Saturday, March 30, 2013

Del Comité de Derechos Humanos a tres mujeres por los caminos torcidos de Cuba




Cuba vive una profunda crisis cultural que se expresa en su inmoralidad política por la permanencia del castrismo en el escenario nacional durante más de medio siglo. Ese período ha generado diferentes capítulos dentro la disidencia y la oposición civilista. Los primeros en oponerse a Fidel Castro morían abatidos en paredones de fusilamiento.

Las acciones militares de quienes creían (todavía alguien lo sigue creyendo) que quitar a los Castro del poder era posible mediante las armas, fracasó por la rápida radicalización de aquel proceso político en la isla, donde las masas, congregadas en el escenario público, legitimaban su desgracia al caer dominado por la aureola del fanatismo y el credo de la redención revolucionaria.

Luego, cuando el sistema creía adormecida todas las formas de lucha, aparecen como adalides indiscutibles Gustavo Arcos Bergnes, Ricardo Bofill, Oscar Peña  y otros cubanos dignos formando una organización dedicada a monitorear las violaciones en materia de derechos humanos cometida por el régimen cubano. Estos pioneros de la disidencia política dentro de Cuba jamás imaginaron como gravitaría en la conciencia de los cubanos aquel empeño de edificar un país mejor sin el costo de una gota de sangre de ninguno de sus hijos.

Luego de varios años de represiones, golpizas, asedio policial, arrestos ilegales, calumnias y cárceles, casi al unísono, pero nunca por casualidad, se revelan desde intelectuales hasta cubanos de a pie contra las arbitrariedades de un régimen empeñado a gobernar por encima de la voluntad popular. La ofensiva opositora dejó de tener su centro en La Habana porque desde Guantánamo hasta Pinar del Río se dejaban escuchar las voces de quienes cruzaron las fronteras del miedo para pedir cambio en el país.

El movimiento de derechos humanos se dejaba acompañar de periodistas independientes, abogados, profesionales de diferentes áreas de las ciencias, bibliotecarios libres, campesinos organizados en cooperativas sin tutelaje estatal, partidos de todos los espectros políticos y hasta organizaciones de mujeres, jóvenes y ex militares.

Con el paso del tiempo, la destrucción del sostén económico de Cuba (La Unión Soviética y sus satélites de Europa central y del este) y la globalización, los activistas comienzan a transitar por un escenario diferente al del profesor Arco Bergnes. La llegada de las computadoras, los teléfonos móviles y la limitada Internet, le abren una ventana a los opositores imposible de cerrar porque, aunque el régimen quisiera, esas fisuras encontradas por la tecnología ha acercado más que nunca a Cuba con el resto del mundo.

Es ahí donde aparece Yoani Sánchez, devenida en emisaria de los Bloggers tropicales, cuya innegable inteligencia le ha valido números premios y un reconocimiento que antes ninguna otra persona ajena del entorno del poder había alcanzado fuera de Cuba.Yoani representa a un movimiento virtual de reflexión inteligente, necesario para enviarle el mundo el testimonio gráfico del día a día de la gente en todas partes del país y eso es un pilar fundamental para educar a la audiencia de otras regiones del mundo acerca de la necesidad de cambio para los cubanos. Pero esa osadía, en medio de un país donde todo se cuestiona con el mayor secretismo por la insidia, entroniza la polémica, la desconfianza, los celos (pasiones asociadas al carácter nacional) y hasta la complicidad (involuntaria) con quienes han estado detrás de su trabajo.

Ella, al menos para mi, no es culpable de los deslices en Brasil o los acentos de sus palabras de acuerdo a los escenarios. La culpa parte de un aspecto nuestro, de nuestra psicología tropical y ombliguista, donde pocas veces ponemos la oreja a quien tenemos más cerca para preguntarle si cabalgamos de acuerdo al camino. El valor de Yoani, no está en que ha puesto el nombre de Cuba en los contextos internacionales (al mundo muy poco le importa Cuba y los cubanos) sino en la oportunidad de mostrarnos el rostro joven de la esperanza. Sin juventud no hay país, ha dicho alguien, y en Cuba nunca será posible una transición si en ella no se implican aquellos descendientes de las últimas generaciones de cubanos. Y Yoani es importante porque intelectualiza en la modernidad el ejercicio de la política que en la isla se ha visto contaminado por la vulgaridad de las consignas, las intrigas y la retórica castrista. Aunque ella no es política, su postura civilista contra un régimen dictatorial hace que mucho la identifique como tal. Y eso no es una vergüenza por el hecho de que sea filóloga, blogger y escriba crónica desde La Habana y tal, porque antes de Aristóteles hasta hoy, ningún hombre puede vivir al margen de la política.

Su posición con el embargo (le dijo bloqueo) es legitima. Yo mismo no estoy a favor del embargo y mucho menos en contra de esa política norteamericana. Los que seguramente, y con todo derecho critiquen mi supuesta ambigüedad, le respondo que los cambios en Cuba son tareas nuestras y nunca deben ser de las acciones políticas tomadas por el gobierno de Estados Unidos contra una dictadura. Si el destino de Cuba lo define quitar o mantener el embargo, estamos fracasados porque plegamos nuestra voluntad de cambio a otros actores que no son cubanos. Pero los mayores culpables, sobre la política norteamericana hacia la isla, proviene de los hermanos Castro que de alguna manera no han impuesto la creencia de que la supervivencia de su revolución esta en mano de los yanqui y nos batimos a muerte creyendo que eso es cierto.

