Los eventos de la oposición cívica Cuba y el exilio carecen de un elemento esencial para alcanzar un acuerdo común, estratégico e inteligente entre todas las partes involucradas en el conflicto cubano. Se trata del facilitador.
Este sujeto que se ha puesto de moda a nivel internacional, aunque ha existido desde hace mucho tiempo, es esencial para orientar o instruir acerca de algunas tareas relevantes en situaciones antagónicas. En el campo de la política cobra valor su participación en la resolución de tensiones entre partes enfrentadas en un país determinados, entre naciones, organizaciones políticas, gobiernos y potencias.
Ha sido tanta su importancia que en 1993 se creó la Asociación Internacional de Facilitadores, para la promoción profesional de esa carrera, tomando en cuenta que cada vez más, estos promotores del diálogo consensuado, son vitales en la solución de tensiones políticas a todos los niveles.
Su misión es ayudar a entender los objetivos comunes entre las partes enfrentadas, sin pronunciarse a favor o en contra de algunas de ellas. También, diseña un plan estratégico para alcanzar un consenso en los puntos de desacuerdo preexistentes o lo que surjan en medio de las discusiones para un acuerdo. Es decir, el facilitador crea una sinergia para que los grupos trabajen con mayor efectividad, colaboren y funcionen bajo una atmósfera de respeto mutuo. La importancia mayor radica en que “las decisiones a las cuales se arriben deben ser de calidad y todos tengan logros excepcionales”, según expone Ingrid Bens en su libro Facilitando con facilidad.
Por su parte, Sam Kaner considera que el trabajo del facilitador es:“apoyar los mejores pensamientos y prácticas en todos los participantes de un grupo. Para lograrlo, el facilitador promueve la máxima participación, el entendimiento mutuo y cultiva las responsabilidades compartidas. Incitando a todos a conseguir sus más logrados pensamientos, permite a los miembros de un grupo buscar soluciones inclusivas y a construir acuerdos sustentables."
Para facilitar hay que ganarse el respeto de los demás y cuando no se llega a un consenso, su trabajo es hacer entender a cada grupo las diferencias existentes.
El caso cubano necesita de facilitadores competentes, audaces, inteligentes y con valor para persuadir a los actores políticos del exilio y la isla acerca de la necesidad del consenso patriótico.
Hace unos meses, Eduardo Pérez Bengoechea, un exiliado sin afiliación política a ningún grupo en particular, reunió bajo un mismo techo a las principales figuras de la oposición cubana en la diáspora. El ambiente era de respeto y la tensión, que a veces se espera cuando los cubanos de diferentes ideas se reúnen, nunca afloró porque el facilitador de aquel encuentro creó una sinergia propicia para compartir en libertad las diferencias.
Escuchando a Tomas Rodríguez, líder de Agenda Cuba en Miami, encontré las mismas intenciones cuando, a través de los micrófonos de un programa radial que conduce, supo construir un ambiente de concordia en medio de tirantes diferencias.
Urge aprender de la modernidad para tener visión de futuro. Posiblemente, el mejor liderazgo de Cuba esté en mano de quienes rompan los moldes y deje atrás el protagonismo aberrante y se convierta en facilitador de nuestros desacuerdos.
(Comentario transmitido hacia Cuba por Radio Martí)
Saturday, April 14, 2012
Friday, April 6, 2012
Debate en La Habana
Una noticia sobre Cuba recorre el mundo en los últimos días con una interrogante en mayúscula. ¿Existe debate en la isla? Todo parte de una reciente comparecencia en el centro cultural Félix Varela de la Habana auspiciada por la revista Espacio Laical del exitoso empresario cubano radicado en Miami, Carlos Saladrigas.
Según la opinión de corresponsal de BBC mundo en La Habana en el auditorio se encentraban disidentes, blogueros, periodistas independientes, militantes comunistas, intelectuales, creyentes, ateos, curas, cubanos de a pie y, evidentemente, los servicios secretos del régimen parapetados entre todo el arco iris de asistentes.
Las referencias del señor Saladrigas estaban basadas en puntos cardinales de nuestra sociedad. Se refería a la necesidad de fomentar el diálogo entre los cubanos, dentro y fuera, de reconciliar las diferencias, ponderar, en la oportunidad económica, las potencialidades del país para superar su pobreza, de mirar al futuro con una visión moderna en la política y la economía. Describía, además, al desencanto de los cubanos y pronosticaba una Cuba diferente si las reformas de Raúl Castro accedieran a darle participación el poderoso capital de los cubanos exiliados.
