Un catedrático cubano de la Universidad de Miami me confesó hace unos días su pesimismo sobre Cuba. Basaba sus argumentos en tres aspectos muy bien fundados.
El primero se refiere a la prolongación del castrismo como doctrina política en la mentalidad de los cubanos y la apatía generalizada entre los ciudadanos que residen allí. En la segunda hablaba del cansancio de muchos en ambas orillas y en la última argumentaba del papel burlesco de todos los gobierno estadounidense desde 1959 hay hoy.
Considera el académico al castrismo como una efervescente analogía con el sectarismo religioso, cuyo fundamentalismo se inspira en la vigencia de Fidel Castro en la vida del cubano, donde estos veneran al líder por ciertos atributos que desde su imaginario han alcanzado gracias a él.
El cansancio, según opina el profesor, proviene a aquellos cubanos que han visto pasar el tiempo y muchos han comenzado a dejar este mundo sin que nada cambie en Cuba. Esa forma de deponer las armas, le permite al régimen consolidar las posiciones con Raúl Castro en el Palacio de Revolución, quien percibe la debilidad de sus adversarios y aprovecha las fisuras internas en los disidentes y opositores, de todos los lados, para apuntalar el continuismo. Preparar al clan familiar para los desafíos asociados a la desaparición de los líderes históricos, es una misión a la que el menor de los Castro dedica apasionadamente su tiempo. Ya han comenzado a familiarizarse con el entorno del poder y se sienten tan cómodos con el tío y el papá
También considera un agotamiento gradual e irreversible en las fuerzas democráticas dentro de la isla, porque los más conocidos disidentes sobreviven bajo techo haciendo declaraciones y denuncia, y a la misma vez, se van posicionando de cierta complacencia donde el régimen ni ellos advierten peligros de supervivencia.
La intolerancia del régimen también salpica a los viejos disidentes que se oponen a todas las iniciativas nuevas. Se sabe que más de una vez han criticado las acciones cívicas de Antunez en las calles del país, arremeten contra la FLAMUR por su campaña con La Misma Moneda y llaman loco a Biscet.
Sobre el papel de Estados Unidos, el profesor se suma a las voces que llevan años indicando un cambio de estrategia para convertir la solución en un tema exclusivamente cubano, con la ayuda del mundo. Si la ecuación Cuba-USA se sigue tomando en cuenta, los gobernantes de la isla se acomodaran a esos eventos que siempre le han favorecido.
Estoy de acuerdo en los tres aspectos y añadiría tan solo una pequeña cosa. Mientras los cubanos no nos demos cuenta que la solución pasa por un consenso entre todos (gobierno, oposición y exilio), sin intromisión de ajenos, estaremos en este lado del mundo haciendo las mismas cosas hasta que el cansancio y la muerte se ocupe de hacer su parte.
Analizar la realidad cubana con crudeza no indica pesimismo alguno. Hay que encontrar nuevas variables para poder ponderar al ciudadano en la isla que es, en definitiva el verdadero agente de cambio.
Thursday, February 18, 2010
Thursday, February 11, 2010
Los intelectuales de atuendos y argollas
“Los intelectuales no llevan corbata”, me dijo hace cuatro años un profesor de la Universidad Eau Claire en el estado de Wisconsin. Yo le respondí “eso piensan los sindicalistas, también los enemigos de la elegancia”. Claro, era una insinuación infeliz para que me despojara de la prenda que horas antes me había regalado mi gran amigo, el Dr. Vidaillet.
Ciertamente, en las tres conferencias que impartí yo era una nota discordante. Los alumnos vestían cómodos vaqueros, calzados ligeros y puloveres alegóricos a sus intereses más cercanos. Los profesores combinaban chaqueta con pantalones de diferentes colores y solo mi anfitrión llevaba corbata. No sentí desagrado por aquello, tampoco me preocupó que para algunos no fuera un intelectual.
Pensándolo bien, los códigos tienen sus significados y por eso existen. No me extraña entonces el uniforme de los revolucionarios guevaristas haciéndose notar entre las multitudes de impacientes piqueteros rompiendo las vidrieras de MacDonald en Buenos Aires. Tampoco los pañuelos rojos y negros cubriendo los rostros de jóvenes conjurados frente a los eventos donde asisten los líderes mundiales. Aun me extraña menos, ver a muchos profesores parados en el estrado de un aula hablando de democracia o economía con un atuendo progresista para ser apodado intelectual.
