Saturday, February 2, 2019

CARTA ABIERTA AL PAPA FRANCISCO


                                                                                                          
 2 de Febrero de 2019
 Jackson, Mississippi

Su Santidad Francisco.
Ciudad Vaticano.

Antes de dirigirme a usted consulté a varios hermanos creyentes  sobre la conveniencia de escribirle esta carta. Todos me respondieron que la discreción es una herramienta que debe estar al servicio de la Iglesia. Sin embargo,  ignorando esas recomendaciones, pero hacienda uso de mis convicciones, decido escribirle a título personal. Lo hago sin ninguna pretensión porque soy, sobre todas  las cosas, un hombre libre de pensamiento y acción. Siempre ejercitaré el derecho a exponer la verdad y ese motivo me invita a escribirle.

Quien le escribe es cubano y exiliado. Soy un simple creyente que profesa su fe en la convicción de que Dios existe. En la Iglesia católica, en el Catecumenado de la Parroquia San Gerónimo, de Victoria de Las Tunas, Cuba, aprendí a vivir la libertad de la fe. A decir la verdad y a enfrentar las consecuencias derivadas de ella. Son estos los precedentes  que justifican esta carta. Asumo la responsabilidad sobre las consecuencias  que deriven de cualquier interpretación. Sin embargo, siento que es un deber moral exponerle mi pesar por la crisis en Venezuela.

Hoy me dirijo a usted consternado por la indiferencia del Vaticano hacia el noble y valiente pueblo venezolano. En las calles de ese país están muriendo jóvenes que en marchas pacíficas, por la libertad y la democracia, son asesinados con la alevosía que el odio marxista inculca en sus incondicionales. Hay un silencio, interpretado por muchos, donde me incluyo, como complicidad, por parte de la institución religiosa que usted preside. Y ese silencio parece indicar que Dios -si Dios- se mueve según el lado por donde azota la injusticia en este mundo.

Su Santidad las dictaduras no son de izquierda o derecha. Son solamente dictaduras y fundamentan su existencia en el terror, en del control de las voluntades de la gente y en el engaño de un futuro de bienestar en mano de un imaginario diabólico. La dictadura venezolana es un calco del estalinismo más cruel que ha pluralizado la miseria, el hambre y el destierro en una nación rica en recursos otorgado por Dios.

Un venezolano ejemplar, Monseñor Salvador Monte de Oca, Obispo de Valencia, quien fuera expulsado de su país por sus ideas de justicia y libertad, frente a la dictadura de Juan Vicente Gómez, fue fusilado en Massa, Italia, por los Nazis, el 10 de Septiembre de 1944 por oponerse a las exigencias del III Reich Alemán. Aquel abominable crimen se convirtió en un ejemplo que demostraba hasta donde la barbarie es un arma de poder. Monseñor Monte De Oca, junto a diez religiosos fue condenado a morir el mismo día y a la misma hora. Uno de aquellos creyentes le pregunto al Obispo: ¿Monseñor y dónde está Dios a esta hora? El Obispo de Valencia, con la serenidad de quien está preparado para superar la peor tragedia de la vida le responde: “Dios está ahí. A tu lado y en tu dolor”.

Los jóvenes que mueren en las calles de Caracas son los mismos que asisten a sus parroquias para glorificar a Dios. Ellos, con la valentía de los mártires, han señalado un camino para restablecer la convivencia en un marco de respeto y absoluta libertad en Venezuela. Ellos, los que han muerto y los seguidores de sus ejemplos, se preguntan ¿y dónde está Dios? Sin embargo, desde aquella roca, dejada por Pedro y convertida en iglesia solo se escucha el silencio más absoluto.

Hoy comprendo porque en este mundo convulso por la violencia, la corrupción política y el crimen, millones de personas ponen en duda la existencia de Dios. Dudas justificadas, si en el momento justo, cuando las naciones desean estar acompañados en su dolor por los pastores del Señor, sus pueblos sienten apagada la voz de Dios en la tierra.

Su majestad, es  la hora del pueblo de Venezuela. También para los pueblos de Cuba y Nicaragua. Es un tiempo de libertad exigida con sangre joven. De usted esperan el acompañamiento espiritual para superar un régimen tiránico que ha convertido a Venezuela en una nación miserable.