Cuentan algunos de los participantes, a los cuales hemos consultado, que el debate fue libre, abierto, extenso y profundo. Los seguidores del gobierno expusieron su temor al capital libre en la sociedad cubana. Un bloguero afirmó que el régimen cubano es el único que debe ceder chocando, tal vez, con la flexibilidad que el exponente busca entre todos los actores de cambio en el país.
La pregunta es si se pueden hacer debates en Cuba sobre temas polémicos y controversiales. Lo ocurrido en el Centro Félix Varela asegura que si. ¿Quién los organiza? Hasta ahora la iglesia, convertida en el único interlocutor valido con el régimen, capitaliza los encuentros. Pero cabe preguntarse además. ¿Habrá que esperar por las autoridades cubanas para ganar otros espacios paralelos donde se puedan discutir decentemente, con civilitud y prudencia los problemas de Cuba?
Recuerdo aquel histórico proceso iniciado en la extinta Unión Soviética por Mijail Gorbachov, llamado Glasnost que liberaba a los rusos en un alto por ciento del hermetismo oficial, la censura y la persecución por opinar. Relatan los historiadores que cada esquina de ese extenso país se convirtió en una tribuna donde cada cual llegó a expresar sus ideas sin temor a represalias. Lo demás es historia conocida, el socialismo real se vino abajo y detrás de las cortinas de acero se desvistió la realidad del fracasado modelo comunista.
Si el centro Félix Varela invitó a Carlos Saladrigas, quien se encuentra en el antípoda ideológico del régimen cubano a exponer sus puntos de vistas, no debe sorprender que mañana un disidente verdadero, con un proyecto estructural, estratégico y creíble para el bien de Cuba ocupe el podio de aquel lugar. Lo importante es recatar la cultura de debate, perdida por el monólogo oficial, la censura y el miedo a la verdad. Si una ventana se abre hay que aprovecharla para mirar al sol. Por ella pueden entrar los primeros rayos de luz que luego serán más cuando se abran otras puertas.
Según la opinión de corresponsal de BBC mundo en La Habana en el auditorio se encentraban disidentes, blogueros, periodistas independientes, militantes comunistas, intelectuales, creyentes, ateos, curas, cubanos de a pie y, evidentemente, los servicios secretos del régimen parapetados entre todo el arco iris de asistentes.
Las referencias del señor Saladrigas estaban basadas en puntos cardinales de nuestra sociedad. Se refería a la necesidad de fomentar el diálogo entre los cubanos, dentro y fuera, de reconciliar las diferencias, ponderar, en la oportunidad económica, las potencialidades del país para superar su pobreza, de mirar al futuro con una visión moderna en la política y la economía. Describía, además, al desencanto de los cubanos y pronosticaba una Cuba diferente si las reformas de Raúl Castro accedieran a darle participación el poderoso capital de los cubanos exiliados.
Cuentan algunos de los participantes, a los cuales hemos consultado, que el debate fue libre, abierto, extenso y profundo. Los seguidores del gobierno expusieron su temor al capital libre en la sociedad cubana. Un bloguero afirmó que el régimen cubano es el único que debe ceder chocando, tal vez, con la flexibilidad que el exponente busca entre todos los actores de cambio en el país.
La pregunta es si se pueden hacer debates en Cuba sobre temas polémicos y controversiales. Lo ocurrido en el Centro Félix Varela asegura que si. ¿Quién los organiza? Hasta ahora la iglesia, convertida en el único interlocutor valido con el régimen, capitaliza los encuentros. Pero cabe preguntarse además. ¿Habrá que esperar por las autoridades cubanas para ganar otros espacios paralelos donde se puedan discutir decentemente, con civilitud y prudencia los problemas de Cuba?
Recuerdo aquel histórico proceso iniciado en la extinta Unión Soviética por Mijail Gorbachov, llamado Glasnost que liberaba a los rusos en un alto por ciento del hermetismo oficial, la censura y la persecución por opinar. Relatan los historiadores que cada esquina de ese extenso país se convirtió en una tribuna donde cada cual llegó a expresar sus ideas sin temor a represalias. Lo demás es historia conocida, el socialismo real se vino abajo y detrás de las cortinas de acero se desvistió la realidad del fracasado modelo comunista.
