantes en el afán de alcanzar un espacio en el mundo político de Washington. Descalificaciones, insultos, pase de revista a la conducta pasada de los candidatos, acusaciones de todos tipos y golpes bajos, son parte de una estrategia desgastada en el intento de sacar provecho en las urnas.

El primero, es la candidata por el partido republicano al senado de la nación por el estado de Delaware, Cristine O'Donnell, quien con la ingenuidad de una infanta ha provocado un enorme revuelo político entre los estadounidenses por afirmar hace más de diez años: “Coqueteé con la brujería. Me junté con gente que hacía esas cosas. No me lo estoy inventando”

Para los cubanos puede parecer un argumento ridículo e infeliz porque Cuba es un país católico donde la inmensa mayoría se hace un despojo y consulta a los Orishas. Sin embargo, en Estados Unidos acudir el oscurantismo es un pecado mayor ante la cristiandad y la fe religiosa que se profesa aquí.
Olvidan los críticos que la buena gestión de un político es cuando alcanza a servir al electorado independientemente del credo, orientación política, raza o género.

El segundo caso es el aspirante demócrata por el distrito 25 en Miami, Joe García, que en noviembre discutirá frente a David Rivera, su rival republicano, la vacante dejada por Linconl Diaz Balart en el congreso de la nación. A García lo tildan de socialistas por tener una visión diferente en relación al tema cubano. Y aunque muchos residentes en Miami coinciden con su postura no lo expresan por miedo a la critica descarnada de una parte del exilio, que con todo derecho, proclama conservar la intransigencia frente al régimen de los Castro.

Las acusaciones de este tipo, ademas de malintencionadas, perjudican la dinámica de la verdadera democracia donde el equilibrio y la alternancia en el poder, no solo diversifica, sino que enriquece la solidez de un país democrático como Estados Unidos.

Asombra la forma de etiquetar a las personas por sostener ciertas posiciones polémicas. Ocurre, generalmente, que al poner esos “labels” los detractores, de todos los lados, ignoran cuan lejos está O'Donnell de ser hechicera y el señor García de ser un socialista.

Saturday, September 4, 2010

Ellos no desean eso (They don’t want it)

En Estados Unidos se ha intentado iniciar un tránsito silencioso hacia lo nuevo. Aun resuena el eslogan “Yes We Can” que Barack Obama propuso en su campaña y sus ecos, convertidos en estimulo para los demócratas, comenzaron a tropezar con el día a día del estadounidense.
Lo nuevo no ha llegado y el ”si podemos” ha dejado de ser una consigna unitaria para convertirse en una frase opaca, esculpida, en este momento, con los improperios del votante frustrado.
Era de esperar. Los pueblos cuando se dejan arrastrar por las aureolas fluidas del carisma, se convierten en una torpe muchedumbre embriagada.
El jubilo irreflexivo de los mítines, el acento certero de un orador elocuente, la necesidad de cambiar la imagen del país ante el mundo, para borrar un pasado reciente, movilizaron el entusiasmo en las urnas. Había que cambiar la historia con la elección de un afroamericano para la Casa Blanca para apuntalar, así lo han creído, al país sobre sus cimientos originales.
Ahora, con la pérdida de confianza en Washington, la economía estancada, la falta de un liderazgo visible y el país dividido, los que viven en este país comienzan a preguntarse porque nada ha cambiado y hacia donde van.
Hay miedo en Estados Unidos. Es un miedo cerval y silente. Es una inseguridad en el rumbo que toma la nación y el espacio que cede por día. Hay quienes han comenzado hablar bajito y a los que gritan les llaman locos.
En una ciudad del sur el eslogan del comunismo se apoderó de las paredes de un centro comercial por varios meses y fue borrado por casualidad. Es evidente, pocos conocen a la hoz y al martillo. De Marx no tienen una remota idea y la esfinge de Che Guevara adorna los despachos de algunos funcionarios.
Varias universidades están de fiesta y los gramscianos duermen felices porque realmente piensan que Estados Unidos puede ir cambiando a su favor.
Lo triste es que pocos lo observan. La ingenuidad y la miopía son las dos peores enfermedades que padecen los estadounidenses. Mañana puede ser tarde, porque se resisten a creer en el posible mal que se les viene encima.

Tuesday, August 10, 2010

Gravitaciones

Hasta Fernando Ortiz creyó que Cuba gravitaría a Estados Unidos y aseguraba lo inevitable de ese proceso. Sus argumentos eran pueriles, a pesar del incuestionable talento del sabio cubano, al fundar sus observaciones en la tendencia, cada vez más creciente a principio del siglo XX, del mercado estadounidense en la isla, la orientación de algunos cubanos hacia la nación del norte de nuestro continente y las tensiones raciales de esa época.

Mucho antes, en abril de 1823, John Quincy Adams expuso la “Política de la Fruta Madura”, donde se afirmaba que: “hay leyes de gravitación política, como leyes de gravitación física, y Cuba, separada de España, tiene que gravitar hacia la Unión, y la Unión, en virtud de la propia ley, no iba a dejar de admitirla en su propio seno. No hay territorio extranjero que pueda compararse para los Estados Unidos como la Isla de Cuba. Esas islas de Cuba y Puerto Rico, por su posición local, son apéndices del Continente Americano, y una de ellas, Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión".

Los cubanos, a lo largo de la historia, han optado por la independencia de Cuba de cualquier poder extranjero. Estados Unidos, por su cercanía geográfica, se ha convertido en el atractivo de la inmigración cubana hacia el exterior. Sin embargo, los exiliados aprecian su aceptación en la sociedad estadounidense, pero se oponen a cualquier indicio que pueda convertir a Cuba en un nuevo Puerto Rico.

Pudiera parecer que la influencia política, económica y social de los cubanos en Estados Unidos son un elemento gravitacional, sin embargo, no lo son tanto, aún cuando la posición del castrismo trata de fusionar, sin tomar en cuenta las diferencias ideológicas dentro de los propios cubanos en USA, a todos los emigrados con la política estadounidense.

Sin embargo, irremediablemente, ocurre una gravitación involuntaria donde cada vez es mayor la cercanía entre Cuba y Estados Unidos. Los lazos afectivos que han creando los exiliados con las dos orillas han fundado una suerte de pertenencia a ambos lados con raíces profundas y con frutos muy prometedores. Es una vecindad natural que ha ido creciendo a pesar del aislamiento y los errores políticos de La Habana y Washington.

La revolución cubana, a pesar del antiimperialismo desbordante de Fidel Castro, ha hecho gravitar a Cuba y a los cubanos más que nunca hacia los Estados Unidos. Desde 1959 hasta hoy la realidad de la isla es condicionada por la retórica de estas dos naciones que permanecen sitiadas en las contradicciones, sin que muchos puedan visibilizar que ese proceso no ha separado a sus pueblos a pesar de que los contactos han sido escasos entre ellos.

Culpar a Estados Unidos del fracaso revolucionario y mencionarlo cuantas veces sea posible para conseguir credibilidad revolucionaria, explica la incursión permanente del vecino del norte en la vida nacional. Comparar, como Castro acostumbró con sus sorprendentes estadísticas, a un pequeño país como Cuba, con una nación de dimensiones continentales, implicaba despejar las dudas de cuan similares son en el imaginario del gobernante.

La polémica ideológica verticalizada dentro de Cuba se fundamenta en alcanzar la supremacía sobre la sociedad estadounidense. En otras palabras, el régimen se ha propuesto siempre ser superior a Estados Unidos en todo lo que fuera posible. Como no lo puede, porque su incapacidad demostrada para el éxito lo determina así, inunda a la sociedad cerrada de la isla con infamias sobre el vecino del norte, convirtiendo, inexplicablemente y contra toda voluntad revolucionaria, a ese país en la nación que mayor curiosidad despierta en los cubanos.

Aquí se proyecta, psicológicamente hablando, la mayor gravitación del régimen cubano hacia su vecino del norte. Se puede explicar porque el persistente ensañamiento contra lo todo lo que proviene de Estados Unidos, logra incidir en el comportamiento de la gente cuando buscan artifugios novelescos para permearse con las sofisticadas influencias del norte. Estas pueden ser a través de la música, el cine, la moda, las celebridades y otros encantos estadounidenses.

En segundo lugar, la exitosa presencia de cubanos exiliados, cuyo contacto con sus familiares en la isla permite el intercambio de ideas, bienes y tecnología, acelera la proximidad entre ambos pueblos y naciones. Las referencias de la sociedad estadounidense para el pueblo cubano no coinciden con el punto de vista del oficialismo, porque el derrotero de los que desean abandonar Cuba pasa por Estados Unidos.

Las recientes declaraciones del Cardenal Jaime Ortega al columnista del Washington Post, Jackson Diehl donde afirma que...” Raúl tiene interés en lograr una “apertura” con Estados Unidos”, expresa como desde lo alto del poder en Cuba consideran que su futuro pasa por la voluntad del gobierno estadounidense.

En ese sentido, el régimen gravita, voluntariamente, hacia los Estados Unidos para resolver los problemas que los cubanos mismos han creado. ¿Será que como pueblo están predestinados a edificar su futuro de la mano de Washington?

Monday, May 24, 2010

Los laberintos del general

Las noticias que llegan de Cuba son alentadoras. Después del asesinato de Orlando Zapata Tamayo y la acción de Guillermo Fariñas, con su larga huelga de hambre, el régimen se ha visto obligado a dar una movida inusual.

El gesto de Raúl Castro, al sostener largas conversaciones con la iglesia católica, de moverse de acuerdo a las exigencias de Las Damas de Blanco y Fariñas, ubica al general, por primera vez, al lado del pragmatismo político. Parece también, que la sombra de Fidel Castro se ha apagado o su inminente desaparición física, si no es que ya está en el otro mundo, le permite a Raúl maniobrar a su antojo.

Con Castro, en plenitud de facultades para ejercer el control del país, Raúl nunca daría esos pasos. La independencia del general se desprende de la rapidez con que intenta saldar sus errores por autorizar la escalada represiva contra Las Damas de Blanco y la muerte de Zapata.

La crítica internacional a esas acciones ha aislado como nunca antes al régimen cubano, que trata, con estos movimientos, de recuperar el terreno de la credibilidad con sus socios extranjeros y la izquierda mundial.

La torpeza del régimen de matar a Zapata y reprimir de manera grosera a un grupo de mujeres pacíficas, no encuentra respaldo hoy día en algunos sectores importantes de la izquierda internacional. Por ello, varios gobernantes y personalidades, que antes guardaban silencio ante los horrores del régimen cubano, salieron del closet de la complicidad para argumentar su independencia de esos métodos estalinistas practicados por la Habana.

Raúl, con el olfato del buen aprendiz dejó de prestarle atención al legado criminal (no sabemos hasta cuándo) de su hermano mayor, para intentar, con urgencia, lavar la mancha que ya pesa sobre él en su breve período al frente de Cuba.

Algunos atribuyen las movidas del general a la visita que Dominique Mamberti, secretario para las relaciones con los Estados de la Santa Sede, realizará el próximo 15 de junio a La Habana. Sin embargo, creo que los únicos actores en el cambio de postura de régimen son los opositores cubanos.

El efecto Zapata, el protagonismo de Las Damas de Blanco y la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, son los principales arquitectos del rumbo que Raúl se ha visto obligado a tomar. También la acción cívica de los oposicionistas más estructurados en la isla y la incansable labor del exilio cubano disperso por el mundo.

Wednesday, May 5, 2010

Juan Gualberto Gómez y la esclavitud moderna

Para comprender el proceso revolucionario cubano actual es imperioso acudir a las dos últimas décadas del siglo XIX y la primera del XX y leer algunos de los ensayos del periodista Juan Gualberto Gómez. Gracias al libro Por Cuba libre del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, he podido conocer más acerca de éste cubano generoso y bueno. Amigo entrañable de José Marti y al cual el apóstol le llego a decir: “usted es uno de mis orgullos”.