Lo que me inquieta es el silencio de aquellos que temen ser criticados por eso y dejan colgadas en los armarios sus corbatas para irse a las tribunas del mundo con el parche de erudito. Este credo es común y hasta necesario para los que vician la informalidad del hombre de ciencia. Si. Lo justifica el hecho, el simple hecho, de una creencia muy vieja donde los hombres de sabidurías se preocupan por todo menos por ellos. Existen muchos ejemplos. En algunos, se da el caso, que llegan hasta perder el sentido de la distinción personal por medir cuanto ven y tocan (ciencia es medición) y luego dejarse calcular los silos de intelectualidad.
Debo volver a un punto desde donde varias veces me ven obligado a partir. El progresismo es gramsciano y los gramscianos hablan hasta más no poder del intelectual orgánico y comprometido con los grandes problemas sociales, cuya visión crítica de la sociedad es una responsabilidad moral. Para tener credibilidad como liberal hay que ser muy pudoroso y tener recato. Solo así se puede impactar a muchas personas en este mundo.
En Europa, esos gravámenes tienen ciertos moldes que se repiten de un país a otro. En América Latina también. En los Estados Unidos cambian de acuerdo al perfil de las universidades y la orientación ideológica del profesor.
La ideología y el puritanismo conservador de los intelectuales de derecha tienen en Mario Vargas Llosa un ejemplo de elegancia y madurez. Su antípoda, el uruguayo Galiano, se deja cobijar por los estigmas progresistas del momento. No deja de ser importante, aunque parezca superficial, los hábitos del vestir de una manera u otra.
Sucede, como tendencia general, que la moda se repite cada cierto tiempo pero permanece casi intacta en los intelectuales.
El cineasta cubano Alfredo Guevara, apega a su oportunismo militante, una forma de vestir particular para distinguirse entre sus homólogos. Lo mismo sucedía con aquel poeta que hablaba de cosas gloriosas dentro de la revolución cubana y solo encontraba espacio en su cuerpo para usar guayabera.
Los tiempos hablan por si solo y los letrados lo saben. Tal vez, por eso algunos intelectuales esgrimen impresionar al aprendiz por el atuendo y las argollas.
Ciertamente, en las tres conferencias que impartí yo era una nota discordante. Los alumnos vestían cómodos vaqueros, calzados ligeros y puloveres alegóricos a sus intereses más cercanos. Los profesores combinaban chaqueta con pantalones de diferentes colores y solo mi anfitrión llevaba corbata. No sentí desagrado por aquello, tampoco me preocupó que para algunos no fuera un intelectual.
Pensándolo bien, los códigos tienen sus significados y por eso existen. No me extraña entonces el uniforme de los revolucionarios guevaristas haciéndose notar entre las multitudes de impacientes piqueteros rompiendo las vidrieras de MacDonald en Buenos Aires. Tampoco los pañuelos rojos y negros cubriendo los rostros de jóvenes conjurados frente a los eventos donde asisten los líderes mundiales. Aun me extraña menos, ver a muchos profesores parados en el estrado de un aula hablando de democracia o economía con un atuendo progresista para ser apodado intelectual.
Lo que me inquieta es el silencio de aquellos que temen ser criticados por eso y dejan colgadas en los armarios sus corbatas para irse a las tribunas del mundo con el parche de erudito. Este credo es común y hasta necesario para los que vician la informalidad del hombre de ciencia. Si. Lo justifica el hecho, el simple hecho, de una creencia muy vieja donde los hombres de sabidurías se preocupan por todo menos por ellos. Existen muchos ejemplos. En algunos, se da el caso, que llegan hasta perder el sentido de la distinción personal por medir cuanto ven y tocan (ciencia es medición) y luego dejarse calcular los silos de intelectualidad.
Debo volver a un punto desde donde varias veces me ven obligado a partir. El progresismo es gramsciano y los gramscianos hablan hasta más no poder del intelectual orgánico y comprometido con los grandes problemas sociales, cuya visión crítica de la sociedad es una responsabilidad moral. Para tener credibilidad como liberal hay que ser muy pudoroso y tener recato. Solo así se puede impactar a muchas personas en este mundo.
En Europa, esos gravámenes tienen ciertos moldes que se repiten de un país a otro. En América Latina también. En los Estados Unidos cambian de acuerdo al perfil de las universidades y la orientación ideológica del profesor.
La ideología y el puritanismo conservador de los intelectuales de derecha tienen en Mario Vargas Llosa un ejemplo de elegancia y madurez. Su antípoda, el uruguayo Galiano, se deja cobijar por los estigmas progresistas del momento. No deja de ser importante, aunque parezca superficial, los hábitos del vestir de una manera u otra.
Sucede, como tendencia general, que la moda se repite cada cierto tiempo pero permanece casi intacta en los intelectuales.