Si el centro Félix Varela invitó a Carlos Saladrigas, quien se encuentra en el antípoda ideológico del régimen cubano a exponer sus puntos de vistas, no debe sorprender que mañana un disidente verdadero, con un proyecto estructural, estratégico y creíble para el bien de Cuba ocupe el podio de aquel lugar. Lo importante es recatar la cultura de debate, perdida por el monólogo oficial, la censura y el miedo a la verdad. Si una ventana se abre hay que aprovecharla para mirar al sol. Por ella pueden entrar los primeros rayos de luz que luego serán más cuando se abran otras puertas.
Sunday, April 1, 2012
Héroes sin nombres
En la sociedad cubana actual se escuchan voces nuevas dentro de la oposición política. Provienen de todas partes del país, forman parte de todo el tejido social, de variados géneros, origen racial, ocupacional y de diferentes niveles de ilustración. Es sin dudas una buena noticia.
En el ideario revolucionario más radical, existe la creencia de que las revoluciones o los grandes cambios sociales son producidos por personas iluminadas y con características especiales. Ellos fundamentan cierto mesianismo para justificar la prolongación en el poder, el dominio de la voluntad individual e influir sobre el pensamiento de los ciudadanos.
Está demostrado que la grandeza de una persona proviene de la fuerza de su carácter, la convicción donde fundamenta sus ideas, el sentido ético de las misma, su impacto positivo en la sociedad, su educación y la capacidad de servir al bien común.
Ejemplos existen muchos a la largo de la historia y en todas partes del mundo. Los opositores cubanos no se diferencian a esos grandes hombres que hacen la diferencia.
Nelson Mandela, por ejemplo, pudo gobernar Sudáfrica por mucho tiempo. Gozaba de un nivel de popularidad durante su gobierno como nadie en la historia lo había alcanzado en ninguna parte. Sin embargo, al cumplir su primer período dio paso a una generación de jóvenes del Partido Nacional Africano y se convirtió en la figura histórica que jugó su rol en un momento y tuvo la inteligencia de retirarse a tiempo para prestar otro tipo servicio a su país. La Fundación Mandela encabeza la lucha contra el SIDA en África.
Nadie asocia la corrupción a su gobierno, ni violaciones a los derechos humanos contra los que antes reprimían a la mayoría negra, ni persiguió a sus represores durante el régimen del apartheid y nadie escuchó alguna palabra de odio en sus discursos. ¿Por qué este comportamiento de Mandela? Porque Nelson Mandela fue un servidor público que sustentó su liderazgo en una democracia incipiente con el ejemplo. Quiso la libertad para su pueblo, pero no el poder eterno. Tuvo la fuerza de sus convicciones, pero nunca renegó de las otras. Optó por la democracia capitalista antes que el socialismo totalitario. Llamó a sus adversarios a la reconciliación y supo perdonar.
Muy cerca de nosotros en América Latina, la izquierda racional, comprometida con los valores de la democracia, ha tenido a líderes que han actuado como servidores públicos y su liderazgo se basaron en superar los niveles de pobrezas de sus pueblos. José Ignacio Lula Da Silva, durante ocho años de gobierno, con una popularidad superior al 80 por ciento, sacó de la pobreza a más de 30 millones de brasileros. Eso es servir al bien común desde la altura del poder. Muchos disidentes, por su origen obreros, son como el ex presidente de Brasil y forman parte de la oposición. Hoy son verdaderos héroes sin nombres.
Vaclav Havel, recientemente fallecido, estaba en la antípoda ideológica de Nelson Mandela y Lula y murió el pasado año con la tranquilidad de que su país, la Republica Checa es, después de la parálisis comunista, una de las naciones más altamente desarrollada del mundo. Los opositores de Cuba pueden mirar esos ejemplos para asegurarse que ellos también pueden.
Los gobernantes cubanos deberían pensar en lo que dejarán al pueblo de la isla porque a pesar de haber gobernado más tiempo junto que todos los años que estuvieron en el poder Lula, Havel y Mandela no han trascendido como constructores. Pero nunca es tarde y estamos a tiempo todavía.
(Este comentario fue transmitido hacia Cuba por Radio Marti)
En el ideario revolucionario más radical, existe la creencia de que las revoluciones o los grandes cambios sociales son producidos por personas iluminadas y con características especiales. Ellos fundamentan cierto mesianismo para justificar la prolongación en el poder, el dominio de la voluntad individual e influir sobre el pensamiento de los ciudadanos.