Señor, le he visto pedir oraciones por usted. Reciba la mía con sincera humildad, pero no olvide orar por aquellos que en Venezuela, Cuba y Nicaragua desean estar acompañados por Su Santidad en el camino hacia la democracia y la libertad.

¡ANIMO!

Ramón H. Colás

Friday, December 21, 2018

Historia mínima de la revolución.

Llegó al poder de un país insular un ejército de vándalos. Fue en el mes de Enero. Al frente, marcaba la ruta un macho alfa con barba, aspecto delirante y marcada crueldad. Ostentaba el grado superior y fue otorgado por el mismo sin tener records de batallas. Su verbo era aburrido, pero sugerente. Enamoró a todos. Incluso, a los doctores, catedráticos e intelectuales. Todos cayeron rendidos a sus pies. Después, cuando la pesadumbre e inquietud asomaron en muchas personas, el mismo macho y sus tropas indoctas, linchaban en los cuarteles, que después fueron escuelas, a cualquier adversario. Así pasaría el resto de su vida. La gente se atemperó a su desgracia hasta encontrar rutas por el mar. Algunos morían. Otros no y hoy, muchos sobrevivientes, son lábaros de esperanza, pero están lejos. 

El país, se convirtió en un cuartel o una granja. Era una plaza. Llegó a ser, en sus mejores momentos, una monomanía sin escrúpulos. Un cuadrilátero de boxeo. Esto último era, como en los tiempos de Roma, el único espacio para zafar la ira a puñetazos limpios contra todos y nadie. 

Nada florecía. Sólo la demencia y la improvisación tenían espacio. A pesar de eso, la gente celebraba los éxitos que no veían. Bastaba un discurso. Luego, el pueblo recordaba lo bien que andaba aquella venturosa sinfonía y el aplauso siempre era la mejor respuesta. 

Los niños, incluso antes de nacer, decían consignas y formaban, como militares, levantando sus manos hacia la frente. Crecieron con la figura marchita de un criminal convertido en héroe y querían matar como aquel porque los semidioses matan para ostentar la condición de redentores. 

Las mujeres, cansada de esperar un mejor parto, descubrieron los misterios de sus cuerpos y alcanzaron a ver otras orillas. Así, el país se fue poblando de una especie animal apetecida. Eran extranjeros pobres, pero extranjeros al fin. Ellos hicieron lo demás. Fomentaron el mito de la sexualidad. (No eran americanos) sino algunos miserables gallegos o unos obreros de un taller cualquiera de Milán. Plomeros belgas o choferes franceses de casualidad y hasta algunos búlgaros nostálgicos. Llegaron canadienses por montones que los prejuiciosos aseguran aclararán la isla. Todos eran millonarios. Al menos, eso decían para despertar la curiosidad por el dinero en un pueblo que conoce solamente de centavos. 

Los jóvenes, ya no tienen país. Ni les importa. Por eso van a cualquier parte hacer las cosas por hacerlas y a exportar los morbos aprendidos en las infames escuelas del castrismo. No conocen la historia de sus abuelos. Tampoco el lugar de donde vienen. Llegan, extrañando tanto lo que dejan, que viven como siempre han vivido. Nadie cuenta con ellos. Al menos, por ahora.

El macho, el inventor, del manicomio se hizo mayor. Sobre sus canas y la vejez pasaron sus mentiras repetidas mil veces y fueron espetadas en su cara. Sin embargo, creía, como siempre creyó, en esas quimeras porque hasta en sus últimos segundos en la vida recomendaba seguir ensayando su fracaso. Su muerte, deseada por muchos o casi todos, lo sorprendió en su cama. Y murió de miedo (lo dijo el profesor Nicolás) y prefirió ser ceniza por temor a que sus huesos fueran profanados alguna vez. Y ahora mismo, está escondido en una roca de donde saldrá vencido antes de olvidarlo. Déjenlo ahí -por ahora- convertido en estiércol a media asta, donde sigue creyendo ser una bandera después del funeral.

Saturday, December 1, 2018

Carta al Presidente de España


Mississippi, 1 de diciembre de 2018

Doctor Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España
La Moncloa, Madrid.
España.

Doctor Sánchez, mi nombre es Ramón Humberto Colás. Soy cubano. Vivo exiliado, como millones de cubanos y me inquieta la tragedia nacional que viven mis compatriotas en Cuba. Justamente, esta carta va dirigida a usted para expresarle mi inquietud sobre algunos asuntos relacionados a su persona y mi patria.