Ahora comprendo porque la dictadura castrista lo mantiene en el olvido y pocos cubanos conocen a profundidad su pensamiento político. De Juan Gualberto, sabemos de su amistad con Marti y el importante rol que jugó en los preparativos del 24 de febrero. Sin embargo, su percepción acerca de la esclavitud y los intereses morales en la colonia son aristas desconocidas de su diligencia política.

Tres aspectos del largo ensayo, La cuestión de Cuba en 1884, bastan para comprender la similitud entre el régimen de los hermanos Castro y la sociedad colonial esclavista cubana que Juan Gualberto describió con atinada claridad.

Si partimos que la revolución cubana es una servidumbre moderna, como asegura el enciclopedista ingles Herbert Spencer sobre el socialismo y reconoce Marti en su ensayo “La futura esclavitud”, resulta posible comprender, al hacer un paralelismo con los estudios de Juan Gualberto, que los esclavistas modernos son los miembros de la élite del politburó que llegan a ser los primeros en todos los aspectos de la vida política, social, económica.

Juan G. Gómez escribió: “arriba están los blancos. Ellos han tenido siempre la libertad civil y la influencia gubernativa. Y entre los blancos, ya hemos indicado que suerte la del peninsular (…) (El peninsular lo podemos asociar con los extranjeros en Cuba que gozan de los privilegios que le son negados a los nacionales) Abajo, el negro infeliz, paria triste y desdeñado”. La Cuba actual es un calco de lo que describe el periodista Gómez.

La moral política del sistema colonial no era perfecta, para J G Gómez, por la existencia de la esclavitud. Dice: "Una sociedad donde se transigía con el crimen, donde el robo era la base de la propiedad y el despojo constituía un derecho, y la ley y la autoridad se atribuían casi exclusivamente por misión la de amparar el tremendo delito de la servidumbre. (…) En el corazón de los que nacían en Cuba, en su inteligencia, en todas sus potencias espirituales o anímicas (…) se operaba desde temprano cierta atrofia”

En este análisis de Juan Gualberto, describiendo la realidad cubana a mediados de los año ochenta del siglo XIX, alcanzamos a ver una situación similar a la creada por los hermanos Castro a medido del siglo XX y que perdura con mayor énfasis en los primeros diez años del siglo XXI. El daño antropológico provocado por la revolución cubana a su pueblo es la atrofia a la que se refiere el destacado periodista cuando evaluaba el deterioro moral de Cuba colonial.

“La familia ha visto sus lazos aflojarse” escribió Gualberto y más adelante destaca como: “Una turba de aventurero ha aprovechado los días de prueba para corromper” y para explicar como el mal se había generalizado en aquella sociedad tal como ocurre hoy, escribe: “Los hogares que no han sentido la deshonra, de más lejos o de más cerca, salpicarlos, forman la feliz excepción que viene a confirmar la generalidad de la vergüenza”

La profundidad del mal en el sistema esclavista era afín al modelo de los Castro. Sin embargo, era ineludible la insostenibilidad de aquella abominable sociedad, como también llega a ser la dictadura cubana. Dice Juan Gualberto al respecto: “Se vive de prisa. (…) porque la situación es insostenible, porque el suelo esta minado y ya se sienten las trepidaciones de la lava del volcán, que pugna por estallar. Y para que todo sea triste, hasta la autoridad ha perdido la conciencia de respeto que a si misma se debe”

Aparecen ante nosotros nuevos argumentos históricos que pudieran servirnos como armas inteligentes para enfrentar a dictadura cubana. En las páginas que escribieron nuestros próceres están los pilares para fundar la nación del futuro. ¿Será posible? Si tomamos al pasado como referencia, fundaremos un país viable “para el bien de todos”.

Sunday, April 11, 2010

Oración para los muertos de Abril

(A la memoria de Bárbaro Castillo García, Lorenzo Copello Castillo y Jorge Luís Martínez Isaac, fusilados el 11 de abril del 2003 por órdenes de Fidel Castro)

Eran tres jóvenes negros como las noches de apagones. Habían vivido bajo vigilancia y golpizas. Hambre y prisiones. En el bullicio de una ciudad gigante que se los atragantaba como roedores nocivos, ( …) sin espacio precisos en la urbe. Eran chocantes al extranjero y peligrosos al policía. Inadaptados al CDR. Descarrilados para la UJC. Enemigos del pueblo para el partido. Bandoleros sin sueldo para los vecinos.

Ellos, no eran el reflejo del hombre nuevo y pocas veces fueron a la plaza. Preferían la algarabía de las calles y el tejado marchito de la Habana Vieja o los rincones protervos del solar y las largas colas de una cervecera. Tal vez, el hedor de los albañales perforados en la esquina del barrio o una tasa de café mezclado con leguminosa.

Pero tenían el sueño de ser libre del horror y el cautiverio. De la intriga y el miedo, la adulación y el cansancio. Deseaban renunciar al coro y bajaron los bancales en silencio complotados con el mar, el buen tiempo y una barca. Ocuparon la playa y la bahía. Tomaron el rumbo de sus muertes ansiando cruzar el golfo y alcanzar la otra orilla para secar su sed en la arena, caminar sin temerle al policía y cambiar sus vidas en el trabajo. Serían héroes de ellos mismos. Nuevos navegantes en el siglo de las computadoras. Adalides del mar y la bitácora. Aventureros del trópico y la desgracia.

En el camino soñaban con enviarles dólares a sus madres. Cartas a los amigos. Regalos a las novias. Blasfemias al tirano y a los cómplices de la barriada. Fotos en restaurantes famosos y de las playas libres del sur de la Florida o de sus autos del año (quien sabe).

Pero el infortunio le fraguó sus sueños. La nave, adoctrinada a navegar sus pocas millas consumió el combustible en la peor hora. Había que regresar y regresaron. Ya estaban dictadas sus condenas. Un 11 de abril del 2003 le descargaron ráfagas cortas de fusiles AK en sus pechos púberes cubriendo la sangre, el color ébano de sus cuerpos jóvenes.

Morían para evitar una guerra con Estados Unidos, dijo el comandante y lo ratificaba a pocas horas el canciller. Murieron por dictamen de palacio y sus muertes eran las partes del pastel que merecían, según palabras del propio gobernante quien se reunió con ellos antes de lincharlos.

La madre de Bárbaro Castillo, de apenas 21 años de edad, lloraba enloquecida por las calles de Francisco Guayabal, su pueblo natal, y gritaba con dolor “Fidel asesino” hasta perder la voz. Le cerraban las puertas las autoridades del partido de la zona y le decían “loca”. Los amigos colocaron una foto del chico y lloraron durante veinte cuatro horas mientras los jenízaros de Castro vigilaban la casa y su pobreza.

También la mamá de Lorenzo Copello, una negra obesa y cansada, mostró su desconsuelo, negándose a creer que su hijo hubiese muerto en manos de una revolución en la que había creído. Este crimen contra tres inocentes, incluyendo a su vástago, le permitió conocer la naturaleza asesina del castrismo y lo dijo mil veces arrepentida: “maldito Fidel, asesino, eres tú quien merece morir”.

¡Que horror! ¡Que crimen! ¿Dónde estaban los amigos de la vida? Esos que en las tribunas de La Habana carcomen nuestro idioma con consignas a favor del hombre y de un mundo mejor. ¡Que pena! Cierto, “se trata de tres negritos condenado por la furia del viejo tirano”. “Nuestro amigo”. “Mi amigo”. “Callemos por ahora”. “Hagamos silencio”, se dijeron Lucio Walker y García Márquez. También Benedetti y Galiano. La izquierda mundial militante y frustrada. José Saramago, el escritor ganador de un Nóbel, se conmovió en un principio con la condena y luego se retractó como una infanta temerosa al castigo seguro del régimen de La Habana.

¡Que Horror! ¡Que crimen! Y el silencio, cómplice de siempre, sepultó a tres inocentes en una fosa desconocida hasta hoy por la familia, mientras el mundo sigue igual. Si estos muertos fueran víctimas de Pinochet otra cosa sería. La prensa mundial lo destacara en sus titulares y las condenas al tirano serían en masa. Castro, este “dictador cómodo”, puede asesinar y luego es aplaudido. Hundir barcos con niños en su interior y ser absuelto del juicio de los pueblos. Derribar aviones civiles en pleno vuelo y luego ser considerado inocente.
¡Que horror! ¡Que crimen!

Friday, April 2, 2010

Del Silencio al Grito

En Cuba se está cocinando algo raro porque el hedor que emana de algunas declaraciones pone sobre aviso una sazón insípida en la dieta revolucionaria. Primero fue Pablo Milanés, quien desde hace mucho tiempo ha dirigido sus filosas palabras contra la vieja élite y sus secuaces ineptos.

El autor de Yolanda, El breve espacio en que no estás, Mis 22 años y otras canciones antológicas no desperdicia ninguna oportunidad para llamar la atención del mundo sobre el rumbo fallido de la revolución en la que había creído.

Acto de fe es la canción donde el cantautor hace una catarsis sincera sobre aquel proceso imperfecto, pero humano para él. Creo en ti porque dándome disgustos/ o queriéndome mucho/ siempre vuelvo a ti…Creo en ti/ porque nada es más humano/ que prenderse de tu mano/ y caminar creyendo en ti. Creo en ti/ como creo en Dios/ que eres tu. Que soy yo/ revolución.

Milanés, asumiendo un compromiso con la poesía y con su entorno sombrío, dejó de ser el embajador militante de aquella aventura simulada para convertirse, por suerte para él, en un vocero extra oficial del fracaso castrista. Y fue bien lejos cuando declaró que si Guillermo Fariñas muere el régimen cubano debía ser condenado.

La salsa revolucionaria se crispa ante una realidad inadmisible para algunos artistas que han visto todas las orillas de este mundo y saben que existe una alternativa mejor para sus compatriotas. La escritora Ena Lucía Portela, ganadora del premio Juan Rulfo 1999, ha dado el paso más seguro y valiente que se pueda esperar de alguien adscripta a las instituciones oficiales de la isla, como es la UNEAC. Su decisión de firmar una carta de condena al régimen cubano por la muerte de Orlando Zapata Tamayo, le asegura un lugar en la historia que hoy se escribe en la isla.

Ella lavó sus manchas, si es que las tuvo, con un acto cívico sin precedente al ponerse al lado de la verdad y arriesgarse en sostenerla. Era su tiempo y ha cumplido con coraje la misión asignada por su propia conciencia.

Luego aparece Silvio Rodríguez, con el aguijón ajustado como en sus días de Causas y Azares cuando declaro que debería quitársele la r a la palabra revolución. Quizás,… ahora, porque nunca es tarde, cuando la prisa toca a la puerta de las definiciones, tenga tiempo para preguntarse: yo no sé, yo no sé madre mía/ si me espera la paz o el espanto/ pues las causas me andan cercando/ cotidianas, invisibles. El azar se me viene enredando/ poderoso, invencible.

No sabría asegurar si le espera la paz o el espanto al autor de "Ojalá" por su atrevimiento, pero un poco de sosiego si deber tener. Al menos saltó el muro del contubernio y dijo mucho con pocas palabras.

Silvio es un perfecto oportunista, capaz de mirar desde el estrados a las multitudes tararear sus canciones y luego despreciarlas en el juicio político de sus patronos. Más de una vez motivó agudas reflexiones sobre aquel proceso político con sus atinadas canciones. Los jóvenes, de entonces, lo veíamos como una víctima más de la censura y de los excesos revolucionarios. Pero un buen día, como un pez sigiloso y débil, comenzó a removerse entre las olas dogmáticas de la revolución hasta colocar las adargas en las paredes del silencio y se hizo diputado, signatario de una carta para justificar el crimen y un empedernido defensor de la revolución.

Si la evolución es necesaria en Cuba, como lo cree el trovador, bienvenido al mundo de la verdad. Oremos por él, porque en su pobreza le faltó valor y hoy, del silencio al grito, ha querido decirle a sus fanes que vivió en el castrismo para sobrevivir. Lo debemos entender, el miedo es una enfermedad y sus fronteras no terminan con los pensadores.