Está demostrado que la grandeza de una persona proviene de la fuerza de su carácter, la convicción donde fundamenta sus ideas, el sentido ético de las misma, su impacto positivo en la sociedad, su educación y la capacidad de servir al bien común.
Ejemplos existen muchos a la largo de la historia y en todas partes del mundo. Los opositores cubanos no se diferencian a esos grandes hombres que hacen la diferencia.
Nelson Mandela, por ejemplo, pudo gobernar Sudáfrica por mucho tiempo. Gozaba de un nivel de popularidad durante su gobierno como nadie en la historia lo había alcanzado en ninguna parte. Sin embargo, al cumplir su primer período dio paso a una generación de jóvenes del Partido Nacional Africano y se convirtió en la figura histórica que jugó su rol en un momento y tuvo la inteligencia de retirarse a tiempo para prestar otro tipo servicio a su país. La Fundación Mandela encabeza la lucha contra el SIDA en África.
Nadie asocia la corrupción a su gobierno, ni violaciones a los derechos humanos contra los que antes reprimían a la mayoría negra, ni persiguió a sus represores durante el régimen del apartheid y nadie escuchó alguna palabra de odio en sus discursos. ¿Por qué este comportamiento de Mandela? Porque Nelson Mandela fue un servidor público que sustentó su liderazgo en una democracia incipiente con el ejemplo. Quiso la libertad para su pueblo, pero no el poder eterno. Tuvo la fuerza de sus convicciones, pero nunca renegó de las otras. Optó por la democracia capitalista antes que el socialismo totalitario. Llamó a sus adversarios a la reconciliación y supo perdonar.
Muy cerca de nosotros en América Latina, la izquierda racional, comprometida con los valores de la democracia, ha tenido a líderes que han actuado como servidores públicos y su liderazgo se basaron en superar los niveles de pobrezas de sus pueblos. José Ignacio Lula Da Silva, durante ocho años de gobierno, con una popularidad superior al 80 por ciento, sacó de la pobreza a más de 30 millones de brasileros. Eso es servir al bien común desde la altura del poder. Muchos disidentes, por su origen obreros, son como el ex presidente de Brasil y forman parte de la oposición. Hoy son verdaderos héroes sin nombres.
Vaclav Havel, recientemente fallecido, estaba en la antípoda ideológica de Nelson Mandela y Lula y murió el pasado año con la tranquilidad de que su país, la Republica Checa es, después de la parálisis comunista, una de las naciones más altamente desarrollada del mundo. Los opositores de Cuba pueden mirar esos ejemplos para asegurarse que ellos también pueden.
Los gobernantes cubanos deberían pensar en lo que dejarán al pueblo de la isla porque a pesar de haber gobernado más tiempo junto que todos los años que estuvieron en el poder Lula, Havel y Mandela no han trascendido como constructores. Pero nunca es tarde y estamos a tiempo todavía.
(Este comentario fue transmitido hacia Cuba por Radio Marti)
Friday, March 30, 2012
Oración en la oscuridad
La pasada visita del Santo Padre Benedicto XVI dejó muchas expectativas en Cuba y el resto del mundo. Sin embargo, un hecho ha pasado inadvertido. El día 27 de marzo el Papa oró en el santuario de la virgen de la caridad, nuestra virgen mambisa, por los negros en la isla. Para los que seguimos los acontecimientos del país resultó conmovedora y a la vez sorpresiva aquella plegaria por los cubanos de piel oscura.
Pero caben varias preguntas. ¿Tiene conciencia la iglesia cubana de los graves problemas que en materia de relaciones raciales existen en Cuba? ¿Informaron al Vaticano de este abominable comportamiento oficial contra los cubanos de ascendencia africana? ¿Tomó por sorpresa a las autoridades en la isla? ¿Se perfila la iglesia nacional a trabajar con los marginales, desfavorecidos y alejados de las pocas oportunidades de un país totalitario como son los negros cubanos?
Las respuestas son obvias. La iglesia vive en Cuba y tiene de alguna manera que captar el sentimiento racista que persiste en la sociedad cubana. No es ciega para dejar de ver que los negros son los que menos se visualizan en el poder político, los que menos accesos a trabajos atractivos tienen, lo que menos remesas reciben, los que peores viviendas tienen y los que pueblan, en su gran mayoría, las cárceles de la isla.