El cineasta cubano Alfredo Guevara, apega a su oportunismo militante, una forma de vestir particular para distinguirse entre sus homólogos. Lo mismo sucedía con aquel poeta que hablaba de cosas gloriosas dentro de la revolución cubana y solo encontraba espacio en su cuerpo para usar guayabera.
Los tiempos hablan por si solo y los letrados lo saben. Tal vez, por eso algunos intelectuales esgrimen impresionar al aprendiz por el atuendo y las argollas.
Friday, February 5, 2010
Ahora y el tiempo
Ha pasado enero y el 2010 corre a una velocidad fugaz e inalcansable. El hombre divide el tiempo a su antojo. Sin embargo, es incapaz de deternerlo. Por regla general, existe una tendencia humana a planificar todo mirando hacia el futuro y tomando como referencia el pasado. Es muy inteligente. Por eso creo en el poeta cuando dijo:… “del árbol la parte que mira al cielo”, la más alta de las ramas representan la mañana.
Percibimos el tiempo los cubanos de la misma manera que un estadounidense? Esta pregunta me la acabo de hacer. Justamente cuando conversaba con un joven nacido en Mississippi que tenía la obligación de limpiar la casa de su mamá, hacer unas gestiones para ingresar en una Universidad, donde espera terminar su master, cumplir con las responsabilidades de padre, esposo y tal. Mientras limpiaba sostenía una amena conversación conmigo, atento al reloj, velaba por la calidad de lo que hacía y prestaba atención a cada una de mis palabras.
Lo hizo todo muy rápido y bien. Se lavó las manos y fue directo a la computadora. Mientras trabajaba, llamó a algunas personas por teléfono y a la vez, rechazó otras tantas llamadas. Cuando no deseaba hablar con alguien, decía: “I’m busy, I’ll call you later” (estoy ocupado, te llamo luego). No le hablé más. Mi tiempo era diferente al suyo, no tengo la misma presión. Me senté en la computadora, chateé con un amigo en España y también (lo cual hago con el mayor gusto todos los días) escribí mensajes de amor a una mujer.
En Estados Unidos todos aprenden a tener una noción muy estricta del tiempo porque muchas cosas se miden a partir de él, sobre todo las distancias y la experiencia. No es una simple exigencia, ni un orden establecido para alcanzar el éxito, es una forma de responder al tiempo real por la premura con que éste pasa por la vida de todos. Yo lo entendí hace muy poco, aunque la Biblia asegura que “todo tiene un tiempo bajo el sol”, me percaté que usarlo bien es una inversión importante.
Regy, un amigo estadounidense que vive en Hernando, una ciudad pequeña muy cerca de aquí, me envió un mensaje con algunas sugerencias para el año en curso. Las leí varias veces y casi todas tienen implícito el uso del tiempo. Le respondí dándole las gracias. También me hice la promesa de administrar bien el mío. Algunos de mis planes, en fin de cuenta y con vista al futuro, casi seguro que voy a cambiarlos porque no tengo tiempo que perder.
El viejo slogan gringo “Time is money” (el tiempo es dinero) es una realidad tangible porque si uno no gasta tiempo en algo útil jamás tendrá dinero. Sin embargo, gastando tiempo solo por el cash un día descubrimos que la vida pasó por nosotros sin dejar huellas de felicidad.
Jackson, Mississippi.
Percibimos el tiempo los cubanos de la misma manera que un estadounidense? Esta pregunta me la acabo de hacer. Justamente cuando conversaba con un joven nacido en Mississippi que tenía la obligación de limpiar la casa de su mamá, hacer unas gestiones para ingresar en una Universidad, donde espera terminar su master, cumplir con las responsabilidades de padre, esposo y tal. Mientras limpiaba sostenía una amena conversación conmigo, atento al reloj, velaba por la calidad de lo que hacía y prestaba atención a cada una de mis palabras.
Lo hizo todo muy rápido y bien. Se lavó las manos y fue directo a la computadora. Mientras trabajaba, llamó a algunas personas por teléfono y a la vez, rechazó otras tantas llamadas. Cuando no deseaba hablar con alguien, decía: “I’m busy, I’ll call you later” (estoy ocupado, te llamo luego). No le hablé más. Mi tiempo era diferente al suyo, no tengo la misma presión. Me senté en la computadora, chateé con un amigo en España y también (lo cual hago con el mayor gusto todos los días) escribí mensajes de amor a una mujer.
En Estados Unidos todos aprenden a tener una noción muy estricta del tiempo porque muchas cosas se miden a partir de él, sobre todo las distancias y la experiencia. No es una simple exigencia, ni un orden establecido para alcanzar el éxito, es una forma de responder al tiempo real por la premura con que éste pasa por la vida de todos. Yo lo entendí hace muy poco, aunque la Biblia asegura que “todo tiene un tiempo bajo el sol”, me percaté que usarlo bien es una inversión importante.