Los artistas y letrados cubanos, que saben “dentro de la revolución todo” y fuera de ella nada, han comenzado a despojarse del miedo cerval que contagió a Virgilio Piñera en los días oscuros que siguieron a “Palabras a los intelectuales”. Hasta hoy aquella bestiecita infernal llamada censura mantiene atadas las amarras de la creatividad libre y pervive gracias a la turbación cómplice de los autores arropados en la UNEAC.

Ojalá, que a Pablo, Ena y Silvio les sigan otros. No debe sorprendernos, porque así ocurrirá.

Wednesday, March 24, 2010

Gloria Estefan y su mejor canción

Gloria Estefan, es una cantante que jamás ha renunciado a su cubanía. Basta con escuchar sus canciones y los acordes tropicales de su extenso cancionero. Ella y Emilio (su esposo) han glorificado, en la distancia, el nombre de Cuba. El mundo la admira y el régimen cubano le teme a su honestidad.

Ahora, con la magia de una heroína salida del pentagrama musical, ha citado con justa razón, a los cubanos del exilio a solidarizarse con las Damas de Blanco. Con esta convocatoria cívica Gloria ha comenzado a escribir su mejor canción.

El cancionero cubano siempre ha estado implicado en los grandes acontecimientos del país. Autores prodigiosos nacidos en Cuba, quienes admiran el encanto del lugar donde nacieron, han dedicado lo mejor de su creación artística a cantarle a las palmas, al mar, al azul de nuestro cielo y al carácter singular de pueblo cubano.
Gloria, quien abandonó su patria siendo muy niña, rememora, con canciones sencillas y acordes accesibles, aquellos sitios donde nacería (pensando crecer, vivir y morir) si antes no hubiera aparecido la siniestra aventura del castrismo.

“Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz” dijo José Martí y es muy cierto. Sin embargo, no todo somos capaces de captar un minúsculo sorbo de dignidad teniendo la posibilidad de hacerlo. La señora Estefan, comenzará a ser recordada no solo por su melodiosa voz, sino por su activo compromiso con la libertad de país que la vio nacer.

Wednesday, March 17, 2010

Todos Somos Cubanos

El asesinato por el régimen cubano del joven disidente Orlando Zapata Tamayo el pasado 23 de febrero y la huelga de hambre que actualmente mantiene Guillermo Fariñas Hernández, hace más de tres semanas en Santa Clara, han suscitado una serie de debates en el exilio cubano por motivo del origen racial de los implicados.

Algunas personas argumentan en diferentes partes del mundo, a través de los medios informativos, que los cubanos de piel negra son más valientes que sus compatriotas blancos y que el protagonismo de Zapata y Fariñas es un hecho heroico que solo los ciudadanos de piel oscura están dispuestos hacer.

Los que fundamentan estas intrigas desconocen al pueblo de Cuba y olvidan que a lo largo de nuestra historia, negros, blancos y mulatos, han estado unidos en defensa del país y contra todo tipo de injusticia.

José Martí y Juan Gualberto Gómez, Antonio Maceo y Carlos Manuel de Céspedes, Boitel y Zapata, entre otros tantos, son los mejores ejemplos para ilustrar, que antes discusiones estériles acerca del origen racial, ha estado el compromiso de todos los cubanos con los valores de la libertad.

Los que alimentan esas intrigas, insistiendo en separar a los cubanos por el color de su piel, están cometiendo un grave error cuyas consecuencias pueden ser lamentables para el futuro democrático de la isla.

La confrontación no es el camino para resolver el prejuicio racial que históricamente ha existido en Cuba. Sólo el entendimiento, que emana de una educación sostenible y moderna, puede convertirse en el vehículo que cambie la percepción de aquellos ciudadanos, que equivocadamente, crean sentirse superiores a otros por su origen racial.

Distinguir entre cubanos blancos y negros es una excusa lamentable e injustificada, sobre todo entre aquellos que luchan para salvaguardar al pueblo de Cuba del totalitarismo de los hermanos Castro. La dictadura cubana SI es racista y siempre ha tomado en cuenta el color ideológico de los ciudadanos, para luego actuar de manera cruel contra todos los que piensen diferentes, sin importarle su origen racial, credo y/o opinión política.

Orlando Zapata y Guillermo Fariñas son, por encima de cualquier particularidad de sus genes y fenotipos, cubanos comprometidos con la libertad de su patria, siendo capaces del mayor sacrificio, como en su momento lo hizo Pedro Luis Boitel

Wednesday, March 10, 2010

Lula y el silencio de los corderos

El anuncio del gobierno cubano, a través del periódico oficialista Granma, de dejar morir a Guillermo Fariñas, antes de ceder a las súplicas del disidente, demuestra el lado criminal del castrismo. Con la frialdad de un verdugo, acostumbrado a matar, advierten al mundo su decisión y con ello se lavan las manos.
Con la misma prontitud derivada de la complicidad, Ignacio Lula Da Silva, compara a la disidencia cubana con los bandidos de Sao Paulo. Esas declaraciones, además de crueles y extemporáneas, son un signo catártico que desnuda la naturaleza inhumana del presidente brasilero, en el cual muchos confiaron como un posible facilitador y ahora quedan decepcionados por su parcialidad con el régimen cubano. Si penosa es la reacción de Raúl Castro, bochornosa y lamentable resultan las declaraciones del presidente de Brasil.
Pero ¿que podíamos esperar de Lula, quien se ha convertido en un hechicero para encantar al mundo, mientras vive ocultando su lado sombrío?. El ex líder del partido de los trabajadores del país carioca pertenece al grupo de elegidos que creen, con absoluta firmeza, en la posibilidad de desmontar el capitalismo desde el ideario gramsciano cuando, hace algo más de veinte años, fundó junto a Fidel Castro, el Foro de Sao Paulo, una "segura" avenida de acceso al poder de la extrema izquierda.
La izquierda es militante y solidaria. Lula, como un respetable representante de ella, siempre lo ha sido. Ahí está el caso de Zelaya en Honduras para demostrarlo. Con el tema cubano, Brasil mirará siempre por los ojos del régimen. Por ello ha optado, como decisión política, no discutir con nadie en público el tema de los derechos humanos en la isla.
Si Fariñas muere es culpable, en primer lugar, el régimen castrista, que no accede a modificar sus errores por la empecinada ridiculez de no ceder a nada aunque hayan muertos de por medio. En segundo lugar Lula, porque sus declaraciones anticipan una justificación a la actitud de La Habana ante la opinión pública internacional. Los terceros responsables serán, aquellos que pudiendo cambiar el curso de los acontecimientos guardan sus lenguas debajo de los calzoncillos como lo hace el presidente del gobierno español José Luís Rodríguez Zapatero.
¿Por qué las autoridades cubanas se muestran impasibles ante la muerte de Orlando Zapata, hace unas pocas semanas, y el posible fallecimiento del licenciado Guillermo Fariñas? La revolución cubana tiene una larga historia de crímenes alevosos desde los días de la Sierra Maestra. El propio Ernesto Che Guevara, narra en su libro “Pasaje de la Guerra de Guerrilla” como se realizaban juicios sumarios en las montañas de Oriente y luego eran ejecutados jóvenes rebeldes, sin derecho a defensa alguna, por faltas menores como robar una lata de leche condensada. El guerrillero argentino llegó a creer que los guajiros fusilados pudieron haber estado al lado de la revolución si no hubieran confundido aquella gesta revolucionaria como una aventura de bandidos.
En enero de 1959, en la antigua provincia de Camagüey, Fidel Castro fue informado, mientras conversaba con unas monjitas de un convento de la ciudad, que quedaban algunos focos de resistencia en el territorio. La respuesta del joven comandante fueron contundente: “Captúrenlos, háganles un juicio y fusílenlos”. Después, a lo largo de toda la isla, movilizó al pueblo para justificar los asesinatos de los antiguos activistas de la dictadura anterior. “Paredón, paredón, paredón”… era un exclamación casi unánime salida de las gargantas del confundido pueblo cubano que, cautivado por el hechizo de Fidel Castro, apoyó la ejecuciones de cientos de compatriotas.
El asesinato de Arnaldo Ochoa en 1989 y otros tres altos oficiales de las Fuerzas Armadas revolucionarias y el Ministerio del Interior, por órdenes del alto mando del país, dejó como lección la soberbia implacabilidad del régimen hasta con aquello que hicieron la revolución.
El 11 de abril del 2003, por orden expresa de Castro tres jóvenes negros fueron condenados a muerte por intentar alcanzar las playas del sur de la Florida, convirtiéndose este hecho en una de las mayores alevosías del castrismo. Ante la crítica de muchos gobiernos del mundo, el entonces canciller, Felipe Pérez Roque, respondió que habían sido ejecutados para evitar una guerra con los Estados Unidos.
Un hecho sorprendente, además, es que los últimos cuatro asesinados en Cuba han sido jóvenes negros. Sé, porque lo sufrí en carne propia, cómo reaccionan los gendarmes de Castro contra los opositores de piel oscura. Zapata y Fariñas con su piel de ébano, su gallardía y la inteligencia son atascos para el régimen y lo prefiere muerto aunque sobre su arrogancia caiga el peso de su culpa.
Es hora de advertirles a los hermanos Castro, a Lula, a Zapatero y a todos aquellos coadjutores del crimen en Cuba que la memoria de los pueblos nunca muere.

Monday, March 1, 2010

La impotencia ante la muerte de Zapata y el silencio español

Todo parece indicar, que los gritos del sufrido pueblo cubano todavía no se escuchan en el cielo. Sin embargo, el susurro grotesco del jactancioso criminal régimen cubano cubre las portadas de los diarios mundiales. Así, de simple son las contradicciones de este mundo, donde los intereses son para algunos muy importantes y están por encima de valores humanos.
Ha muerto en Cuba Orlando Zapato Tamayo. A decir verdad, el impacto mediático de su fallecimiento alcanzó todas las orillas de este mundo. Sin embargo, se quedaron impotentes los apasionados de la libertad y en silencio los cómplices de siempre. La rabia me dominó y al rato estaba sentado evaluando mi incapacidad para alcanzar el camino del regreso a Cuba. Escribí varios emails a políticos y de algunos respondieron: “muchas gracias por la información”. Claro, la muerte de un compatriota siempre será una gran noticia capaz de cubrir titulares en el corazón de los cubanos que luchamos por la libertad de la patria y pocas veces es un hecho trascendente para los políticos que prefieren callar a la injusticia.
España, por culpa del actual gobierno, carga en sus espaldas el peso de la mayor complicidad con la dictadura cubana. Su empecinada actitud de abrirle espacio al totalitarismo en Europa tiene, claro está, raíces ideológicas.
Se olvida Zapatero de los lazos culturales y afectivos que existen entre dos pueblos hermanados en la historia y se aferra a un solo lado, lamentablemente, al de los hermanos Castro. España mira a Cuba desde el prisma de régimen y en sus aturdidas improvisaciones comete un crimen singular de guardar silencio sobre las violaciones a los derechos humanos en la isla.
La muerte de Orlando Zapata para los actuales gobernantes españoles es un pequeño error del régimen cubano que debe tratarse de manera tibia para no enturbiar las excelentes relaciones bilaterales entre los dos países. Es una pena que tales conductas se asuman contra la más prolongada dictadura que ha sufrido occidente.
Caben muchas preguntas. ¿Actuaría Zapatero y su séquito del PSOE de la misma manera con Pinochet en Chile o Trujillo en República Dominicana? ¿Se fotografiaría el canciller Moratinos con los militares argentinos que enlutaron a ese país austral? ¿Guardaría silencio el gobierno español de haber sido Orlando Zapata uno más de los asesinados por la desaparecida dictadura uruguaya? ¿Por qué tanta inmoralidad y dobleces de La Moncloa con las autoridades cubanas? ¿Cómo se pueden entender los raseros de prerrogativas que instituyen para los hermanos Castros tan lejos de otros que se fundamentaron para aquellos gobiernos dictatoriales que existieron en Latinoamérica?
Los intereses españoles en la isla son tan importantes para el gobierno de Zapatero que prefiere el mutismo antes que condenar la muerte de un joven activista por la democracia en Cuba. Esa actitud cobarde y de abierta complicidad tendrá su costo político en el futuro. Recuérdenlo bien, Moratinos-Zapatero, las memorias de los pueblos nunca mueren.
No queremos que España decida sobre el futuro de Cuba, pero sí es una responsabilidad moral, que los demócratas de ese país y de cualquier otro sean aliados del respeto al derecho a la vida.
Al menos, si lo hubieran hecho en este momento tan especial y triste, quizás no comparecieran al juicio de la historia como compinches de una dictadura que les ofrece como ventajas lo que le niega a su propio pueblo.