Claro, interpreta cualquiera, la iglesia cubana que informó al Vaticano del grave problema de la discriminación en Cuba, sino al Santo Padre no se le hubiera ocurrido hacer sus oraciones por ellos. En ese sentido, la iglesia ha sido éticamente realista y de alguna manera, con ese paso, comienza a moverse en un terreno donde pocos se atreven hablar en la isla y también genera recelos en algunos sectores del exilio cubano disperso por el mundo.
Para Raúl y el séquito revolucionario pudo ser sorpresiva la alusión al problema racial. Sin embargo, con la excepción de Esteban Lazo y un escolta cercano al máximo gobernante cubano, no se veían a otros negros cerca del Papa, ni de su comitiva oficial. Sigo diciendo que la dirección política de Cuba parece más escandinava que caribena. Revertirlo no es difícil porque cubanos de piel oscura existen en todas partes con talento, inteligencia y capacidad para compartir el liderazgo político y los destinos del país.
Esta oración por los negros cubanos le indica a quienes tenemos la piel oscura en Cuba que su iglesia trabajará para favorecernos de la indefensión y la marginalidad. Ahora, al parecer, comienza un nuevo ciclo de restauración al daño histórico que han sufrido quienes, a pesar de ser cubanos, como todos los demás, han estado en el ultimo escalón de la sociedad cubana desde el nacimiento mismo de la nación.
Pero caben varias preguntas. ¿Tiene conciencia la iglesia cubana de los graves problemas que en materia de relaciones raciales existen en Cuba? ¿Informaron al Vaticano de este abominable comportamiento oficial contra los cubanos de ascendencia africana? ¿Tomó por sorpresa a las autoridades en la isla? ¿Se perfila la iglesia nacional a trabajar con los marginales, desfavorecidos y alejados de las pocas oportunidades de un país totalitario como son los negros cubanos?
Las respuestas son obvias. La iglesia vive en Cuba y tiene de alguna manera que captar el sentimiento racista que persiste en la sociedad cubana. No es ciega para dejar de ver que los negros son los que menos se visualizan en el poder político, los que menos accesos a trabajos atractivos tienen, lo que menos remesas reciben, los que peores viviendas tienen y los que pueblan, en su gran mayoría, las cárceles de la isla.
Claro, interpreta cualquiera, la iglesia cubana que informó al Vaticano del grave problema de la discriminación en Cuba, sino al Santo Padre no se le hubiera ocurrido hacer sus oraciones por ellos. En ese sentido, la iglesia ha sido éticamente realista y de alguna manera, con ese paso, comienza a moverse en un terreno donde pocos se atreven hablar en la isla y también genera recelos en algunos sectores del exilio cubano disperso por el mundo.
Para Raúl y el séquito revolucionario pudo ser sorpresiva la alusión al problema racial. Sin embargo, con la excepción de Esteban Lazo y un escolta cercano al máximo gobernante cubano, no se veían a otros negros cerca del Papa, ni de su comitiva oficial. Sigo diciendo que la dirección política de Cuba parece más escandinava que caribena. Revertirlo no es difícil porque cubanos de piel oscura existen en todas partes con talento, inteligencia y capacidad para compartir el liderazgo político y los destinos del país.
Esta oración por los negros cubanos le indica a quienes tenemos la piel oscura en Cuba que su iglesia trabajará para favorecernos de la indefensión y la marginalidad. Ahora, al parecer, comienza un nuevo ciclo de restauración al daño histórico que han sufrido quienes, a pesar de ser cubanos, como todos los demás, han estado en el ultimo escalón de la sociedad cubana desde el nacimiento mismo de la nación.
Friday, March 16, 2012
El Vicario en La Habana
La próxima visita a Cuba del Santo Padre Benedicto XVI, ha devenido en un enorme reto para la iglesia cubana y para el propio gobierno en la isla. La iglesia, cuya misión pastoral es incuestionable, ha tropezado con el rechazo de un sector minoritario de la oposición cubana que interpreta el papel de intermediario de la institución religiosa, como un vehículo que les facilita a las autoridades la permanencia en el poder y el reconocimiento del modelo político.