Regy, un amigo estadounidense que vive en Hernando, una ciudad pequeña muy cerca de aquí, me envió un mensaje con algunas sugerencias para el año en curso. Las leí varias veces y casi todas tienen implícito el uso del tiempo. Le respondí dándole las gracias. También me hice la promesa de administrar bien el mío. Algunos de mis planes, en fin de cuenta y con vista al futuro, casi seguro que voy a cambiarlos porque no tengo tiempo que perder.
El viejo slogan gringo “Time is money” (el tiempo es dinero) es una realidad tangible porque si uno no gasta tiempo en algo útil jamás tendrá dinero. Sin embargo, gastando tiempo solo por el cash un día descubrimos que la vida pasó por nosotros sin dejar huellas de felicidad.
Jackson, Mississippi.
Tuesday, January 26, 2010
Se habló del Racismo en Cuba
Tarde, pero al fin de cuenta, se vieron obligadas las autoridades cubanas a reconocer el racismo institucional en la sociedad cubana. Hablaron en la televisión nacional del asunto y en las calles se especulaba en estos días que los “prietos” van a estar mejor. Los chistes no se hicieron esperar. Uno de ellos habla de “un negro al que le dan mucho poder en la isla y escoge como sus colaboradores más cercanos, desde los escoltas hasta la secretaria, a personas blancas”. Ya comentan que en el próximo congreso del PCC un “Niche” será el jefe del partido o tendrá uno de los cargos absolutos que hoy ocupa Raúl Castro. También se comenta en las calles de la isla que hay que buscar mejores ejemplares de la raza para llevarlos a la nomenclatura porque Esteban Lazo no es digno de ella por deslucido y villano.
Sea cuales fueran los reacciones de los cubanos, lo cierto es, que esas críticas, al problemas racial en un medio de comunicación en la isla, no emanan porque las autoridades le preocupe como viven y sufren los negros. No, el asunto ha tomado dimensiones mayores dentro del país desde que El Centro para el Entendimiento de los Afro Descendientes Cubanos (CUCAD) lograra, por primera vez, sensibilizar a los lideres afro norteamericanos sobre la realidad racial en Cuba. Jemes Meredith, Charles Evers y otros líderes históricos del movimiento de los derechos civiles en Mississippi, fueron los primeros que hablaron en voz alta del asunto en Estados Unidos. El Dr. Meredith, lo hizo en un histórico intercambio con más de cien opositores en La Habana, a través de una teleconferencia, donde le ofreció su solidaridad y les prometió educar al pueblo estadounidense acerca del lastre racial en Cuba.
Luego, de esto hace muy poco, el Dr. Carlos Moore, un prodigio intelectual cubano, radicado en Brasil, consiguió a un grupo de destacadas personalidades para anunciar y denunciar la profundidad del racismo en Cuba. Las autoridades saltaron de histeria y algunos negros “bien conectados” con el poder respondieron con los mismos improperios que expresaban los supremacistas blancos del sur de Estados Unidos cuando se le criticaba por los actos criminales y la segregación.
Ha sido un primer paso. Los siguientes son las más difíciles. Ya veremos si los cambios estructurales de Raúl comienzan saldando la deuda histórica con los negros cubanos. ¡A empujar la carreta caballero!
Sea cuales fueran los reacciones de los cubanos, lo cierto es, que esas críticas, al problemas racial en un medio de comunicación en la isla, no emanan porque las autoridades le preocupe como viven y sufren los negros. No, el asunto ha tomado dimensiones mayores dentro del país desde que El Centro para el Entendimiento de los Afro Descendientes Cubanos (CUCAD) lograra, por primera vez, sensibilizar a los lideres afro norteamericanos sobre la realidad racial en Cuba. Jemes Meredith, Charles Evers y otros líderes históricos del movimiento de los derechos civiles en Mississippi, fueron los primeros que hablaron en voz alta del asunto en Estados Unidos. El Dr. Meredith, lo hizo en un histórico intercambio con más de cien opositores en La Habana, a través de una teleconferencia, donde le ofreció su solidaridad y les prometió educar al pueblo estadounidense acerca del lastre racial en Cuba.
Luego, de esto hace muy poco, el Dr. Carlos Moore, un prodigio intelectual cubano, radicado en Brasil, consiguió a un grupo de destacadas personalidades para anunciar y denunciar la profundidad del racismo en Cuba. Las autoridades saltaron de histeria y algunos negros “bien conectados” con el poder respondieron con los mismos improperios que expresaban los supremacistas blancos del sur de Estados Unidos cuando se le criticaba por los actos criminales y la segregación.