Recientemente Ud. ha visitado mi país. Fue un breve viaje que nada tiene de simbólico, pero si tiene mucho de realismo porque sus ideas, por lo visto y declarado en La Habana, convergen en una orientación tan próxima al de la dictadura cubana, que confunde al que ignore a España como una democracia moderna. 

Nos impresionó a muchos, incluso a españoles amigos míos, la normalidad y el derroche de afectos que compartía con un dictador. Por ahí debiéramos empezar. Ya Ud. me dirá, por definición de filosofía política, que una dictadura es una forma de gobierno. Eso es verdad, pero a ese régimen político es correcto llamarle dictadura porque está fundado sobre el poder de una persona sin limitaciones para ejercer el control de toda la sociedad. La tiranía cubana no difiere, en esencia y en ciertas formas, del franquismo que Ud. tanto odia. Con la diferencia que Franco dejaba intersticios de oportunidades en áreas como la economía y la iniciativa privada. En cambio, en la isla, el centralismo militante de la ideología en la vida económica y social, la imposición del dogmatismo marxista, al mejor estilo de Josef Stalin, han extendido la miseria en todo el territorio nacional, sin que ello les advierta, a la casta política y a sus familiares, el camino incorrecto por donde transita el país.

Hablaba Ud. de reformismo en nuestro archipiélago. Nos presentaba al señor Díaz Canel como un reformista entusiasta y comprometido en llevar a Cuba por mejores rutas. Sepa, doctor Sánchez, que para una dictadura comunista, como la cubana, reforma significa corregir, consolidar y hacer más socialismo. Así lo expresan cada día ellos mismos para seguir atemorizando a mis compatriotas hasta paralizar cualquier iniciativa democrática.

El rostro amable del nuevo “presidente” (que ningún cubano eligió en las urnas y posee esa responsabilidad por su incondicionalidad a los hermanos Castro) es el fantoche político por excelencia que probará interpretar las ideas revolucionarias del castrismo sin separase un centímetro del guion original. No hay cantos de sirenas a la vista. Ni nos aproximamos a una rectificación por parte del régimen por el daño causado a uno de los pueblos más nobles e inteligentes de la tierra. La insistencia por gobernar con mano dura y despiadada alevosía se justifica por los beneficios que obtienen desde la cima del poder. Cuba es propiedad de los Castro y ahora tiene nuevos capataces para mostrar al mundo que su voracidad tiene una pausa simbólica.

Sepa, doctor Sánchez, que los cubanos siempre hemos estado muy cerca de España. Lazos de afectos, familiares y emocionales nos unen desde hace siglos a pesar del abominable crimen de la esclavitud y el pillaje del colonialismo español. Sin embargo, mis compatriotas de hoy, aquellos que luchan intramuros contra la dictadura cubana o en diferentes barricadas en el mundo, no olvidaremos su complicidad con quienes limitan el derecho sagrado de los cubanos a la libertad.

Usted favorece al régimen cubano internacionalmente. Se ve como aprovecha la condición de España, como puerta a Europa, para alivianar el peso de las sanciones de las democracias europeas contra el estado cubano. Es inmoral mirar al otro lado y no darle apoyo a los opositores por favorecer a sus compinches ideológicos. No es ético, tratándose del presidente de una democracia moderna, profundizar los intereses comerciales de un empresariado español que no oculta sus ribetes de racistas y da oxígeno al castrismo para, obviamente, extender en el tiempo esta pesadilla en nuestro país.

Le vi reunido con supuestos representantes de la sociedad civil cubana. ¿Le ha preguntado usted, cuántos de ellos son independientes del poder político? ¿Por qué consagran sus esfuerzos en fortalecer el sistema sin permitir que otros (los verdaderos independientes) sostengan proyectos viables para beneficio de los cubanos? ¿Qué motivaciones tienen para convertirse en turbas violentas y atacar a quienes no piensan como ellos? ¿Hasta dónde llega su impacto en el conjunto de la sociedad cubana cuando interpretan el mismo rol de la dictadura? Usted ha perdido la oportunidad de conocer a la verdadera Cuba. Esa que tiene grandes frustraciones, la que se escapa arriesgando su vida, la que se prostituye por fruslerías y la que se paraliza por la represión y el miedo cerval infundido por quienes le recibieron. La Habana no se puede, porque es imposible, conocerla en un paseo, por su parte restaurada, en tan solo treinta minutos. La capital cubana es un crisol humano. Un espacio habitado por personas ingeniosas que han perdido toda esperanza. Que ven caer a sus pies a una ciudad que antes la llegada de Castro al poder era considerada una de las más influyentes de América. Sin embargo, hoy parece una capital bombardeada por el abandono y sus ruinas, cotidiana en fin, son responsabilidad única de la nomenclatura que le sirvió de anfitrión.