Para el gobierno, significa una oportunidad para internacionalizar su imagen, mostrar algunos tibios avances en materia de libertades económicas, liberación de presos políticos, eliminación de varias trabas burocráticas, que atentaban contra la libertad de las personas, y para exponer su disposición a colaborar con todos los elementos de reconozcan el derecho a la existencia de un sistema socialista en la mayor de las antillas.
Las miradas de muchos países se vuelven a La Habana con sumo interés. Lo mismo ocurrió con la anterior visita del vicario de Cristo en el Vaticano a Cuba, Juan Pablo II, quien invitó al gobierno a que se abriera al mundo para que este hiciera lo mismo con la isla, pero tal desafío no fue enfrentado con la energía que muchas personas optimistas de todas partes esperaban. La diferencia entre aquella histórica visita y esta, es que Fidel Castro, el padre ideológico del socialismo cubano, no está en el poder y su figura, desgastada por la vejez, no ocupará el centro de atención de este viaje pastoral.
Raúl Castro, de hecho, asume un nuevo e inesperado protagonismo ante una figura mundial que le supera en ilustración, carisma y brillantez. Pero, encontrarse con el menor de los hermanos Castro, será el primer cambio en Cuba que notará el Santo Padre.
Los críticos de este viaje olvidan que en política hay que ser pragmático y si algo positivo trae para Cuba este peregrinar es que por varias horas un espacio libre se abrirá para todos los cubanos y la iglesia del pueblo tendrá la oportunidad de asumir los desafíos de esta gira para beneficio de una nación.
Esperar que la visita traiga la libertad a Cuba no debe ser la principal motivación de quienes piensan así. Ese es un problema que atañe solo al pueblo de la isla y son los cubanos los únicos encargados de construir su espacio libre.
Si la visita deviene en una oportunidad para establecer puentes entre los cubanos de todas las orillas, darle apertura a un proceso de dialogo nacional, como invita el Movimiento Cristiano Liberación, y superar las diferencias que han separado a los cubanos por más de medio siglo, bienvenido sea. Sin embargo, sentarse a esperar que otros asuman la responsabilidad de cambiar lo que es un deber del ciudadano en la isla es un error lamentable de la inteligencia humana.
Las noticias llegadas de Cuba, en torno a este viaje, destacan un hecho sin precedente de los activistas cívicos en la isla. La ocupación de la Basílica Menor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, en Centro Habana, por 13 disidentes perteneciente al Partido republicano de Cuba. Aquí se vierten diferentes criterios. Unos a favor y otros en contra. La verdad es que la iglesia es un espacio sagrado que debe ser respetado y aunque las demandas que se exigen sean legitimas, existen, por las porosidades del propio sistema, vías donde encausarlas. Nadie en Cuba, ni en el extranjero tiene el patrimonio absoluto de la lucha por la construcción de un país democrático. Todas las acciones cívicas son valiosas, si su efecto favorece los objetivos estratégicos de esa lucha, pero cuando los empaña, es mejor orientarse hacia otras metas.
Como un cubano más, doy la bienvenida al Santo Padre a Cuba, me uno al clamor de quienes seguirán en la distancia el recorrido papal por la tierra de la Virgen de la Caridad y como católico, aumento la confianza en mi iglesia, porque es el santuario sagrado donde se profesa la paz y el amor tan necesario para refundar a Cuba.
Para el gobierno, significa una oportunidad para internacionalizar su imagen, mostrar algunos tibios avances en materia de libertades económicas, liberación de presos políticos, eliminación de varias trabas burocráticas, que atentaban contra la libertad de las personas, y para exponer su disposición a colaborar con todos los elementos de reconozcan el derecho a la existencia de un sistema socialista en la mayor de las antillas.
Las miradas de muchos países se vuelven a La Habana con sumo interés. Lo mismo ocurrió con la anterior visita del vicario de Cristo en el Vaticano a Cuba, Juan Pablo II, quien invitó al gobierno a que se abriera al mundo para que este hiciera lo mismo con la isla, pero tal desafío no fue enfrentado con la energía que muchas personas optimistas de todas partes esperaban. La diferencia entre aquella histórica visita y esta, es que Fidel Castro, el padre ideológico del socialismo cubano, no está en el poder y su figura, desgastada por la vejez, no ocupará el centro de atención de este viaje pastoral.