Ha sido un primer paso. Los siguientes son las más difíciles. Ya veremos si los cambios estructurales de Raúl comienzan saldando la deuda histórica con los negros cubanos. ¡A empujar la carreta caballero!
Mi Mal pronostico
“Me equivoque, cualquiera se equivoca…”, dice el estribillo de una popular canción cubana. Sí, porque la semana pasada profesé que Jaromil, el personaje de la novela de Milan Kundera “La vida está en otra parte”, terminaría ceñido por la poesía para salvarse él y a su propio país. Su suerte, sin embargo, fue la continuidad, hasta la muerte, con los dogmas en los que creyó. Al menos es válido morir defendiendo lo que se ha creído durante toda la vida. Mi optimismo lo vi frustrado al llegar al final donde el joven poeta decidió morir buscando la gloria apegado a la creencia de un futuro mejor. Ahora bien, el propio Kundera me justificó “Todas las previsiones se equivocan, es una de las escasas certezas de que disponen los seres humanos”.
De inmediato puse en mis manos otro de los libros que esperaba su turno. Como le prometí es del mismo autor. Se titula La Ignorancia y fue publicado en francés, algo que molesta al lector checo, porque Kundera sus últimas obras literaria las ha escrito en el idioma del país que lo acoge hace varios años.
Aquí la historia me toca de cerca. El exilio y el contraste cultural. La ausencia de seres querido por ideas políticas y doctrinas ideológicas. La vida del inmigrante con sus lados buenos y oscuros. Los familiares que quedan atrás, los amigos, la comida, la música… los que se mueren sin poder tan siquiera llorarlos (…) y la patria, como un todo, con sus simboles marchitos por la afrenta.
El regreso, un anhelo permanente del exiliado, cuando ya el socialismo resquebrajó sus muros, es un desafío inesperado. Todo ha cambiado, mejor dicho, todo lo han cambiado por otras dimensiones menos humanas. Aquellas huellas hablan por sí sola de la arrogancia vacía y del fracaso de los promotores de un futuro mejor. En cada una de las escenas veo las mismas imágenes de cualquier cubano en la diáspora porque los exilios involuntarios son también tragedias.
De inmediato puse en mis manos otro de los libros que esperaba su turno. Como le prometí es del mismo autor. Se titula La Ignorancia y fue publicado en francés, algo que molesta al lector checo, porque Kundera sus últimas obras literaria las ha escrito en el idioma del país que lo acoge hace varios años.
Aquí la historia me toca de cerca. El exilio y el contraste cultural. La ausencia de seres querido por ideas políticas y doctrinas ideológicas. La vida del inmigrante con sus lados buenos y oscuros. Los familiares que quedan atrás, los amigos, la comida, la música… los que se mueren sin poder tan siquiera llorarlos (…) y la patria, como un todo, con sus simboles marchitos por la afrenta.
El regreso, un anhelo permanente del exiliado, cuando ya el socialismo resquebrajó sus muros, es un desafío inesperado. Todo ha cambiado, mejor dicho, todo lo han cambiado por otras dimensiones menos humanas. Aquellas huellas hablan por sí sola de la arrogancia vacía y del fracaso de los promotores de un futuro mejor. En cada una de las escenas veo las mismas imágenes de cualquier cubano en la diáspora porque los exilios involuntarios son también tragedias.
Friday, January 22, 2010
Leyendo a Kundera
Estoy leyendo “La vida está en otra parte” una excelente novela del escritor checo, nacionalizado francés, Milán Kundera. Las páginas finales me hacen sentir ciertas nostalgias. A pesar del deseo de terminar el libro, porque me esperan otros del mismo autor, siento que termine una historia llena de imágenes hermosas y mensajes gloriosos. Un libro bueno, es aquel que el lector no quisiera terminar jamás. Pero las historias cuando se cuentan tienen siempre un final.
Kundera escribe acerca de algo muy simple en un lugar complejo, donde los sitios comunes no cambian y siguen llamándose Praga, Vltava, Puente de Carlos o Plaza Vieja. En los alrededores hay bosques, ríos, niños, mujeres, libros, pintores, museos, (…) pura vida. El orgullo checo se impone al credo leninista y las ciudades se resisten a perder sus encantos. Los hombres y mujeres de ese país, son los protagonistas en el libro, porque ellos viven en todas las palabras que utiliza el escritor. Los grandes pueblos siempre hacen su historia.