Thursday, February 18, 2010

Realismo Vs Pesimismo

Un catedrático cubano de la Universidad de Miami me confesó hace unos días su pesimismo sobre Cuba. Basaba sus argumentos en tres aspectos muy bien fundados.
El primero se refiere a la prolongación del castrismo como doctrina política en la mentalidad de los cubanos y la apatía generalizada entre los ciudadanos que residen allí. En la segunda hablaba del cansancio de muchos en ambas orillas y en la última argumentaba del papel burlesco de todos los gobierno estadounidense desde 1959 hay hoy.
Considera el académico al castrismo como una efervescente analogía con el sectarismo religioso, cuyo fundamentalismo se inspira en la vigencia de Fidel Castro en la vida del cubano, donde estos veneran al líder por ciertos atributos que desde su imaginario han alcanzado gracias a él.
El cansancio, según opina el profesor, proviene a aquellos cubanos que han visto pasar el tiempo y muchos han comenzado a dejar este mundo sin que nada cambie en Cuba. Esa forma de deponer las armas, le permite al régimen consolidar las posiciones con Raúl Castro en el Palacio de Revolución, quien percibe la debilidad de sus adversarios y aprovecha las fisuras internas en los disidentes y opositores, de todos los lados, para apuntalar el continuismo. Preparar al clan familiar para los desafíos asociados a la desaparición de los líderes históricos, es una misión a la que el menor de los Castro dedica apasionadamente su tiempo. Ya han comenzado a familiarizarse con el entorno del poder y se sienten tan cómodos con el tío y el papá
También considera un agotamiento gradual e irreversible en las fuerzas democráticas dentro de la isla, porque los más conocidos disidentes sobreviven bajo techo haciendo declaraciones y denuncia, y a la misma vez, se van posicionando de cierta complacencia donde el régimen ni ellos advierten peligros de supervivencia.
La intolerancia del régimen también salpica a los viejos disidentes que se oponen a todas las iniciativas nuevas. Se sabe que más de una vez han criticado las acciones cívicas de Antunez en las calles del país, arremeten contra la FLAMUR por su campaña con La Misma Moneda y llaman loco a Biscet.
Sobre el papel de Estados Unidos, el profesor se suma a las voces que llevan años indicando un cambio de estrategia para convertir la solución en un tema exclusivamente cubano, con la ayuda del mundo. Si la ecuación Cuba-USA se sigue tomando en cuenta, los gobernantes de la isla se acomodaran a esos eventos que siempre le han favorecido.
Estoy de acuerdo en los tres aspectos y añadiría tan solo una pequeña cosa. Mientras los cubanos no nos demos cuenta que la solución pasa por un consenso entre todos (gobierno, oposición y exilio), sin intromisión de ajenos, estaremos en este lado del mundo haciendo las mismas cosas hasta que el cansancio y la muerte se ocupe de hacer su parte.
Analizar la realidad cubana con crudeza no indica pesimismo alguno. Hay que encontrar nuevas variables para poder ponderar al ciudadano en la isla que es, en definitiva el verdadero agente de cambio.

Thursday, February 11, 2010

Los intelectuales de atuendos y argollas

“Los intelectuales no llevan corbata”, me dijo hace cuatro años un profesor de la Universidad Eau Claire en el estado de Wisconsin. Yo le respondí “eso piensan los sindicalistas, también los enemigos de la elegancia”. Claro, era una insinuación infeliz para que me despojara de la prenda que horas antes me había regalado mi gran amigo, el Dr. Vidaillet.

Ciertamente, en las tres conferencias que impartí yo era una nota discordante. Los alumnos vestían cómodos vaqueros, calzados ligeros y puloveres alegóricos a sus intereses más cercanos. Los profesores combinaban chaqueta con pantalones de diferentes colores y solo mi anfitrión llevaba corbata. No sentí desagrado por aquello, tampoco me preocupó que para algunos no fuera un intelectual.

Pensándolo bien, los códigos tienen sus significados y por eso existen. No me extraña entonces el uniforme de los revolucionarios guevaristas haciéndose notar entre las multitudes de impacientes piqueteros rompiendo las vidrieras de MacDonald en Buenos Aires. Tampoco los pañuelos rojos y negros cubriendo los rostros de jóvenes conjurados frente a los eventos donde asisten los líderes mundiales. Aun me extraña menos, ver a muchos profesores parados en el estrado de un aula hablando de democracia o economía con un atuendo progresista para ser apodado intelectual.

Lo que me inquieta es el silencio de aquellos que temen ser criticados por eso y dejan colgadas en los armarios sus corbatas para irse a las tribunas del mundo con el parche de erudito. Este credo es común y hasta necesario para los que vician la informalidad del hombre de ciencia. Si. Lo justifica el hecho, el simple hecho, de una creencia muy vieja donde los hombres de sabidurías se preocupan por todo menos por ellos. Existen muchos ejemplos. En algunos, se da el caso, que llegan hasta perder el sentido de la distinción personal por medir cuanto ven y tocan (ciencia es medición) y luego dejarse calcular los silos de intelectualidad.

Debo volver a un punto desde donde varias veces me ven obligado a partir. El progresismo es gramsciano y los gramscianos hablan hasta más no poder del intelectual orgánico y comprometido con los grandes problemas sociales, cuya visión crítica de la sociedad es una responsabilidad moral. Para tener credibilidad como liberal hay que ser muy pudoroso y tener recato. Solo así se puede impactar a muchas personas en este mundo.

En Europa, esos gravámenes tienen ciertos moldes que se repiten de un país a otro. En América Latina también. En los Estados Unidos cambian de acuerdo al perfil de las universidades y la orientación ideológica del profesor.

La ideología y el puritanismo conservador de los intelectuales de derecha tienen en Mario Vargas Llosa un ejemplo de elegancia y madurez. Su antípoda, el uruguayo Galiano, se deja cobijar por los estigmas progresistas del momento. No deja de ser importante, aunque parezca superficial, los hábitos del vestir de una manera u otra.

Sucede, como tendencia general, que la moda se repite cada cierto tiempo pero permanece casi intacta en los intelectuales.
El cineasta cubano Alfredo Guevara, apega a su oportunismo militante, una forma de vestir particular para distinguirse entre sus homólogos. Lo mismo sucedía con aquel poeta que hablaba de cosas gloriosas dentro de la revolución cubana y solo encontraba espacio en su cuerpo para usar guayabera.

Los tiempos hablan por si solo y los letrados lo saben. Tal vez, por eso algunos intelectuales esgrimen impresionar al aprendiz por el atuendo y las argollas.

Friday, February 5, 2010

Ahora y el tiempo

Ha pasado enero y el 2010 corre a una velocidad fugaz e inalcansable. El hombre divide el tiempo a su antojo. Sin embargo, es incapaz de deternerlo. Por regla general, existe una tendencia humana a planificar todo mirando hacia el futuro y tomando como referencia el pasado. Es muy inteligente. Por eso creo en el poeta cuando dijo:… “del árbol la parte que mira al cielo”, la más alta de las ramas representan la mañana.
Percibimos el tiempo los cubanos de la misma manera que un estadounidense? Esta pregunta me la acabo de hacer. Justamente cuando conversaba con un joven nacido en Mississippi que tenía la obligación de limpiar la casa de su mamá, hacer unas gestiones para ingresar en una Universidad, donde espera terminar su master, cumplir con las responsabilidades de padre, esposo y tal. Mientras limpiaba sostenía una amena conversación conmigo, atento al reloj, velaba por la calidad de lo que hacía y prestaba atención a cada una de mis palabras.
Lo hizo todo muy rápido y bien. Se lavó las manos y fue directo a la computadora. Mientras trabajaba, llamó a algunas personas por teléfono y a la vez, rechazó otras tantas llamadas. Cuando no deseaba hablar con alguien, decía: “I’m busy, I’ll call you later” (estoy ocupado, te llamo luego). No le hablé más. Mi tiempo era diferente al suyo, no tengo la misma presión. Me senté en la computadora, chateé con un amigo en España y también (lo cual hago con el mayor gusto todos los días) escribí mensajes de amor a una mujer.
En Estados Unidos todos aprenden a tener una noción muy estricta del tiempo porque muchas cosas se miden a partir de él, sobre todo las distancias y la experiencia. No es una simple exigencia, ni un orden establecido para alcanzar el éxito, es una forma de responder al tiempo real por la premura con que éste pasa por la vida de todos. Yo lo entendí hace muy poco, aunque la Biblia asegura que “todo tiene un tiempo bajo el sol”, me percaté que usarlo bien es una inversión importante.
Regy, un amigo estadounidense que vive en Hernando, una ciudad pequeña muy cerca de aquí, me envió un mensaje con algunas sugerencias para el año en curso. Las leí varias veces y casi todas tienen implícito el uso del tiempo. Le respondí dándole las gracias. También me hice la promesa de administrar bien el mío. Algunos de mis planes, en fin de cuenta y con vista al futuro, casi seguro que voy a cambiarlos porque no tengo tiempo que perder.
El viejo slogan gringo “Time is money” (el tiempo es dinero) es una realidad tangible porque si uno no gasta tiempo en algo útil jamás tendrá dinero. Sin embargo, gastando tiempo solo por el cash un día descubrimos que la vida pasó por nosotros sin dejar huellas de felicidad.

Jackson, Mississippi.

Tuesday, January 26, 2010

Se habló del Racismo en Cuba

Tarde, pero al fin de cuenta, se vieron obligadas las autoridades cubanas a reconocer el racismo institucional en la sociedad cubana. Hablaron en la televisión nacional del asunto y en las calles se especulaba en estos días que los “prietos” van a estar mejor. Los chistes no se hicieron esperar. Uno de ellos habla de “un negro al que le dan mucho poder en la isla y escoge como sus colaboradores más cercanos, desde los escoltas hasta la secretaria, a personas blancas”. Ya comentan que en el próximo congreso del PCC un “Niche” será el jefe del partido o tendrá uno de los cargos absolutos que hoy ocupa Raúl Castro. También se comenta en las calles de la isla que hay que buscar mejores ejemplares de la raza para llevarlos a la nomenclatura porque Esteban Lazo no es digno de ella por deslucido y villano.
Sea cuales fueran los reacciones de los cubanos, lo cierto es, que esas críticas, al problemas racial en un medio de comunicación en la isla, no emanan porque las autoridades le preocupe como viven y sufren los negros. No, el asunto ha tomado dimensiones mayores dentro del país desde que El Centro para el Entendimiento de los Afro Descendientes Cubanos (CUCAD) lograra, por primera vez, sensibilizar a los lideres afro norteamericanos sobre la realidad racial en Cuba. Jemes Meredith, Charles Evers y otros líderes históricos del movimiento de los derechos civiles en Mississippi, fueron los primeros que hablaron en voz alta del asunto en Estados Unidos. El Dr. Meredith, lo hizo en un histórico intercambio con más de cien opositores en La Habana, a través de una teleconferencia, donde le ofreció su solidaridad y les prometió educar al pueblo estadounidense acerca del lastre racial en Cuba.
Luego, de esto hace muy poco, el Dr. Carlos Moore, un prodigio intelectual cubano, radicado en Brasil, consiguió a un grupo de destacadas personalidades para anunciar y denunciar la profundidad del racismo en Cuba. Las autoridades saltaron de histeria y algunos negros “bien conectados” con el poder respondieron con los mismos improperios que expresaban los supremacistas blancos del sur de Estados Unidos cuando se le criticaba por los actos criminales y la segregación.
Ha sido un primer paso. Los siguientes son las más difíciles. Ya veremos si los cambios estructurales de Raúl comienzan saldando la deuda histórica con los negros cubanos. ¡A empujar la carreta caballero!