Raúl Castro, de hecho, asume un nuevo e inesperado protagonismo ante una figura mundial que le supera en ilustración, carisma y brillantez. Pero, encontrarse con el menor de los hermanos Castro, será el primer cambio en Cuba que notará el Santo Padre.
Los críticos de este viaje olvidan que en política hay que ser pragmático y si algo positivo trae para Cuba este peregrinar es que por varias horas un espacio libre se abrirá para todos los cubanos y la iglesia del pueblo tendrá la oportunidad de asumir los desafíos de esta gira para beneficio de una nación.
Esperar que la visita traiga la libertad a Cuba no debe ser la principal motivación de quienes piensan así. Ese es un problema que atañe solo al pueblo de la isla y son los cubanos los únicos encargados de construir su espacio libre.
Si la visita deviene en una oportunidad para establecer puentes entre los cubanos de todas las orillas, darle apertura a un proceso de dialogo nacional, como invita el Movimiento Cristiano Liberación, y superar las diferencias que han separado a los cubanos por más de medio siglo, bienvenido sea. Sin embargo, sentarse a esperar que otros asuman la responsabilidad de cambiar lo que es un deber del ciudadano en la isla es un error lamentable de la inteligencia humana.
Las noticias llegadas de Cuba, en torno a este viaje, destacan un hecho sin precedente de los activistas cívicos en la isla. La ocupación de la Basílica Menor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, en Centro Habana, por 13 disidentes perteneciente al Partido republicano de Cuba. Aquí se vierten diferentes criterios. Unos a favor y otros en contra. La verdad es que la iglesia es un espacio sagrado que debe ser respetado y aunque las demandas que se exigen sean legitimas, existen, por las porosidades del propio sistema, vías donde encausarlas. Nadie en Cuba, ni en el extranjero tiene el patrimonio absoluto de la lucha por la construcción de un país democrático. Todas las acciones cívicas son valiosas, si su efecto favorece los objetivos estratégicos de esa lucha, pero cuando los empaña, es mejor orientarse hacia otras metas.
Como un cubano más, doy la bienvenida al Santo Padre a Cuba, me uno al clamor de quienes seguirán en la distancia el recorrido papal por la tierra de la Virgen de la Caridad y como católico, aumento la confianza en mi iglesia, porque es el santuario sagrado donde se profesa la paz y el amor tan necesario para refundar a Cuba.
Sunday, January 29, 2012
Terrorista
Nunca acostumbro a reaccionar a las acciones provocadoras del régimen cubano porque no deseo ser presa de su desatino. Tampoco pretendo demostrarle que su retorcida enfermedad de golpes bajos, intrigas y descalificaciones me ponen abrumado. Hoy, sin embargo, haré tres breves observaciones al calificativo de terrorista que me otorgan en ECURED, una especie de enciclopedia cubana en la red para uso local, donde a los peligrosos (donde me incluyen) lo descalifican con el peor denominador que pueda tener una persona hoy en el orbe.
Primero, después del 11 de septiembre, la palabra terrorista en todo el mundo inspira temor y desconfianza. Ubicarme ese mote puede resultar, en las mentes retorcidas de algunos que habitan en todas partes y en los que desconocen la naturaleza infame del totalitarismo cubano, muy efectivo al aparato de propaganda de la dictadura dentro y fuera de Cuba. Es un aval para cerrar las puertas que siempre se nos han abierto para exponer la realidad de sistema político cubano.
Segundo, el peligro que represento a las autoridades cubanas se evidencia en mi vida familiar. Mis padres siempre han sido pobres, jamás han expoliado nada a nadie, soy negro, nacido después de la revolución, formado bajo los slogans del comunismo, fundador de un proyecto cultural-educativo de alcance social y cuando expreso una opinión la desnudo. Al régimen le preocupa que mi vida no tenga vínculo con el pasado donde fundamentan su injustificada dictadura.
Tercero, (esto me lo confesó un ex embajador en La Habana) temen no tener argumento para contrarrestar el testimonio de los cuarenta años que viví bajo aquel sistema.
La única vez que he tomado un arma en mis manos fue en la isla cuando cursaba mis estudios universitarios en la Universidad Central de Las Villas. Allí, nos repetían unas palabras del Che donde nos inculcaban a odiar. “El odio, dijo el desaparecido comandante, como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo mortal.”
Mi suerte no fue aprender la lección y la dictadura cubana sabe que estoy en la antípoda de ese calificativo.