Usted, doctor Sánchez, pudo haber conocido a Cuba y a La Habana, si el valor, reservado a la dignidad y el decoro, le hubiera acompañado. Los opositores a la dictadura tienen una visión diferente de la realidad cubana. Son quienes mejor pudieron exponérsela y desnudarla en su interior. Sin embargo, Ud. optó por hacer valer la versión de quienes violan los derechos humanos y cercenan libertades. Los opositores le hubieran presentado a un médico preso, el doctor Eduardo Cardet, sus proyectos de cambios, las heridas del castrismo, los testimonios ensangrentados de quienes han sufrido cárceles, torturas, acosos y represiones. La versión de los oposicionistas retrata al cubano de a pie porque son ellos mismos.

Observo, señor presidente, como desde cualquier rincón de España se advierte una fascinación por Cuba. Si alguien sabe que la isla es una nación fascinante son los españoles. Sin embargo, ese encanto permite mirar a mi país con una superficialidad enfermiza. Los políticos, lo hacen desde el prisma del régimen confundiendo, por prematura ignorancia, a la nación con Castro. Llegan a enamorarse de los que mandan y aquellos representantes del ciudadano español no muestra la misma preocupación si se trata de un cubano. Ya lo sé, doctor Sánchez. Es culpa de una propaganda holista, fulera y sutil que les ha contaminado tanto hasta percibir con buenos ojos a la última dictadura de occidente. A usted y a otros políticos de su país los veo y los escucho hablar de los trabajadores y como se convierten de paladines y defensores de sus derechos. ¿Si son hermanos ideológicos de las masas trabajadoras porque no la tuvo en el centro de su misión en La Habana? También lo sé, no se puede incomodar al régimen, el dialogo y el talante político (palabras de Zapatero) son las armas adecuadas para tratar con Cuba. La dictadura cubana habla con todo el mundo, menos con su pueblo y eso desnuda parte de su naturaleza punible. 
     
Dijo usted, para elevar el tono de la presunción de genio, que su visita fue histórica. Es poco creíble. Tal vez, demasiado exagerada. La historia no se hace sin los pueblos. Aquel que visite Cuba, como Ud. acaba de hacer para dar preferencia a la tiranía, y reniegue a su pueblo, no puede ser parte de la historia.

¡ANIMO!

Ramón Colás

      
   
   