Mi Mal pronostico

“Me equivoque, cualquiera se equivoca…”, dice el estribillo de una popular canción cubana. Sí, porque la semana pasada profesé que Jaromil, el personaje de la novela de Milan Kundera “La vida está en otra parte”, terminaría ceñido por la poesía para salvarse él y a su propio país. Su suerte, sin embargo, fue la continuidad, hasta la muerte, con los dogmas en los que creyó. Al menos es válido morir defendiendo lo que se ha creído durante toda la vida. Mi optimismo lo vi frustrado al llegar al final donde el joven poeta decidió morir buscando la gloria apegado a la creencia de un futuro mejor. Ahora bien, el propio Kundera me justificó “Todas las previsiones se equivocan, es una de las escasas certezas de que disponen los seres humanos”.
De inmediato puse en mis manos otro de los libros que esperaba su turno. Como le prometí es del mismo autor. Se titula La Ignorancia y fue publicado en francés, algo que molesta al lector checo, porque Kundera sus últimas obras literaria las ha escrito en el idioma del país que lo acoge hace varios años.
Aquí la historia me toca de cerca. El exilio y el contraste cultural. La ausencia de seres querido por ideas políticas y doctrinas ideológicas. La vida del inmigrante con sus lados buenos y oscuros. Los familiares que quedan atrás, los amigos, la comida, la música… los que se mueren sin poder tan siquiera llorarlos (…) y la patria, como un todo, con sus simboles marchitos por la afrenta.
El regreso, un anhelo permanente del exiliado, cuando ya el socialismo resquebrajó sus muros, es un desafío inesperado. Todo ha cambiado, mejor dicho, todo lo han cambiado por otras dimensiones menos humanas. Aquellas huellas hablan por sí sola de la arrogancia vacía y del fracaso de los promotores de un futuro mejor. En cada una de las escenas veo las mismas imágenes de cualquier cubano en la diáspora porque los exilios involuntarios son también tragedias.

Friday, January 22, 2010

Leyendo a Kundera

Estoy leyendo “La vida está en otra parte” una excelente novela del escritor checo, nacionalizado francés, Milán Kundera. Las páginas finales me hacen sentir ciertas nostalgias. A pesar del deseo de terminar el libro, porque me esperan otros del mismo autor, siento que termine una historia llena de imágenes hermosas y mensajes gloriosos. Un libro bueno, es aquel que el lector no quisiera terminar jamás. Pero las historias cuando se cuentan tienen siempre un final.
Kundera escribe acerca de algo muy simple en un lugar complejo, donde los sitios comunes no cambian y siguen llamándose Praga, Vltava, Puente de Carlos o Plaza Vieja. En los alrededores hay bosques, ríos, niños, mujeres, libros, pintores, museos, (…) pura vida. El orgullo checo se impone al credo leninista y las ciudades se resisten a perder sus encantos. Los hombres y mujeres de ese país, son los protagonistas en el libro, porque ellos viven en todas las palabras que utiliza el escritor. Los grandes pueblos siempre hacen su historia.
Jaromil, es un joven checo que nace en medio de la tormentosa sociedad totalitaria que vivió ese país centro europeo. Crece en ella y se involucra con el corazón y la poesía. Se convierte en agitador del futuro que solo es posible en el socialismo, según creía, y encuentra su primer amor detrás de las cortinas de la incertidumbre. Era culto, muy culto porque un pintor amigo que lo amaba (y también a su madre, pero en la cama) le enseñó el camino abstracto de lo hermoso y las composiciones difíciles del arte verdadero.
Sus primeros amores fueron imaginarios. Los reales tenían un sabor diferente a la sirvienta que miraba desnuda en la bañadera. Y creció con miedo e inseguridades. Escribía sus poemas intentando trascender a la inmortalidad, porque los grandes hombres aspiran a la gloria.
Su padre, un ingeniero notable, murió en un campo de concentración y Jaromil, con justa razón, lo hizo su héroe, sembrándole en el corazón de su madre un monumento eterno a su valor. Allí pudieran estar las razones que le hicieron buscar el camino para cambiar el mundo, pero era poeta. Los poetas ven luces y sombras en todas partes. Son inconformes y revolucionarios. La estática no tiene espacio en su métrica (incluso en aquellos poemas con rimas) y la volatilidad de los versos los lleva por los infinitos espacios de la imaginación.
Jaromil, tropieza, por fin, con las interrogantes que se derivan de la inteligencia y entra en contradicciones con la inmediatez de su entorno. Entonces, sus poemas, se convierten en puñaladas punzantes contra aquellos signos que buscan cambiarlo todo desde la ideología y el poder.
Ya les contaré el final porque estoy próximo a devorar las últimas palabras. Sin embargo, una premonición cómplice me anuncia que el poeta salvará a la poesía del encierro torcido que consiguen los dogmas y con ellas al país. Y (…) logra salvarse con sus versos.
¿Por qué escribo de estas cosas que solo son posibles en los poetas? (… ) Mi vida también está en otra parte.

Friday, January 15, 2010

Gramsci en América. Razones para el Pesimismo

En Estados Unidos existe un optimismo y una euforia confusa desde la histórica noche en que Barack Obama ganó las elecciones del 2008. Ese día se visualizó un fantasma oculto durante décadas en las academias, en las legiones frustradas de intelectuales, en algunos grupos de ciudadanos insatisfechos y carentes de identidad y en muchas universidades, cuya apología a la igualdad y a la justicia social, les permite emprender ataques virulentos contra su propio país.

No es casual, viene trasnochando en el silencio hace tiempos y se ha instalado detrás de los muros constreñidos donde las grandes instituciones culturales y los medios de comunicación repasan diariamente los sucesos más importantes del mundo y Estados Unidos. Existe, como una suerte de espera y con la paciencia de quien asegura atrapar a su presa sin demostrar los límites del agotamiento.

Es un complejo silente de acciones coordinadas desde abajo que subsisten en los intersticios de la polémica y en los círculos del radicalismo militante. Desde allí, se adecua para ocupar un espacio en aquellas contiendas donde, supuestamente, se defienden los derechos del ciudadano estadounidense. Esa tendenciosa maniobra ideológica se está perpetuando en los espacios más sofisticados del sistema estadounidense y su militancia comienza de una manera aparentemente candorosa y sutil, mediante el reproche abierto al modelo sociopolítico y con una mayor habilidad para criticar los manejos en la política domestica e internacional de Estados Unidos. Estos sombríos actores del idealismo socialista, han comenzado a edificar la escalinata que los eleve a la gloria del poder.

Hasta hace muy poco existían de manera disimulada y sus miembros acuden a todos los eventos de importancia para hacer una diferencias en los puntos de vistas, que en la democracia son validos, para contradecir y/o oponerse a la tradición del debate o para encausar una alerta a los nuevos desafíos de la lucha ideológica. Son pensadores Gramscianos que creen en el carácter “orgánico” y militante del intelectual, cuya actuación debe ser oportuna y directamente conectada con la acción social y la reflexión crítica.

Tienen una visión progresista del mundo y encuentran en estas avenidas la única alternativa a los problemas globales. Detestan a todo intelectual que habita dentro del conservadurismo, poniéndole traspié hasta en las academias de los premios notables

Pero al partir de esas creencias humanistas y revolucionaria, que intenta proveer aliento a los desposeídos para embarcarse en el esfuerzo de cambiar la historia, me producen miedo, mucho miedo. Para ellos Gramsci y Che Guevara son modelos perfectos de revolucionario, porque sus idearios sustentaban la justicia social y la equidad.

Aquí radica el peligro y lo intentaré explicar con breves palabras: El proyecto revolucionario cubano parecía convertirse en la revolución verdadera, cuya acción voluntaria de un pueblo entregado a cambiar su destino, sería capaz de superar la injusticia y crear un orden basado en la igualdad. La revolución bolchevique, por su parte, fundamentó la creencia que el mundo cambiaría con el “acceso” del pueblo al poder y las campanas del “Aurora” llegaron a magnetizar los más recónditos lugares del planeta. La Europa central y oriental, casi en bloque, escalaron el tren del socialismo real con la ilusión de ponderar la esperanza y la oportunidad en sus pueblos. En China, Viet Nam y Corea del Norte la cultura ancestral de sus pueblos parecía universalizar la esperanza bajo la égida del comunismo. En Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, donde el “Socialismo del Siglo XXI” se adjudica de manera absoluta la creencia de ser el mejor camino para superar más de doscientos años de exclusión, se intenta recapitular la práctica de un modelo social centralizado.

Los ejemplos de países con modelos de control sobre la voluntad de los ciudadanos han quedado a la zaga del desarrollo social, económico, político y científico técnico. Sin embargo, los “gramscianos” en Estados Unidos y el mundo tienen el mérito del optimismo, porque insisten, con métodos novedosos y atractivos, destruir desde adentro al capitalismo para edificar una “sociedad perfecta”.

Mi temor se justifica, además, porque el entusiasmo global que el mundo disfruta con Barack Obama en la Casa Blanca, es para los seguidores de Gramsci una excelente oportunidad para espolear sobre el capitalismo y particularmente contra la democracia estadounidense y los valores de su sociedad.

Monday, January 11, 2010

Las medidas de Obama y la apatía de La Habana

BBC mundo publica hoy un artículo acerca de las promesas cumplidas e incumplidas del presidente Obama. Sin dudas, fueron muchas los ofrecimientos electorales del primer presidente negro de Estados Unidos: el cierre de Guantánamo, el fin de la guerra en Irak o el cambio de política hacia Cuba, dentro de otras. Esta última, indica el diario digital inglés, ha sido consumada de manera rápida y efectiva, salvo el gran problema: el embargo.
Obama, en mi opinión, desea tomar medidas unilaterales hacia la isla, pero esperaba, a la vez desde La Habana, respuestas concretas que permitan ver la voluntad de las autoridades cubanas en materia de derechos humanas y libertades civiles. El silencio de siempre y el inmovilismo turbulento han sido las señales desde Cuba.
Raúl Castro, quien más de una vez ha enviado ramos de olivo a Washington, al parecer se encuentra atrapado entre los golpecitos de espalda de su hermano mayor y los gritos desesperados del pueblo cubano. Sus respuestas políticas y en asuntos económicos siguen las pautas del viejo comandante, que en el lecho secreto donde espera morir, con la escolta de siempre, mueve los resortes del poder con las mismas manías obsesiva con que gobernó. El compartimiento de Raúl, en tal sentido, desmiente aquella frase suya que se hizo famosa en el pueblo cubano: “Primero los frijoles antes que los cañones”, en mención a su interés por satisfacer las necesidades de alimento en la isla
Nada ha cambiado en la isla con el hermano menor del comandante. La represión ha aumentado. Los presos políticos también (Y) aquellos espacios de discusión, que el general convocó, son ternos de alguien que al proponer decir la verdad parte de reflejos supuestos y malintencionados.
Yo trabaje en una propuesta de política hacia Cuba desde el Instituto Brookings, con un grupo valioso de intelectuales, políticos y académicos que deseamos sugerir cuales pueden ser los posibles escenarios para acercar a los dos países a un entendimiento sin traumatismo para sus pueblos.
Encontramos que en Washington, rige la buena voluntad por parte de la administración que preside Obama. En La Habana, reina la retorcida apatía de un clan de anciano consejeros del fracaso, quienes saben que no es prioridad del presidente norteamericano los problemas de la isla y ante esa realidad ganan terreno para consolidar el liderazgo de Raúl en la víspera de la desaparición de Fidel.
Los eventos obligan a diseñar una alternativa cubana (y entre cubanos) para terminar tantos años de inmovilismo e incertidumbre.

Sunday, January 10, 2010

La libertad en Cuba. Transmutación de un Concepto

“Nos hace falta libertad intelectual para
afrontar nuestro fracaso”
Federico Jiménez Losantos

La guerra por la independencia de Cuba contra el sistema colonial esclavista
español sostuvo un slogan significativo por parte de las fuerzas pro
emancipación: Viva Cuba Libre. Aquella expresión se emitía cuando la libertad era solo un atributo exclusivo para todos los colonialistas españoles y para los criollos. La sociedad, sometida al orden monárquico por voluntad de España, se sostenía por la rigidez de la esclavitud. Sin embargo, la pretensión de ser libre a Cuba dio lugar a creer en la libertad como un hecho consumado cuando en realidad se luchaba por ella.