Primero, después del 11 de septiembre, la palabra terrorista en todo el mundo inspira temor y desconfianza. Ubicarme ese mote puede resultar, en las mentes retorcidas de algunos que habitan en todas partes y en los que desconocen la naturaleza infame del totalitarismo cubano, muy efectivo al aparato de propaganda de la dictadura dentro y fuera de Cuba. Es un aval para cerrar las puertas que siempre se nos han abierto para exponer la realidad de sistema político cubano.
Segundo, el peligro que represento a las autoridades cubanas se evidencia en mi vida familiar. Mis padres siempre han sido pobres, jamás han expoliado nada a nadie, soy negro, nacido después de la revolución, formado bajo los slogans del comunismo, fundador de un proyecto cultural-educativo de alcance social y cuando expreso una opinión la desnudo. Al régimen le preocupa que mi vida no tenga vínculo con el pasado donde fundamentan su injustificada dictadura.
Tercero, (esto me lo confesó un ex embajador en La Habana) temen no tener argumento para contrarrestar el testimonio de los cuarenta años que viví bajo aquel sistema.
La única vez que he tomado un arma en mis manos fue en la isla cuando cursaba mis estudios universitarios en la Universidad Central de Las Villas. Allí, nos repetían unas palabras del Che donde nos inculcaban a odiar. “El odio, dijo el desaparecido comandante, como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo mortal.”
Mi suerte no fue aprender la lección y la dictadura cubana sabe que estoy en la antípoda de ese calificativo.
Thursday, December 29, 2011
El mejor regalo del 2012 para los cubanos
En pocas horas el absolutismo cubano arribará a 53 años en el poder. Es un tiempo demasiado largo en la vida de un hombre y una herida profunda en el corazón del país y como se ven las cosas, el tiempo, implacable para todos, parece detenido en un desliz incongruente contra un pueblo de sobrados valores de dignidad.
Más de medio siglo después, Cuba aparece atrapada por la incomprensión de sus líderes políticos, quienes aseguran determinar la voluntad popular con su designio ideológico. Ahí radica el problema capital en la isla y para los cubanos, porque la pretensión, valida y justificada, de la soberanía e independencia, ha generado una desilusión, el desastre del país y la maquiavélica idea de la inmortalidad totalitaria.
El mundo globalizado, la tecnología de punta y el compromiso político con los valores democráticos no han podido llevar a Cuba al sitio digno de países libres. Los opositores internos, la diáspora y los aliados internacionales, cada vez más por suerte, arriban a esta fecha repitiendo los mismos esquemas de la improvisación. Del otro lado, las estructuras del sistema se corrigen cada día para sobrevivir a la crisis, imponer su autoridad y preservar el poder por encima de todas las cosas.
Quienes celebran la fecha son los ganadores de 1959, mientras los que cargan el peso del fracaso, antes de improvisar contra el adversario, deben rectificar las estrategias por donde llegaron al terreno del juego. Y es que hace falta fundar una oposición estructural, orgánica y funcional que empuje en la dirección correcta y no vacile en hacer bien las cosas. Pudiera ser el mejor regalo en el 2012 para el pueblo cubano.
Más de medio siglo después, Cuba aparece atrapada por la incomprensión de sus líderes políticos, quienes aseguran determinar la voluntad popular con su designio ideológico. Ahí radica el problema capital en la isla y para los cubanos, porque la pretensión, valida y justificada, de la soberanía e independencia, ha generado una desilusión, el desastre del país y la maquiavélica idea de la inmortalidad totalitaria.
El mundo globalizado, la tecnología de punta y el compromiso político con los valores democráticos no han podido llevar a Cuba al sitio digno de países libres. Los opositores internos, la diáspora y los aliados internacionales, cada vez más por suerte, arriban a esta fecha repitiendo los mismos esquemas de la improvisación. Del otro lado, las estructuras del sistema se corrigen cada día para sobrevivir a la crisis, imponer su autoridad y preservar el poder por encima de todas las cosas.
Quienes celebran la fecha son los ganadores de 1959, mientras los que cargan el peso del fracaso, antes de improvisar contra el adversario, deben rectificar las estrategias por donde llegaron al terreno del juego. Y es que hace falta fundar una oposición estructural, orgánica y funcional que empuje en la dirección correcta y no vacile en hacer bien las cosas. Pudiera ser el mejor regalo en el 2012 para el pueblo cubano.
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