Jaromil, es un joven checo que nace en medio de la tormentosa sociedad totalitaria que vivió ese país centro europeo. Crece en ella y se involucra con el corazón y la poesía. Se convierte en agitador del futuro que solo es posible en el socialismo, según creía, y encuentra su primer amor detrás de las cortinas de la incertidumbre. Era culto, muy culto porque un pintor amigo que lo amaba (y también a su madre, pero en la cama) le enseñó el camino abstracto de lo hermoso y las composiciones difíciles del arte verdadero.
Sus primeros amores fueron imaginarios. Los reales tenían un sabor diferente a la sirvienta que miraba desnuda en la bañadera. Y creció con miedo e inseguridades. Escribía sus poemas intentando trascender a la inmortalidad, porque los grandes hombres aspiran a la gloria.
Su padre, un ingeniero notable, murió en un campo de concentración y Jaromil, con justa razón, lo hizo su héroe, sembrándole en el corazón de su madre un monumento eterno a su valor. Allí pudieran estar las razones que le hicieron buscar el camino para cambiar el mundo, pero era poeta. Los poetas ven luces y sombras en todas partes. Son inconformes y revolucionarios. La estática no tiene espacio en su métrica (incluso en aquellos poemas con rimas) y la volatilidad de los versos los lleva por los infinitos espacios de la imaginación.
Jaromil, tropieza, por fin, con las interrogantes que se derivan de la inteligencia y entra en contradicciones con la inmediatez de su entorno. Entonces, sus poemas, se convierten en puñaladas punzantes contra aquellos signos que buscan cambiarlo todo desde la ideología y el poder.
Ya les contaré el final porque estoy próximo a devorar las últimas palabras. Sin embargo, una premonición cómplice me anuncia que el poeta salvará a la poesía del encierro torcido que consiguen los dogmas y con ellas al país. Y (…) logra salvarse con sus versos.
¿Por qué escribo de estas cosas que solo son posibles en los poetas? (… ) Mi vida también está en otra parte.
Kundera escribe acerca de algo muy simple en un lugar complejo, donde los sitios comunes no cambian y siguen llamándose Praga, Vltava, Puente de Carlos o Plaza Vieja. En los alrededores hay bosques, ríos, niños, mujeres, libros, pintores, museos, (…) pura vida. El orgullo checo se impone al credo leninista y las ciudades se resisten a perder sus encantos. Los hombres y mujeres de ese país, son los protagonistas en el libro, porque ellos viven en todas las palabras que utiliza el escritor. Los grandes pueblos siempre hacen su historia.
Jaromil, es un joven checo que nace en medio de la tormentosa sociedad totalitaria que vivió ese país centro europeo. Crece en ella y se involucra con el corazón y la poesía. Se convierte en agitador del futuro que solo es posible en el socialismo, según creía, y encuentra su primer amor detrás de las cortinas de la incertidumbre. Era culto, muy culto porque un pintor amigo que lo amaba (y también a su madre, pero en la cama) le enseñó el camino abstracto de lo hermoso y las composiciones difíciles del arte verdadero.
Sus primeros amores fueron imaginarios. Los reales tenían un sabor diferente a la sirvienta que miraba desnuda en la bañadera. Y creció con miedo e inseguridades. Escribía sus poemas intentando trascender a la inmortalidad, porque los grandes hombres aspiran a la gloria.
Su padre, un ingeniero notable, murió en un campo de concentración y Jaromil, con justa razón, lo hizo su héroe, sembrándole en el corazón de su madre un monumento eterno a su valor. Allí pudieran estar las razones que le hicieron buscar el camino para cambiar el mundo, pero era poeta. Los poetas ven luces y sombras en todas partes. Son inconformes y revolucionarios. La estática no tiene espacio en su métrica (incluso en aquellos poemas con rimas) y la volatilidad de los versos los lleva por los infinitos espacios de la imaginación.
Jaromil, tropieza, por fin, con las interrogantes que se derivan de la inteligencia y entra en contradicciones con la inmediatez de su entorno. Entonces, sus poemas, se convierten en puñaladas punzantes contra aquellos signos que buscan cambiarlo todo desde la ideología y el poder.
Ya les contaré el final porque estoy próximo a devorar las últimas palabras. Sin embargo, una premonición cómplice me anuncia que el poeta salvará a la poesía del encierro torcido que consiguen los dogmas y con ellas al país. Y (…) logra salvarse con sus versos.
¿Por qué escribo de estas cosas que solo son posibles en los poetas? (… ) Mi vida también está en otra parte.