Fernando Ortiz, creía en la inevitabilidad de la gravitación de Cuba hacia Estados Unidos, no como un estado más de la Unión Americana, sino por su dependencia económica (lo cual se puede descartar por el largo período sin relaciones) y porque en la política, todos los designios pensados en La Habana primero debían pensar en las reacciones de Washington. Tal vez, Yoani sepa mejor que nadie dentro de Cuba, porque está bien informada, que a los americanos les importa muy poco (particularmente creo que nada) la situación de Cuba y ante esa actitud hipócrita es mejor desprenderse de un aliado que en realidad no lo ha sido. Claro, a Estados Unidos les conviene que Cuba sea democrática, que sus gobiernos futuros alcancen la prosperidad de los cubanos, que las relaciones sean normales y, por tanto, que las tensiones generadas por Castro se conviertan en curiosidad de historiadores. Pero pensar, a estas alturas que Washington hará más de lo que hace, con la entrega de fondos a determinadas organizaciones para promover la democracia en la isla, es estar ciego y no ver el pasado. Justamente, por eso creo que en el imaginario de los oposicionistas, lideres del exilio, periodistas independientes, bibliotecarios, grupos de derechos humanos, Blogger y tal, debería existir la convicción de que nuestra lucha es solo nuestra. Me parece que Yoani lo tiene claro aunque algunos no lo entiendan. 

Bertha Soler es la expresión de la movilización popular que hace oposición activa tomando los terrenos del régimen y diciéndole a la gente ustedes también pueden. Es decir, ella educa a los cubanos a perder el miedo, ese mal que para Albert Camus era la enfermedad del siglo XX y que en Cuba ha superado las barreras del siglo veinte y uno. En la señora Soler se distingue la fuerza de la razón expresada en las plazas de la dictadura haciendo la verdadera oposición política. Eso es meritorio. El respeto que se ha ganado no tiene igual. Pero a Las Damas de Blanco no se le ve como un partido político que pueda poner en práctica un proyecto para cambiar la situación del país. Todos las percibimos como un movimiento cívico en demanda de ciertos derechos que implican el cambio de sistema. Le falta entonces, el respaldo de una organización política, que aun no existe en Cuba, para capitalizar esos esfuerzos y sumar a miles de cubanos a las marchas en las calles de La Habana y luego en el resto del país. 

El poder de Bertha se ha demostrado en la isla y hasta hoy, ella y sus seguidoras, son las únicas que han podido cruzar las barreras impuestas por Fidel Castro sobre unas avenidas que el pueblo dijo eran suyas. Su valor ha superado al de los hombres porque su activismo es un desafío sin
mites frente a una dictadura. El color ebano de su piel, su inteligencia natural, los argumentos tal como los hace y el carisma que alcanza su intrepidez, la convierten en una líder de pueblo. Con su actitud cívica, la Soler le dice al mundo que los negros cubanos no siguen incondicionalmente al castrismo.

Rosa María Payá Acevedo, la más joven de los rostros vistos en el exterior en los últimos meses, influida por las enseñanzas de su padre, encarga la inteligencia de los jóvenes cubanos. Impresiona su serenidad, la elocuencia de su verbo, la capacidad para conducirse en cualquier escenario y la habilidad para ganar adeptos. Ella, surgida tras la muerte de Osvaldo Paya Sardiñas, parece haber nacido para la política hace mucho tiempo porque interpreta de manera natural su papel de líder. Sus presentaciones, además de contar con la elegancia en el ejercicio político, son tempestivas y dan en la diana cuando supone el cambio a partir del pueblo. Esa visión, estratégica de antemano, fue justamente la que hizo a Estados Unidos un país mejor durante los años de lucha del movimiento de derechos civiles. Los afros norteamericanos lograron incluir en sus demandas al conjunto de los ciudadanos del país, fueran estos blancos, inmigrantes venidos de todas partes del mundo y lograron sus objetivos porque cuando el pueblo presiona, Rosa María Paya lo sabe, no hay dictadura que se sostenga en el poder.

Es esperanzador saber que los jóvenes como la señorita Payá Acevedo no se templan ante las arbitrariedades del régimen. Su discurso se sostiene sobre el derecho a los derechos de todos los cubanos. ¿Quién no va a apoyar en el mundo algo tan sensible como los derechos humanos en Cuba? Dijo una vez, en reunión televisada con más de cien disidentes cubanos el gran icono de los derechos civiles en Estados Unidos, el doctor James Meredith.

La novísima activista Rosa María, si logra salir debajo del techo, donde mayoritariamente se hace oposición en Cuba, pondrá en una posición difícil al régimen. Es joven y mujer, movida por una causa personal (la muerte incierta de su papá) y por otra de escala nacional como han sido las propuestas generadas por el Movimiento Cristiano Liberación. Su viaje por Europa, además de oportuno, permite mostrar el rostro nuevo del cambio.

Yoani, Bertha y Rosa María  son tres mujeres empeñadas en encauzar por mejores vías los caminos torcidos de Cuba 



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