Pudieran estar aquí los orígenes de un serio problema de la sociedad cubana actual donde la libertad es el signo que menos se visualiza y se acentúa en el comportamiento de los ciudadanos, a pesar que la mayoría expresa y se atribuye la idea de ser libre, gracias a la revolución. La realidad es que, una sociedad totalitaria está contaminada por la cultura del miedo, la persecución por motivos de ideas y/opinión política y la censura a todas las diferencias del cuadro referencial que es el ideario del máximo líder. Las expresiones de libertad revelada por esa mayoría no es una muestra valida del respeto a sus derechos, cuando no pueden opinar, reunirse libremente, viajar dentro y fuera del país sin autorización del Estado, informarse por su cuenta y decidir el rumbo de sus vidas. El efecto de estas limitaciones a la libertad ha provocado un daño antropológico en los cubanos de incalculable profundidad, cuya reparación tardará un tiempo prudencial en corregirse, una vez que el país se oriente hacia una sociedad abierta a todas las oportunidades de la democracia.

El totalitarismo en Cuba acaba de arribar a medio siglo de existencia con un sistema particular. En este modelo, el concepto de libertad ha sido transmutado por el gobierno de una manera especial. El estado socialista se imputa la responsabilidad sobre cada ciudadano y la de su comportamiento afín a los designios del régimen. Esta relación del poder con los subordinados se considera la expresión de mayor autonomía individual en la historia del país.

Si bien el concepto de libertad (a pesar de las diferentes interpretaciones que ha tenido a lo largo de la historia por diferentes escuelas filosóficas) acepta la facultad de todos los seres humanos de decidir sus propias acciones según sus procesos volitivos e inteligencia, en Cuba, se interpreta como un atributo exclusivo del proceso político, que es dado a los cubanos si estos pactan un compromiso moral con los principios dogmáticos del sistema.

El examen de la libertad enfrenta serias contradicciones en todas las sociedades por la necesidad de establecer procedimientos que regulen la vida de los ciudadanos. El diseño de códigos, normas y criterios tutelan el comportamiento en cualquier país del mundo y son imprescindibles para la existencia dinámica de una sociedad. La particularidad de Cuba es que las normas se establecen a partir del punto de vista ideológico y político de una nomenclatura unipartidista que no admite cuestionamiento ni ofrece parte del espacio público a otras variantes de pensamiento.


Libertad desde arriba

La mejor manera de medir la eficiencia de un sistema político es cuando estos asumen el compromiso de respetar los derechos del individuo y las diferentes opiniones entre los miembros de una sociedad. La independencia para asumir las ideas en las que se creen y el consentimiento para realizar aquellas acciones convenientes son el signo visible del respeto al derecho del otro.

En Cuba ocurre lo contrario: una casta de elegidos logra sostener una estructura de poder que se instituye mediante el ejercicio de una atracción represiva que tabula al individuo para coartar su independencia y limitar su libertad. El proceso indica donde tienen ubicación cada uno de los ciudadanos y como deben expresarse las relaciones entre ellos.

De esa forma se ha consumado una reinvención de la libertad, no solo como concepto, sino como acción, porque va a existir cuando se ofrece al pueblo desde la cúspide del poder y de la manera que es interpretada por la autoridad totalitaria. Eso indica, que se imprime un catalogo con los deberes básicos del individuos ante al orden político sin aparecer por ningún lado la presencia del respeto a los derechos, donde la fidelidad incondicional a los gestores de su “libertad” debe ser premisa para gozar de los restantes atributos.

La “libertad” se otorga a cada persona cuando su cercanía con el dogma político lo hace merecer esa condición y se margina a todos los que, por razones de sus ideas y/o opinión política, discrepan. Pero no es una verdadera libertad por el simple hecho de estar condicionada por quienes asumen el papel de tutores.

Explíquemelo con un pequeño ejemplo: un padre tiene bajo su autoridad a tres hijos y una esposa. La armonía de ese grupo social esta determinada por el conjunto de las ideas e interpretaciones del mundo de quien se impone como el eje central de este núcleo. Si algunas de sus exigencias son rechazadas el castigo es la respuesta adecuada para mantener el mandato. Las normas de convivencias estrictas limitan las relaciones con los vecinos, las opiniones de los hijos y condicionan el pensamiento al ideario impuesto por el padre. Cuando uno de los chicos opta por actuar independientemente, separado de los principios educativos de la familia, es expulsado del hogar, desacreditado con epítetos degradantes, castigado físicamente y expuesto de manera obligatoria al desprecio de los demás integrantes de la familia.

La subversión de en los conceptos

La sociedad cubana es vertical y desde la máxima altura se impone una voluntad que jamás puede ser cuestionada y llega a determinar variaciones en el contenido de las palabras. Por eso se explica que aquellos conceptos asociados a la libertad son considerados subversivos y amenazantes al sistema. Tal es el caso de las expresiones ciudadanos, independiente, y derechos humanos.

Ciudadanos es un concepto desdeñoso que las fuerzas policiales del régimen usan para identificar al delincuente, desconociendo que todos somos ciudadanos en cualquier sociedad. La bifurcación conceptual estriba en que el cubano debe ser compañero o camarada (vocablos apropiados para la identificación ideológica con los sistemas totalitarios o de la izquierda más radical)

Independientes, es el termino más utilizado dentro de los grupos de oposición pacifica que existen en la isla quienes definen el carácter de su lucha como acciones cívicas estratégicas No-violentas. Sin embargo, la interpretación que los sectores incondicionales al régimen y las propias fuerzas políticas del estado le dan, es asociarlas con la subversión o el intento de destruir al sistema en cuestión.

Derechos Humanos, es totalmente limitado su verdadero contenido porque este concepto universal se explica de la manera más conveniente a los intereses del sistema. Son derechos humanos aquellos que derivan de la interpretación política que se hace del pensamiento o del ideario de Fidel Castro donde mantener el apego a la revolución y obedecer su voluntad indica la posesión de todos los derechos. Aquellos actores informales que tratan de monitorear los actos violatorios a los derechos básicos del cubano son sometidos a fuertes críticas y pueden ser víctimas de acciones represivas ilimitadas.


“Libertad Colectiva” versus Libertad individual

Las sociedades totalitarias erigen sus estructuras cimentando un discurso esencialmente ideológico, pragmático y benefactor para organizar a la sociedad a partir del interés del colectivo. En ningún sistema anterior la palabra colectivo había tenido tanto significado como se expone en un régimen de control total similar al establecido en Cuba. El uso del término funciona muy bien, y de manera oportuna, porque absorbe simpatía, si partimos que las colectividades en cualquier país del mundo, incluso aquello más desarrollados y prósperos, es vulnerable a ser la que menos riqueza posee y la que enfrenta las peores condiciones de vida. Esta realidad opera muy bien en los argumentos mesiánicos de los líderes totalitarios, quienes promueven la igualdad entre las personas de la sociedad en detrimento del individuo como entidad íntegra.

Los totalitarios cubanos relegan al individuo a un lugar execrable porque no les conviene asumir el valor de la creación particular en un país donde solo es permitido al Estado el protagonismo absoluto de las diligencias en la sociedad. Olvidan, que las verdaderas democracias son aquellas donde el respeto a las minorías es esencial para identificar la pureza de un sistema libre y esa obediencia se funda en la voluntad de inclusión del poder de la mayoría y en las normas legales instituidas para evitar exclusiones oportunistas y discriminatorias del derecho a la igualdad. En los países democráticos, para que nadie pueda violentar a los miembros de un grupo determinado, con una proporción menor del total de componentes de la población, se aportan acciones positivas de políticas públicas que abordan la integración en la oportunidad de todos los ciudadanos, sin importar su origen racial, étnico, cultural, de género u orientación sexual y religioso. El menor grupo en cualquier sociedad democrática es el individuo y es por él que se establece la lucha por los derechos individuales.

En Cuba, los derechos de un individuo pueden ser violentados por los órganos oficiales del régimen o por las turbas sediciosas que actúan amparadas en su condición de colectivo en defensa del proceso. Más de una vez las propias autoridades rechazan las demandas de personas que han sido atacadas por estos grupos radicales. Cuando el pueblo actúa violentamente contra un disidente o persona inconforme con el proceso, las autoridades justifican los hechos alegando que la voluntad de la población no puede ser discutida y menos juzgada por las leyes revolucionarias.

José Martí, predijo las amenazas, que en nombre del colectivo, podían producirse en el sistema de control total de la sociedad y también formuló importantes críticas sobre la servidumbre a las que llegarían esas colectividades agrupadas en la efervescencia de una revolución. Apuntaba el héroe nacional de Cuba que en el socialismo “se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza” (1) y anuncio además para destacar el papel rector del Estado en la vida de los ciudadanos “El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de si, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a este, sobre quien caerían todos los deberes”(2). Muy a pesar de las cosas, estas reprimendas martianas no son conocidas en Cuba porque las autoridades han censurados este ensayo en las obras completas del gran patriota. El conocimiento de estas ideas entre los cubanos serviría para incitar a la reflexión acerca del sistema político en la isla.

Si hasta el propio Martí, se oponía a la violación de la libertad individual y a la intervención exagerada del Estado en los asuntos de las personas, entonces el sistema totalitario cubano, no debe fundarse en las ideas del Héroe Nacional. Las autoridades totalitarias siempre han tergiversando las duras palabras del más internacional de los cubanos, frente a toda acción del Estado contra del derecho individual de cada ciudadano en la isla de conducirse en la sociedad de acuerdo a su opinión.

Realmente, existe en Cuba una movilización colectiva permanente para apoyar a la revolución y para destruir cualquier iniciativa individual. Sin embargo, eso no significa que las grandes colectividades agrupadas en torno al poder que dicen defender gocen de libertad alguna. Esa muchedumbre se ha mantenido hipnotizada por la argumentación revolucionario, pero sin derechos a otra opción que no sea la de esas imposiciones. Indica de manera tajante que ni colectiva, ni individualmente, los ciudadanos en Cuba disfrutan del mayor y más importante atributo humano: la libertad.

Con justa razón Ortega y Gasset considera una faena pavorosa a la socialización del hombre en los sistemas totalitarios porque da lugar a que desaparezca la luminiscencia individual. También “porque no se contenta con exigirme que lo mío sea para los demás, (…), sino que me obliga a que lo demás sea mío. Por ejemplo: a que yo adopte las ideas y gustos de los demás, de todos. Prohibido todo aparte, toda propiedad privada, incluso esa de tener convicciones para uso exclusivo de cada uno” (3)


Dentro de la revolución todo

Son las palabras del propio Fidel Castro las más genuinas evidencias de la violación a las libertades fundamentales a su pueblo. Hace casi medio siglo el líder rebelde convocó en al teatro de la Biblioteca Nacional de Cuba a todos los intelectuales. Allí estaban sentados, solo para escuchar, lo que más brillaba en la intelectualidad cubana. Virgilio Piñera, Lezama Lima, Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infantes, Antón Arrufat, Heberto Padilla y otros destacados autores de la isla. El gobernante inició un largo monólogo de más de seis horas y sentenció una máxima que desde ese día, hasta hoy define el carácter violatorio de su sistema político: “Con de la revolución todo, contra de la revolución nada” (4). Aquel anuncio atascó un hermoso capitulo en la creatividad artística del país. La libertad intelectual, cuya capacidad es crear, revelar, regocijarse de todas las ideas, opiniones, tendencias o corrientes ideológicas sin que nadie las limite, se tropezó de repente con el muro de la censura y las proscripciones.