Friday, January 15, 2010
Gramsci en América. Razones para el Pesimismo
En Estados Unidos existe un optimismo y una euforia confusa desde la histórica noche en que Barack Obama ganó las elecciones del 2008. Ese día se visualizó un fantasma oculto durante décadas en las academias, en las legiones frustradas de intelectuales, en algunos grupos de ciudadanos insatisfechos y carentes de identidad y en muchas universidades, cuya apología a la igualdad y a la justicia social, les permite emprender ataques virulentos contra su propio país.
No es casual. Viene trasnochando en el silencio hace tiempos y se ha instalado detrás de los muros constreñidos donde las grandes instituciones culturales y los medios de comunicación repasan diariamente los sucesos más importantes del mundo y Estados Unidos. Existe, como una suerte de espera y con la paciencia de quien asegura atrapar a su presa sin demostrar los límites del agotamiento.
Es un complejo silente de acciones coordinadas desde abajo que subsisten en los intersticios de la polémica y en los círculos del radicalismo militante. Desde allí, se adecua para ocupar un espacio en aquellas contiendas donde, supuestamente, se defienden los derechos del ciudadano estadounidense. Esa tendenciosa maniobra ideológica se está perpetuando en los espacios más sofisticados del sistema estadounidense y su militancia comienza actuar de una manera aparentemente candorosa y sutil, mediante el reproche abierto al modelo sociopolítico y con una mayor habilidad para criticar los manejos en la política domestica e internacional de Estados Unidos. Estos sombríos actores del idealismo socialista, han comenzado a edificar la escalinata que los eleve a la gloria del poder.
Hasta hace muy poco existían de manera disimulada, pero sus miembros acuden a todos los eventos de importancia para hacer una diferencias en las discuciones y exponer los puntos de vistas, que en la democracia son validos, para contradecir y/o oponerse a la tradición del debate o para encausar una alerta a los nuevos desafíos de la lucha ideológica. Son pensadores Gramscianos que creen en el carácter “orgánico” y militante del intelectual, cuya actuación debe ser oportuna y directamente conectada con la acción social y la reflexión crítica. Se han inclinado por movilizar a la juventud y con ello mostrar los signos de una inconformidad sostenible en el tiempo. Quieren advertir una lucha generacional donde el "futuro les pertenece" Como parte de la misma estrategia, consiguen reclutar a las mujeres para dotar de sensibilidad y fuerza sus planes subversivos.
Tienen una visión progresista del mundo y encuentran en estas avenidas la única alternativa a los problemas globales. Su discurso se fundamenta en un imaginario progres, romántico y optimista. Detestan a todo intelectual que habita dentro del conservadurismo, poniéndole traspié hasta en las academias de los premios notables y enfrentando los argumentos inversos a los de ellos con una ferocidad satánica.
Esas creencias humanistas y revolucionarias, que intenta proveer aliento a los desposeídos para embarcarse en el esfuerzo de cambiar la historia, producen miedo. Mucho miedo. Para ellos Gramsci y Che Guevara son modelos perfectos de revolucionarios, porque sus idearios sustentaban la justicia social y la equidad. Un mundo mejor es posible, no es un simple slogan, sino la parte visible de un proyecto abarcador que reta con fuerza a la democracia americana.
Aquí radica el peligro y lo intentaré explicar con breves palabras: El proyecto revolucionario cubano parecía convertirse en la revolución verdadera, cuya acción voluntaria de un pueblo entregado a cambiar su destino, sería capaz de superar la injusticia y crear un orden basado en la igualdad. La revolución bolchevique, por su parte, fundamentó la creencia que el mundo cambiaría con el “acceso” del pueblo al poder y las campanas del “Aurora” llegaron a magnetizar los más recónditos lugares del planeta. La Europa central y oriental, casi en bloque, escalaron el tren del socialismo real con la ilusión de ponderar la esperanza y la oportunidad en sus pueblos. En China, Viet Nam y Corea del Norte la cultura ancestral de sus pueblos parecía universalizar la esperanza bajo la égida del comunismo. En Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, donde el “Socialismo del Siglo XXI” se adjudica de manera absoluta la creencia de ser el mejor camino para superar más de doscientos años de exclusión, se intenta recapitular la práctica de un modelo social centralizado.
Los ejemplos de países con modelos de control sobre la voluntad de los ciudadanos han quedado a la zaga del desarrollo social, económico, político y científico técnico. Sin embargo, los “gramscianos” en Estados Unidos y el mundo tienen el mérito del optimismo, porque insisten, con métodos novedosos y atractivos, destruir desde adentro al capitalismo para edificar una “sociedad perfecta”, a pesar del fracaso del sistema que desean implatar.