Saturday, November 17, 2018

Diagnóstico de un economista



“Los economistas son los galenos de la sociedad” afirmaba un amigo,  profesional de esta ciencia, después de un viaje a la Cuba profunda. Fue acompañado de dos estadounidenses, tan cultos él, y no tenía la intención de hacer un diagnóstico de aquella sociedad insular. Sin embargo, una vez allí, el entorno lo envuelve todo y esa magia tropical contagia al hombre ilustrado y le permite hacer interrogantes. Se impuso conocer aquel fenómeno visible y medir el grado de profundidad de la revolución entre los cubanos.
Fue afortunado. Pudo hablar con los viejos amigos (intelectuales como él) obviamente, con la familia, los vecinos del barrio y con figuras importantes conectadas al poder. De todas sus observaciones la más trascendente, al menos para mí, fue que el pueblo se expresa con cierta libertad en cualquier parte. “Han comenzado a perder el miedo y esas manifestación de inconformidad es lo que debe contar porque se trata de la gente mi hermano” – me dijo. La inquietud de las personas con quien pudo hablar, no gravitaba solamente en irse o quedarse, sino en que el sistema cambie. Saben que el país es potencialmente rico para prosperar. “Cuba es una nación virgen para los intelectuales y los emprendedores porque todo está por hacer”- asegura. Las aperturas mínimas (teléfonos celulares o Internet) son ventanas aprovechables y ahora las fronteras de la isla son más amplias. Eso obliga al régimen a la articulación de un alegato ajustable a la realidad del pueblo. Las píldoras paliativas aplicadas en los placebos del discurso oficial tienen voces críticas en cualquier orilla del país y los ecos de la misma llegan a cualquier parte del mundo.
Existen pugnas en el poder. El Tuerto, así le dicen al hijo de Raúl Castro, pugnaba por ser el eje de la continuidad. Sin embargo, no contaba con el respaldo de los viejos generales y los históricos comandantes de la revolución. Su padre lo ubica, respondiéndoles a los detractores del chamaco, en una esquina de la jerarquía donde controla a todos, incluso aquellos que le detestan. La contrainteligencia militar en la isla tiene el poder ilimitado. El recorrido de Alejandro Castro Espín, al frente de los servicios de inteligencia militar, no ha sido una cuña donde pudiera estar a salvo. Actualmente se dice, y nadie sabe porque, que el coronel Castro Espín está en baja. Sin embargo, su hermana Mariela, cuyas ambiciones para presidenta son obvias y cuajan con rapidez, ha comenzado a construir el camino hacia esos peldaños. La Mariela cree tener un atractivo para llegar a la cima. Es mujer y eso le concedería un gran respaldo en una sociedad machista y marcada por una historia política de hombres duros. Internacionalmente es conocida como aperturista por la defensa que hace de los homosexuales y tal. El aval de Mariela sostiene una continuidad por debajo de la mesa. Ella pulsa el funcionamiento del sistema desde una retórica aparentemente novedosa que adhiere simpatía de todos los lados.
Los generales todos son ricos. Después de expoliar al sufrido pueblo de Cuba se han dado cuenta que disfrutan a media ese caudal. Necesitan más. Es decir espacio para gastar su fortuna. Ya sea comprándose una mega yate, un trozo de isla en los archipiélagos del norte, construirse una enorme mansión en zonas exclusivas y sin explotar o viajar el mundo en sus propios jet privado. Cuba le resulta pequeña. En ese orden de cosa, se desprende por las conversaciones que sostuvo el economista, que en el fondo quisieran “cambiar” el sistema. Además, se hacen viejos capataces rodeado de las mismas experiencias y al parecer eso les agota. Cambiar no implica renunciar a la gloria que han vivido. No. Se trata de una nueva arquitectura de flexibilidad (al estilo ruso) donde los oligarcas provienen del poder y nadie le cuestiona sus inversiones millonarias en la vida económica de aquel país.
El racismo le inquieta. Los negros pocos ilustrado están en el lugar de siempre. Los mulaticos miran su lado claro y reniegan sus ancestros africanos. Considera, con justa razón, que el sistema de supremacía blanca que se impuso en Cuba desde la colonia está intacto. Prevalece porque la elite revolucionaria de Fidel Castro fue, es, y por lo que indica la realidad, será blanca. Castro negó la discusión sobre relaciones raciales indicando que su revolución había enterrado para siempre el crimen del racismo. Sin embargo, es gran mentira, como tantas otras, son visibles en la isla. Los negros viven en las peores casas, son minorías en los negocios privados, pocos visualizados en la nomenklatura y aquellos cuentapropistas de mayores éxitos no emplean a personas de piel oscura. La justificación es simple y racional. Se trata de un negocio familiar de personas blancas. Las conclusiones del economista sobre el tema es contundente: el desmantelamiento del sistema de supremacía blanca es el primer paso para construir un país integrado. Integración capaz de movilizar a lo mejor del alma nacional porque la inteligencia es sobrada en todos los componentes raciales en Cuba.   
Lo predecible es, decía con cierto optimismo, la inevitabilidad del cambio aunque no se sabe el momento justo cuando ha de llegar. Y es comprensible, los nuevos rostros en el poder, aunque intenten interpretar puntualmente el imaginario de los Castros, no son los mismos. No pueden ser iguales.
Finalmente, me hablaba de los retos y de las amenazas reales para el futuro. Los que están viviendo mal hoy, vivirán mal mañana. Los que más tienen en este momento, tendrán mucho más al siguiente día. Estos últimos están preparados y tiene las conexiones con los capataces de hoy y se preparan para construirlas con los que vengan. Cuba está por vivir sus peores momentos y son aquellos que van desde la desaparición del castrismo hasta la instauración de una estabilidad política. El riesgo de una encarnizada violencia entre cubanos, si llega a producirse, será cuando los expoliadores del pueblo se resistan a perder sus privilegios y se blinden hasta los dientes para preservar, a mordiscos, los favores del régimen. La alevosía del castrismo se verá venir.     