Diez años después, en 1971, el propio gobernante confirma su perfil de censor. Fue en una reunión con los encargados del departamento de cultura de todas las provincias y municipios de Cuba. También asistían los directores de las editoriales cubanas. Allí, en otro monólogo no menos extenso, Castro expresa: “… en Cuba, por cuestiones de principio, hay libros que no merecen sea publicada una página, un párrafo, una palabra” (5). Aquellas palabras, que al parecer provenían de la mentalidad retorcida de Torquemadas adaptadas a las nuevas circunstancias de un país en revolución, sirvieron para limitar el derecho de los cubanos a tomar parte libremente en la vida cultural, en el derecho a opinar, investigar de forma independiente, difundir información y expresarse en los medios sin limitaciones de fronteras o barreras ideológicas.

Federico Jiménez Losantos escribe: “Entre los peligros viejos y nuevos de la libertad, acaso el que más debemos temer, por afectar a la naturaleza misma de nuestra voluntad de ser libres y de que sean libres los demás -porque esa será inevitablemente la garantía primera de que lleguemos a serlo y continuemos siéndolo-, es el de la pérdida de libertad intelectual” (6). Al precisar las causas de quienes proscriben en Cuba encontramos una depurada intencionalidad en sus actuaciones. El interés del sistema político en Cuba por demostrarles a los intelectuales cual era el carácter de la revolución indica la presunción de los líderes para imponerse sin tomar en cuenta el valor de los creadores. Podía comprenderse, que si estos, por expresar ideas fuera del marco oficial, tendrían un castigo, entonces el resto de los cubanos habría perdido la libertad de exponer una simple opinión que no coincidiera con la del gobierno.

Donde la libertad intelectual es coartada la suficiencia del pueblo declina, por consiguiente la defensa del atributo se considera una locura al quedar las inmensas mayorías de los ciudadanos atrapados en la cultura del miedo. Lo violación de este y otros derechos da lugar al surgimiento de muchos disfraces para sostenerse en una sociedad sesgada por la intolerancia. Son mecanismos defensivos y naturales para enfrentar el temor que implica una orientación en el camino hacia la libertad. A partir de ahí gravitan comportamientos simulados e hipócritas sujeto a la doblez ética y a la inoperancia que han condenado a los cubanos a una aventura, que abrazaron por la necesidad de cambios en la década del cincuenta, hasta quedar atrapado en la más larga dictadura del hemisferio occidental.


La Impunidad

Cuando las violaciones a los derechos se consuman, las sociedades modernas han establecidos sistemas jurídicos y legales para corregir, mediante penalidades, el efecto del mal. En Cuba, el menosprecio a las libertades no admiten el ejercicio de la justicia porque en la mentalidad de los gobernantes se alimenta la fantasía de asumir una postura inconciliable contra los espacios de la libre determinación de cada ciudadano. Los mecanismos restrictivos contra la atribución individual operan sin limitaciones reglamentarias por estar sustentadas en los preceptos de un ideario personal que se instituye como la máxima expresión de autoridad en el país. Si ese agente autoritario determina eliminar cualquier discusión sobre los valores de la libertad, el grado de impunidad del sistema debe soportar las más severas críticas por sus contravenciones. Sin embargo, cuando los organismos internacionales de derechos humanos asumen la condena a esas violaciones, el régimen argumenta su defensa mediante la exposición de algunas ventajas para todos los ciudadanos en el acceso a los sistemas de salud y educación.

La Resolución de la Comisión de Derechos Humanos 1999/34 aprobada el 26 de abril de 1999 en el 55a sesión de ese organismo internacional establece: “… la
Importancia de luchar contra la impunidad para prevenir violaciones de los derechos humanos y del derecho humanitario internacional e insta a los Estados a que presten la necesaria atención a la cuestión de la impunidad respecto de las violaciones de los derechos humanos y derecho humanitario internacional…” (7) Cuba es signataria de este documento al igual que de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sin embargo, viola constantemente los pactos internacionales donde se le exige a los Estados el mayor respeto a las libertades de sus ciudadanos. De la misma manera actúa impunemente contra cualquier variante ajena o contraria al orden instituido en el país.

La impunidad de los actos implacables en Cuba deja a las victimas despojadas a su propia suerte y sujeta a una permanente obstrucción de sus libertades básicas. Posiblemente, aquí radique la mayor perversidad de este lamentable proceso de acoso político a las posiciones contrarias, toda vez, que sobre ella se vuelcan todos los mecanismos creados para reducir a la dependencia a los que intentan sobrepasar los quicios del rigor oficialista. La transgresión de las legislaciones conlleva a cargar sobre la espalda del inculpado el peso de la crítica elaborada por el conjunto de la sociedad, que para evitar la represalia se convierte en una inflexible férula de obediencia capaz de asumir actos vandálicos contra sus propios compatriotas.

Esas estrategias, cuya arquitectura se aderezan en las altas esfera del poder, justifican las acciones de violencia por el imaginario inculcado a los cubanos de que la revolución es el pueblo y toda su vivacidad no puede ser cuestionada cuando actúa en defensa del ideario revolucionario. La libertad existe en Cuba única y exclusivamente para defender los cimientos de la ideología y a la casta de elegidos encumbrados en la cúspide del poder. Toda orientación en la defensa de estos dos componentes puede proceder con absoluta independencia.

La sociedad ideal, que para muchos representa Cuba, no es más que un reflejo ilusorio de un país hecho a partir de un imaginario intuitivo y audaz sostenido por un entramado estructural cuyas bases se sostienen en la mentira. Esos falsos cimientos se han generalizados en la mentalidad de los ciudadanos hasta esteriotipar esas imágenes de manera afirmativa. La libertad, por tanto, queda atrapada en esos códigos de aparente interpretación hasta ceder su verdadero carácter por las constricciones de la intolerancia.




Peligrosas imitaciones

La revolución cubana desde su llegada al poder en enero de 1959 atrapó la simpatía del mundo y particularmente la de América Latina. Las miradas de los políticos, artistas y ciudadanos de a pie se centraron en un proceso de cambio que había prometido libertad para todos los cubanos. Aquellas aspiraciones fueron de forma inmediata secuestradas por la férula de la arbitrariedad, suscitándose en el país un proceso político basado en unas ideas singulares y exportadas del este de Europa para imponerse, con sus cortinas de acero, al ejercicio de libertad.

La curiosidad por la revolución cubana no ha terminado a pesar del fracaso económico y de las constantes violaciones a los derechos humanos contra el pueblo de la isla. Al contrario, la simpatía se ha extendido y va desde los sectores marginales del mundo hasta los intelectuales de mayor renombre en las diferentes áreas de la creación, quienes aspiran, según expresiones de ellos mismos, para sus sociedades un modelo similar. He aquí, el gran peligro que avizora a la libertad. Si la colectivización logra jerarquizarse en las sociedades imperfectas de la región latinoamericana, por ejemplo, para ser corregidos a partir del modelo cubano, estaríamos asistiendo a un periodo oscuro para el futuro de la libertad en los pueblos de la zona.

La centralización del poder puede eliminar la facultad humana para administrar el pensamiento y la conducta, por consiguiente, los procesos volitivos serán sometidos a la sujeción determinista de un agente superior que se instituye con el mentor de cada individuo. Esas acciones políticas le pondrían trabas a los derechos fundamentales de los ciudadanos y el mandato de la libertad estaría a merced de las decisiones del Estado.

Si bien el concepto de la libertad es trasmutado, así también será el discurso populista de los líderes revolucionarios que tomarán, precisamente y por adición, el contenido literal de la palabra como el argumento racional válido para convencer al ciudadano y movilizarlo al sitio más cercano de sus propuestas políticas. Sin dudas, las diferencias sociales en los países en Latinoamérica, injustificable y abusiva está originando una orientación ideológica hacia un lado extremadamente peligroso. Sin embargo, pocos elementos de resistencias parecen oponerse a esas pretensiones hegemónicas de poder arbitrario.

La sociedad civil en la región, en Cuba fue destruida y transformada también en una organización inseparable del régimen arbitrario, impresiona por su adicción a esos esquemas de izquierda irracional que buscan, mediante formulaciones dogmáticas, agrupar al conjunto de países en una alianza para cercenar las libertades.

José Marti tiene el mérito de haber advertido, con la claridad que pocos han tenido, desde el lejano 1884, los peligros del socialismo para la libertad. El héroe nacional de Cuba, quien vivió catorce años en Nueva York, fue un crítico de la doctrina marxista por considerar que la vía para instaurarse como gobierno de la mayoría formulaba el método de la violencia. Además, la influencia que llegaba de Europa con los inmigrantes anarquistas de ese continente jamás repercutió en el patriota cubano quien llegó a calificar al socialismo como “La futura esclavitud.”

No es casual que acudamos a Marti en este momento crucial para las Américas, como gustaba llamarle el héroe al conjunto de nuestros países, porque son precisamente sus advertencias las que desconocen los pueblos de la región que de espalda a la verdad histórica se embriagan en los consignas y las ofertas de la intolerancia, justicia e igualdad apoyando proyectos sociales que en definitiva, tratarán de tenderle la mordaza a las libertades básicas de los ciudadanos.

La experiencia del socialismo real en Europa del Este evidenció la ineficacia de los sistemas totalitarios y el fracaso de sus pueblos en materia de oportunidades para la creación libre. Las formulas de un socialismo para el siglo XXI, eufemismo conciliado como alternativa superior de ordenamiento social humano, solo tiene de novedoso, sin que ello implique alguna originalidad, el nombre porque la esencia continua siendo la misma. Si esta iniciativa se encumbra, como parece ser los deseos de varios líderes de la región, la libertad como concepto y atributo humano será contraída.

El ejemplo de Cuba, donde la autonomía individual ha dejado de existir hace medio siglo, puede convertirse en la mejor advertencia para reorientar el rumbo político del continente hacia proyectos basados en las necesidades de los ciudadanos, en primer orden, y donde se preserve la autodeterminación de cada persona.

La libertad no es dada por ningún orden o poder, es un don atribuido a cada persona por su condición humana y es quebrantada desde el momento en que algunos gestores políticos tienden a administrarla a su antojo. Si la libertad del ciudadano depende de la otra persona su signo se pierde, en tanto su condición es cuestionable e incierta. Inconclusa y asimétrica. Sin integridad y textura. Nunca debería permitírsele a alguien hacer de la libertad una arquitectura insubstancial o invención calculada por la ideología de los demagogos de turnos, que cuando traspasan los umbrales del hombre común, comienzan a dictar los preceptos de sus épicas e ilusiones.

La exportación de un modelo de sociedad arbitraria trae consigo la repetición de los mismos adagios en la otra zona donde se quiere implementar esa forma de poder. Si el efecto de la represión consigue alterar la libre expresión del pensamiento y con ellos gobernar por la fuerza, entonces el camino de la libertad personal se reduce a la observancia de la voluntad coercitiva. Lo mayores peligros de estos malos ejemplos se pueden agrupar en estas cuatro grandes consideraciones:
- Inician un proceso de adoctrinamiento a cada ciudadano haciéndole creer que el proceso político en cuestión representa la solución a todos los problemas acumulados en la historia del país para comprometerlos a secundar las tesis de gobierno para el pueblo.

- Intervención de los medios de comunicación para ponerlo al servicio del modelo arbitrario con el propósito de facilitar inocular en los ciudadanos el mensaje dogmático de las ideas totalitarias.


- Se proponen hacer una ruptura con el pasado histórico del país para estrenar una nueva etapa política marcada por la confrontación entre las fuerzas prodemocráticas y los nuevos actores incondicionales y de mentalidad arbitraria


- Transmutación del concepto libertad y apertura de un proceso de educación ideológica donde se supeditan los derechos básicos al ideario del poder.


La Escuela

Es, precisamente, la escuela socialista el lugar donde anidan las ideas alucinadas para la transmutación del carácter de la libertad. Ayer, en los sistemas totalitarios de Europa del este y hoy en Cuba, Corea, China y Vietnam, el designio prescrito por el oficialismo, es convertir a los centros docentes en focos ideológicos capaces de preparar a los ciudadanos para que de forma automática, y sin el uso de la racionalidad, actúen en defensa de los “valores” que se atribuye el sistema totalitario. Esta postura enmascara el valor de la escuela que deja de ser el centro de formación de cultura, a partir del proceso enseñanza-aprendizaje y la asimilación del mismo, inculcación de valores y recinto de preparación académica, para convertirse en un antro de las imágenes políticas de los hombres que conducen el destino de la sociedad desde el escenario del poder.