Mi temor se justifica, además, porque el entusiasmo global que el mundo disfruta con Barack Obama en la Casa Blanca, es para los seguidores de Gramsci una excelente oportunidad para espolear el capitalismo y particularmente contra la democracia estadounidense y los valores de su sociedad.
No es casual. Viene trasnochando en el silencio hace tiempos y se ha instalado detrás de los muros constreñidos donde las grandes instituciones culturales y los medios de comunicación repasan diariamente los sucesos más importantes del mundo y Estados Unidos. Existe, como una suerte de espera y con la paciencia de quien asegura atrapar a su presa sin demostrar los límites del agotamiento.
Es un complejo silente de acciones coordinadas desde abajo que subsisten en los intersticios de la polémica y en los círculos del radicalismo militante. Desde allí, se adecua para ocupar un espacio en aquellas contiendas donde, supuestamente, se defienden los derechos del ciudadano estadounidense. Esa tendenciosa maniobra ideológica se está perpetuando en los espacios más sofisticados del sistema estadounidense y su militancia comienza actuar de una manera aparentemente candorosa y sutil, mediante el reproche abierto al modelo sociopolítico y con una mayor habilidad para criticar los manejos en la política domestica e internacional de Estados Unidos. Estos sombríos actores del idealismo socialista, han comenzado a edificar la escalinata que los eleve a la gloria del poder.
Hasta hace muy poco existían de manera disimulada, pero sus miembros acuden a todos los eventos de importancia para hacer una diferencias en las discuciones y exponer los puntos de vistas, que en la democracia son validos, para contradecir y/o oponerse a la tradición del debate o para encausar una alerta a los nuevos desafíos de la lucha ideológica. Son pensadores Gramscianos que creen en el carácter “orgánico” y militante del intelectual, cuya actuación debe ser oportuna y directamente conectada con la acción social y la reflexión crítica. Se han inclinado por movilizar a la juventud y con ello mostrar los signos de una inconformidad sostenible en el tiempo. Quieren advertir una lucha generacional donde el "futuro les pertenece" Como parte de la misma estrategia, consiguen reclutar a las mujeres para dotar de sensibilidad y fuerza sus planes subversivos.
Tienen una visión progresista del mundo y encuentran en estas avenidas la única alternativa a los problemas globales. Su discurso se fundamenta en un imaginario progres, romántico y optimista. Detestan a todo intelectual que habita dentro del conservadurismo, poniéndole traspié hasta en las academias de los premios notables y enfrentando los argumentos inversos a los de ellos con una ferocidad satánica.
Esas creencias humanistas y revolucionarias, que intenta proveer aliento a los desposeídos para embarcarse en el esfuerzo de cambiar la historia, producen miedo. Mucho miedo. Para ellos Gramsci y Che Guevara son modelos perfectos de revolucionarios, porque sus idearios sustentaban la justicia social y la equidad. Un mundo mejor es posible, no es un simple slogan, sino la parte visible de un proyecto abarcador que reta con fuerza a la democracia americana.
Aquí radica el peligro y lo intentaré explicar con breves palabras: El proyecto revolucionario cubano parecía convertirse en la revolución verdadera, cuya acción voluntaria de un pueblo entregado a cambiar su destino, sería capaz de superar la injusticia y crear un orden basado en la igualdad. La revolución bolchevique, por su parte, fundamentó la creencia que el mundo cambiaría con el “acceso” del pueblo al poder y las campanas del “Aurora” llegaron a magnetizar los más recónditos lugares del planeta. La Europa central y oriental, casi en bloque, escalaron el tren del socialismo real con la ilusión de ponderar la esperanza y la oportunidad en sus pueblos. En China, Viet Nam y Corea del Norte la cultura ancestral de sus pueblos parecía universalizar la esperanza bajo la égida del comunismo. En Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, donde el “Socialismo del Siglo XXI” se adjudica de manera absoluta la creencia de ser el mejor camino para superar más de doscientos años de exclusión, se intenta recapitular la práctica de un modelo social centralizado.
Los ejemplos de países con modelos de control sobre la voluntad de los ciudadanos han quedado a la zaga del desarrollo social, económico, político y científico técnico. Sin embargo, los “gramscianos” en Estados Unidos y el mundo tienen el mérito del optimismo, porque insisten, con métodos novedosos y atractivos, destruir desde adentro al capitalismo para edificar una “sociedad perfecta”, a pesar del fracaso del sistema que desean implatar.
Mi temor se justifica, además, porque el entusiasmo global que el mundo disfruta con Barack Obama en la Casa Blanca, es para los seguidores de Gramsci una excelente oportunidad para espolear el capitalismo y particularmente contra la democracia estadounidense y los valores de su sociedad.
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