Saturday, November 10, 2018


Socialismo a la vista

Las pasadas elecciones en Estados Unidos dejan ver, en el mapa político nacional, a un país dividido por la crispación y el enfrentamiento ideológico. Impresiona, el avance de las ideas socialistas y con ello el asentamiento de un imaginario de igualdad en la conciencia colectiva. Un sector importante del pueblo americano (sobre todos jóvenes) se ha enamorado de la palabra cambio y del "Yes we can". El slogan utilizado por Barack Obama, en su campaña a la Casa Blanca en el 2008, resucita el entusiasmo de aquellos, que por sus convicciones revolucionarias, recelos y el odio a los valores democraticos, están seguros de cambiar el estatus histórico de esta nación.

La encarnizada lucha por la gobernación de la Florida, entre republicanos y demócratas, ilustra la profundidad del socialismo entre los habitantes de aquí. Andrew Gillum, declarado abiertamente socialista, diagnosticaba, con los resultados obtenidos, la temperatura de la ideología que defiende. Y lo que asusta son los modismos. Esa tendencia a tatuarse en la mente lo que mejor suena y agrada a la juventud. Se debe estar alerta porque la ingenuidad americana no es capaz de advertir que en cada cuadra, en la sala contigua de cualquier oficina, en las aulas universitarias y en los medios, se procrea el mismo fantasma que azotaría a Europa.

En Estados Unidos se demuestra, cada día y a cada hora, que el socialismo nunca murió y, lo peor, que nunca fue herido de muerte. La desaparición de la URSS fue un ensayo, diría Marx, para corregir las variantes estratégicas que inclinen a su favor la lucha por la liberación de los pueblos. Como la acción armada no cuaja, el ideario de Gramsci, aquel lisiado de mente brillante y retorcidas ideas, es perfectamente adecuado para producir el efecto a favor de un sistema socialista mundial. Y su apuesta es por ello. Basta con que caiga Estados Unidos para que el mundo sea tan rojo como la sangre que harán derramar a quienes se les enfrenten.


Tuesday, October 16, 2018

El Doctor Sánchez se alista para visitar Cuba.

El “doctor” Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, viajará a Cuba en la segunda quincena de Noviembre. Es un viaje apresurado y conveniente para este señor, si tomamos en cuenta las circunstancias que llevaron al líder socialista a la Moncloa. Pocas visitas oficiales se fraguan en tan breve tiempo. También está motivado por la invitación de Díaz Canel, cuando ambos se encontraron en New York hace unas pocas semanas atrás. El Dr. Sánchez, un socialista afín al marxismo de Podemos y Pablo Iglesias, es digno de estudio. Su cara habla por él. A primera vista, se le ve comprimiendo el odio contra todo lo diferente a su imaginario político. Es rabioso y no puede esconder su desanimo cuando algo funciona al revés a su credo. Es un tipo que asusta, a pesar de su juventud, porque ambiciona el poder de manera feroz. Además, por lo visto, no tiene escrúpulos para nadar contra corriente y para decir NO aunque cueste el hundimiento de la barca. Yo no vino en España, pero leo las noticias en los diarios de allí, veo los noticiarios internacionales y las opiniones de los expertos. En ello descubro el retrato de un hombre aferrado a cambiar la historia por decreto y a buscar alianzas con quienes desean hacer mil pedazos de la España grande, que al día de hoy no parece eterna. Creo ver en su rostro -que habla por él- a la estirpe castrada del comunista real, camuflado detrás de las cortinas democráticas y la formalidad parlamentaria, reinventándose en un siglo convulso y confuso, donde golpear es válido y al precio que sea. ¿Qué hará en Cuba? Legitimar a la dictadura, congratularse con haber pisado la tierra de algún antepasado y aspirar a la gloria de un déspota caribeño. A defender los intereses económicos de los españoles que no quieren negros en sus negocios, pero si multas en sus camas. Y a conquistar, de eso si estoy seguro, el agrado de la élite castrista por convertirse en facilitador del reconocimiento en la Unión Europea a la última dictadura de occidente.