Estos centro educativos, recuerdan a la escuela del medioevo en Europa que estuvo sometida a la influencia de la religión y la escolástica hasta llegar a ser dominadas por un dogmatismo místico dependiente de los viejos cánones de influencia medieval. La diferencia con la vieja escuela es que el mayor peso en el proceso docente educativo del socialismo no lo tiene la religiosidad, de hecho estos centros son promotores del ateismo, sino la ideología o el ideario de quien se erige como la máxima figura del sistema en cuestión.

La escuela moderna tiene como principal función ensenar a pensar. El desafío implica preparar con un alto nivel de calidad al estudiante para que pueda hacer enfrentar con desenvolvimiento el futuro como profesional. También en la formación de actitudes cívicas como la tolerancia, con capacidad para establecer el dialogo como instrumento para lo solución de conflictos. Prepararlo para que acierte con seguridad en el entorno inmediato de sus relaciones sociales, y en base a un espíritu emprendedor y humano, fortalecer la honestidad, el amor al trabajo y el respeto a las diferencias, ello implica ganar en responsabilidad para asumir obligaciones cuya resultado impacten a los ciudadanos.

El dogmatismo no debe tener presencia en una escuela comprometida en aplicar al estudiante el conocimiento. Su efectividad es cuando propicia la discusión de todas las causantes que influyen en el entorno de cada persona. Por ello no debe estar ajena en la evaluación de la democracia, de la justicia, la familia, la solidaridad y el bien común. Su alcance será más efectivo cuando actúa como un centro de organización social, capaz de conducirse con éxito en los grandes retos que hoy le imponen al mundo la tecnología, la globalización y la movilidad económica a distancia. Cuando adiestra al alumno en el trabajo de equipo que permita consolidar el método de aprendizaje a través de la creatividad del intelecto que le permitan adquirir capacidades cognitivas con un alto grado de complejidad para su beneficio y el de la sociedad.

Es vital solidificar estrategias docentes donde el estudiante sea parte activa del proceso de asimilación del conocimiento y pueda, luego, ser capaz de saber que hacer con el contenido de las asignaturas fuera de las paredes de un aula. Es una necesidad que sepa desarrollar la capacidad de autonomía desde los primeros grados escolares porque en ese período se interioriza de manera estable aquellos atributos asociados a la determinación individual.

Toda actividad realizada por la escuela debe tener vías de aplicación que permita ponderar al escolar, de forma tal que tome confianza con los contenidos que va asimilando y la autoestima se curta desde las edades más tempranas. Eso es desarrollarse en sabiduría, lo cual significa tomar las mejores referencias para enriquecer la percepción del mundo, respetando las versiones de cada opinión ajenas con humildad y saber que escuchar a otro es un cualidad de la inteligencia que permite una mejor orientación de la conducta que evita el error.

Ningunas de las anteriores premisas se cumplen en la escuela cubana. En el país la educación es universal y todos los ciudadanos tienen acceso gratuito al sistema educativo. Sin embargo, al no cumplir con los requisitos de la escuela moderna, encontramos en Cuba una enseñanza ideologizada y sin variables de cambios por estar sometida a las más rígidas exigencias de un modelo que condiciona todo a un ideario político. La inexactitud de esta escuela se debe, en gran medida, a que no tiene flexibilización alguna y no permite al maestro inculcarle al alumno el valor de la libertad y la capacidad de autogestión.

Existen cinco particularidades de la escuela cubana que revelan su rigidez ideológica:

- Su misión es formar al “hombre nuevo” (inspirado en la doctrina guevarista), cuya características fundamental sea defender incondicionalmente al sistema político.

- Son centro de reclutamiento para afiliar al estudiante, desde los primeros grados escolares, a las organizaciones políticas y de masas de la revolución.

- El contenido de las asignaturas debe ser aplicable a la realidad política del momento.

- La promoción de todos los grados escolares, sin vencer el contenido, ha agrietado la calidad educativa.

- La poca conexión con el mundo tecnológico, la Internet, las clases interactivas y el debate libre demuestran la poca creatividad de los escolares.

- A la familia, las instituciones religiosas o fraternales y a las instituciones independientes no se le permite participar en el proceso enseñanza-aprendizaje.

La educación en valores, que tanto propaga la pedagogía como una necesidad del crecimiento humano, en Cuba no tiene esa orientación por establecer sus fundamentos en la preparación ideológica-profesional. Cultivar en los estudiantes valores sólidos como la humanización, la decencia y la cultura cívica cede antes las presiones inculcadas por el sistema educativo como odiar a todos los que tengan una opinión diferente a la versión emanada del poder. Uno de las divisas del sistema educativo en Cuba es la promoción de la virtud revolucionaria del Che Guevara porque la visión romántica del guerrillero argentino y su odio desmedido a todo lo contrario es un argumento obvio para la formación del “hombre nuevo”.

Evidente, por añadidura, la libertad queda secuestrada ante la fuerza de una educación direccional y parcializada con una solo idea. Con toda cognición de causa, Ludwig von Misses sentencia que: “No vale la pena insistir en las contradicciones e inconsistencias que encierran las doctrinas que predican la intolerancia y el exterminio del disidente” (8). Aquí, radica otro de las grandes averías a la libertad, toda vez que aquellos elementos liberales que no simpatizan con el modelo, pero poseen una visión amplia acerca del atributo de autonomía personal son desplazados del espacio de la oportunidad para educar en valores. El régimen los rechazas porque otras variantes ideológicas no pueden compartir el espacio público, ni ser actor de cambio y menos enarbolar los beneficios que trae consigo para una sociedad el respeto a las libertades de los ciudadanos.
Peligros Reales

Los sistemas democráticos no son perfectos pero conciben respetar mayor cantidad de derechos (si fuera posible cuantificarlos) que los sistemas totalitarios. En la democracia el debate abierto es una responsabilidad que comparten las organizaciones de sociedad civil y los gobiernos y cada vez más, tienden a compartir el liderazgo en la solución de los grandes problemas que se acumulan en la dinámica social. Sin embargo, aunque la libertad está en el centro de esas discusiones, existen actualmente tendencias abarcadoras y moralmente erradas que tratan de limitar los derechos de los ciudadanos con la aplicación de algunas regulaciones que invaden su privacidad. Justificándose esos quebrantamientos con argumentos de protección a la seguridad de un país ante el azote cruel del terrorismo. Las amenazas contra la libertad también aparecen en estos lados, donde la violación a los derechos contra algunas minorías étnicas e inmigrantes, recuerdan aquellos oscuros momentos en la lucha por los derechos civiles.

Aquellas sociedades modernas como Suecia, Canadá, Islandia y otras que han basado sus proyectos en el estado de bienestar, comprenden que más libertad individual proporcionalmente existirá un rendimiento mayor para beneficio de todos los ciudadanos. Todo indica que al trabajo por la libertad no se le puede poner término porque en todas las orillas de este mundo pueden aparecer censores de sus atributos.

Las sociedades libres, en el caso de Cuba, deberían asumir mayor responsabilidad con lo que ocurren en la isla en materia de violación a los derechos humanos. El silencio extendido a lo largo de las fronteras del mundo, obviamente, ilustra el nivel de complicidad de algunos sistemas democráticos con un régimen que actúa de manera cómoda restringiendo las libertades sin recibir cuestionamiento alguno. Esta lasitud, ha provocado que algunos actores, de la emergente sociedad civil independiente dentro de Cuba, cuestionen la credibilidad de las instituciones internacionales y el nivel de responsabilidad de algunos gobiernos democráticos en nuestro entorno geográfico regional y en otras áreas del mundo.


Algunas precisiones necesarias. A Manera de Conclusiones.

- La libertad, tal como se concibe hoy en cualquiera de las imperfectas democracias latinoamericanas, no existe en Cuba, y al parecer por la continuidad del régimen totalitario bajo otra dirección, pero con las mismas tonalidades represivas, está sometida a un periodo indefinido de espera.

- Las pequeñas aperturas proclamadas por Raúl Castro, luego de suceder a su hermano en la conducción política del país, no garantiza el respeto a las libertades fundamentales del pueblo cubano. El sistema se corrige diariamente para acertar la prolongación del sistema político basado en el uní partidismo, el control estatal sobre los medios masivos de comunicación y la centralización de la economía.

- Los cambios estructurales, que fueron las primeras promesas del gobernante Raúl Castro, abrieron en los cubanos la esperanza de alcanzar espacio de mayor libertad. Sin embargo, esos anuncios se circunscribieron a eliminar algunas restricciones que dan acceso hoteles, teléfonos celulares, compra de computadoras y equipos electrodomésticos antes censurados en el país.


- La creencia extendida en el mundo y particularmente en Latinoamérica de que los cubanos aceptan el sistema político es una falsa interpretación de cómo reacciona un pueblo sometido a la cultura del miedo y a la imprecisión de la verdad. Es dudoso estar sometido a la supremacía de la barbarie y aceptarla de manera displicente.


- La libertad en Cuba no tiene un sentido claro y hace medio siglo esta enrarecido para asegura la confusión social.


- Los actores de cambio que bien pueden actuar en el sentido correcto, tal como merece el atributo de la libertad, son vilipendiados como escorias al servicios de los interés de naciones extranjeras y las masas embriagadas en el discurso revolucionarios se convierten, por arte de magia, en catervas de fanáticos capaces de forzar la violencia y la agresión física.


- La permanente actitud de la solidaridad internacional hacia el régimen cubano favorece la prolongación de un sistema violatoria de las libertades fundamentales del pueblo. La desaprobación a reconocer la realidad del estado de los derechos humanos en la isla revela el grado de complicidad con el único, más largo y oscuro sistema de corte estalinista que ha existido en el hemisferio occidental.


- La solución a la falta la libertad en Cuba puede crear un precedente favorable para los pueblos de America Latina y otras regiones del mundo que intentan corregir las imperfecciones de sus sociedades democráticas imitando al modelo cubano, toda vez que ignoran la naturaleza violatoria de todas las libertades por parte del régimen totalitario. Si los procesos de cambio que se suceden en la región se orientan al lado de la extrema izquierda irracional y esta toma como referencia algunos logros sociales accesibles al pueblo cubano, detrás, de esas intenciones, se esconderá una sólida cortina de acero para restringir las libertades fundamentales de de los pueblos de esas naciones.


- Someter a un pueblo durante más de medio siglo a la violación de sus derechos es un indicador irrebatible del estado a que se encuentra sometida la libertad de los ciudadanos.

- Los derechos colectivos dado a los revolucionarios, “dentro de la revolución”, es una extensión del marcado personalismo discriminatorio de una élite gobernante incapaz de sopesar el error de una larga permanencia en lado equivocado de la historia. La libertad mutada de los cubanos, se ha convertido, apresuradamente, en el complemento dinámico y aglutinador de un colectivo de insurrectos adoctrinados para descargar su odio contra las variantes que encauzan la lucha por el respeto a las libertades básicas del pueblo cubano.


Mississippi, febrero, 2009


Referencias Bibliográficas

1.- La Futura Esclavitud, José Martí, Obras Completas. Tomo 15. Pág.

2.- Ídem

3.- De la Política. Ortega y Gasset. Libro Libre. San José. Costa Rica. 1987. Pág. 169

4.- Vidas para Leerlas. Guillermo Cabrera infante. Alfaguara. Grupo Santillana de Ediciones S.A. Madrid. 1998. Pág. 35

5.- Alcibíades Hidalgo. Comentarios de sus experiencias en el gobierno de Cuba. Washington DC. 2003

6.- Libertad Intelectual. Federico Jiménez Lozanitos. La Ilustración Liberal. Revista española y americana. No. 1 Feb-Mar. 1999

7.- Resolución de la Comisión de Derechos Humanos 1999/34. Ginebra. 26 de abril de 1999. (Tomado de Internet)

8.- El Factor Humano. Luwing von Mises. 7ma edición. Unión Editorial, S.A. Madrid. 2004. Pág. 1039