Sunday, October 14, 2018

La felicidad

Si, por ejemplo, pudiera estar en un lugar, donde la felicidad fuera abundante, mencionaría a Cuba. Me atrevería, como lo he hecho siempre, a criticar el goce desmedido de los que van allí para luego presentarnos acá a un país idílico y saturado de júbilo. Donde, al parecer, antes la mirada ingenua del visitante, no aparece la miseria, la falta de libertades y el fantasma del miedo cerval. No llevaría medallas en mi cuello o panfletos edulcorados de firmas importantes. Ni ostentaría de nada. Contrario aquel que alquila prendas de valor para valorarse como superiores antes su familia y los vecinos miserables del barrio pobre donde nada ha cambiado. Arribaría con muchísimas ganas de mostrar que el mundo fui pisado por mí y que en sus esquinas nunca encontré el agravio. Que el paraíso no pasa por una dictadura y mucho menos por la esclavitud. Que la libertad es un don tan preciado que todavía en pleno Siglo XXI hay personas muriendo por ser libres. Ilustraría un catálogo de sitios inhóspitos, catedrales antiguas y murallas perdidas entre las raíces salvajes de un bosque inexplorable. Contaría que París no es solo una ciudad, sino un arcoíris de colores y que es Estocolmo no siempre es tan frío. Después, siguiendo el guion ajustado al invento o al delirio, comentaría los encantos de los fiordos y la tranquilidad del rio Voltava y los peligros de Beirut. Pocos me creerían porque muchas personas allí están ocupadas en sus quehaceres indoctos y sus fronteras son los sitios donde alcanzan a escuchar el grito del vecino. La mayor parte de la gente quiere escuchar las historias de la abundancia y el derroche del capitalismo. Lo importante es el cash, la moneda verde o una pacotilla de la yuma para exhibir el éxito de los que se van. 
No exagero, nunca lo hago, pero esta vez, como tantas otras, no me avergüenzo de no poder estar en ese sitio de felicidad abundante. Alguien me criticaba por tanta dureza conmigo mismo. Por irracional y tonto. Por la obcecación y sandez. “Vete a Cuba es gozar de lo bueno”, me sugería un gringo (no tan viejo) que estuvo allí y aprehendió los placeres más grandes de su vida. “En Cuba emborracharse es lo mejor. Es único e irrepetible y nadie te mira mal. Todo es fiesta. Un carnaval perpetuo… una feria.” Y parece verdad, porque aquellos que creen en los auspicios del horóscopo, lo sublime se alcanza en esa isla del trópico. 
Un barcelonés, frustrado con su identidad, viajó a Cuba enamorado del país y al regresar se daba cuenta que su fascinación no era aquel trozo de tierra, sino una mulata santiaguera. Se hizo pasar por rico con dos mil euros en el bolsillo. Nadie advirtió en sus manos, de constructor barato, las callosidades perpetuas, ni en su rostro las arrugas del sol mediterráneo. Sin embargo, contaba de sus travesías por el norte africano, de sus viajes a Kenia y las matanzas de leones en las planicies eternas del África austral. Llevaba cadena de oro de pocos quilates y un reloj automático comprado en un mercado de segunda. Las putas (aunque nos avergüence) y sus parientes lo acogieron como a un Dios. Como al ilustre visitante llegado de Europa donde todo es mejor. Tuvo sus días de gloria aquella vez. Regresaba a su país e invitaba a todos sus amigos a visitar la isla. “Qué país, que mujeres macho,(…) allí todo es bueno” – decía con cierta arrogancia. Las anécdotas eran tan triviales como la vida misma de la gente en Cuba. Y creyó que el paraíso y la felicidad pasa por dormir con tres mujeres -una por noche- o sentirse más importante que los hombres de allí. Nadie le habló de un libro de Arenas, Zoé o Cabrera Infantes. Tampoco de Leví Marrero o Moreno Marginal. Menos del son y la guaracha o de la canchánchara mambisa. La verdadera historia, las tradiciones y los valores visibles de nuestra cubanía languidecen y nunca son contadas a nadie. ¡Qué poco importa! Sin embargo, regresaba cargado de los últimos éxitos del reguetón y algunas postales de la parte restauradas de la capital. También de sus playas. Y algunos videos de su intimidad con el rostro perpetuo de placidez de aquellas mujeres desgraciadas que le hicieron creer que Cuba es la arcadia de la felicidad.