La tuerca que le faltaba a la revolución bolivariana de Venezuela la acaba de encontrar Nicolás Maduro con el atentado o supuesto magnicidio de días pasados. Ahora, a toda prisa y con la diligencia revolucionaria que recomienda La Habana, el país será bienvenido al socialismo real. Ellos le llaman consolidación al proceso de radicalizar sus posiciones políticas. Y apuntalar un proceso político como el bolivariano implica una cercanía, sin diferencias, al modelo cubano. Con ello, están -los ciudadanos de esa nación sudamericana y su liderazgo cívico militar- inaugurando el segundo episodio de locura en América Latina.
Tuesday, August 7, 2018
Wednesday, August 1, 2018
Resumen de un charla entre amigos
La sociedad cubana
está huérfana. Mutilada de ideas. “Cabreada”, pero silenciosa. Introvertida entre
los giros volubles de un abecedario incoherente donde las palabras no son
importantes y los hombres menos. Una sociedad así, estancada en el pesimismo,
condenada por una inquisitoria maldad disfrazada de bien, se desgaja a pedazo y
muere. Muertos están aquellos que la viven perentoriamente sin entender las
causas de la urgencia. Y no gritan (no pueden) y ese mutismo ciega su
esperanza. Algo etéreo, tan invisible como el miedo, se cuela por debajo de las
sabanas de cada cual mientras la gente avizora el futuro como ayer o hace un año
atrás. ¿A dónde ir? ¿A quien se le debe preguntar dónde están los caminos diferentes
si nadie ha trazado una hoja de ruta contraria al imaginario del poder? Ya lo
sabemos todos –al menos acá- quienes son los responsables de esa huerfanidad.
Ahora, cuando los
viejos cabecillas de la hacienda tienen sus días contados sobre la tierra, se
precisa establecer las pautas de la continuidad. Los herederos, cuyo nombre se
mencionan en los medios, quedarán consagrados a ser los dueños del redil con
pleno derecho a tutelar la suerte de un país en ruina. Y será así, porque las
fórmulas, aquellas ecuaciones del gran magisterio, no indican lo contrario.
Hoy, también mañana y por mucho tiempo más, regirá la ley del embudo y la
exprimidera. En ese atascadero -sin oraciones, misas y alejados de Dios- volverán
a medir la duración exacta de los desfiles y las entonaciones de un discurso
vulgar. La patria, vendida como mercancía de segunda en cualquier mercado de
este mundo, será una bandera de papel en la plaza. El pueblo, legitimado como
obediente, irá detrás de quienes vayan delante sin saber a dónde.
Si el comunismo
es imposible, el socialismo es probable. Tal probabilidad se ha comprobado en
la ruina que genera, en los abusos, los odios que engendra y sus crímenes. Y
ahí está, con ese nombre memorable y confuso. Incoloro y estéril. Malsano y
viril. Y es más que una palabra. Es la creencia conveniente para la polémica y
el despojo. Para usurpar la verdad, maquillar la mentira y revertir la historia
en un plató televisivo para una audiencia incauta y embriagada de fe. El
socialismo ha sido para Cuba como un sumidero execrable por donde se han
vaciado las virtudes de una nación y su gente. Aun así, persiste como
alternativa porque después de él, dicen sus ideólogos, el cao.
Pocos, salvo los
intelectuales, disidentes y exiliados políticos, están prestándole atención a
las reformas constitucionales en la isla. Los vecinos de cualquier barrio están
pendientes de la cena de hoy y la de mañana. Del querosén y del agua. De la
asistencia espirituales a los Orishas para no enfermarse o morir temprano. Y es
comprensible. Nadie deja su estómago vacío antes de hacer arte, política o rebelión.
El régimen lo sabe y logra salvarse de la inconformidad porque la gente sólo piensa en el hoy y el
siguiente día.
Siempre, definitivamente, existen quienes
tienen esperanza y al menos sueñan con pisar las mismas calles con asfalto nuevo
y ver otros colores en las paredes de la casa del vecino. Será tarde, pero
será.
Sunday, July 29, 2018
Tres observaciones urgentes para un domingo cualquiera
I
Raúl Castro, en el acto por el 26 de Julio, dijo sobre la
reforma a la constitución: Será un documento adecuado al momento “…de modo que
se garantice el carácter irrevocable del socialismo y la continuidad de la
revolución” Visto y leído así, no importa eliminar la palabra comunismo de la
carta magna cuando la esencia del sistema sigue siendo lo mismo. El raulismo mágico
se cubre con el manto del pragmatismo y el juego semántico porque la pericia del
castrismo se atribuye la capacidad de cambiar la envoltura, pero nunca el
contenido. Es el arte de engañar a quienes siempre han sido engañados.
II
Dice un español que vive en Cuba que los viejos en la
isla siguen apegados a la revolución. Los jóvenes, según observa, están en otras
cosas. Quieren dinero, hacer negocios o irse del país. Seguidamente expresa admiración
por Cuba, sobre todo por la Habana, ciudad donde vive y teme que un cambio elimine
ese sabor a cubanía que disfruta en las calles de la capital. Pienso que Cuba
vende su miseria como un atractivo turístico. Duele, por cierto mucho, cuando
quienes disfrutan de la libertad en sus países ven -como parte del folklor- la
vida miserable de un pueblo como motivo de placer. Ah, llegan a disfrutar tanto
esa penuria popular que desean prolongarla en el tiempo para un goce mayor.
III
Desde un controversial congresista, pasando por
influyentes hombres de negocios, hasta llegar a un exiliado de a pie, les he
escuchado decir que Cuba no cambia por culpa de Miami. La firmeza de sus
argumentos pesa como un acto de fe. Una convicción tan fecunda que se comportan
como defensores del otro lado. Se concentran en criticar el exceso de
patriotismo y el uso desmedido del cerrojo anticastrista para mantener cerradas
las puertas del acercamiento, los intercambios y los negocios. Resulta difícil entenderlo
así, al menos para mí. Tal simpleza e injusta valoración nos dice hasta donde
calan los tentáculos del castrismo. El exilio no es estructural y menos
perfecto, pero es el único milagro cubano, según Leví Marrero, construido por
un país fuera de sus fronteras.
Saturday, July 21, 2018
Otra nota sobre el raulismo mágico
De Raúl Castro, líder del comunismo cubano, se dicen,
entre otras cosas, que es cherna (eufemismo tropical para identificar al
homosexual) pero a nadie se le ha escuchado decir que tiene un pelo de bobo. La
bobería, no cabe en el diccionario revolucionario, sobre todo, cuando se trata
de asuntos tan importantes como mantener el poder de una isla pequeña, pero
ensanchada como un continente por quienes viven dentro y fuera de ella. Si su
hermano Fidel fue un dictador cómodo, Raúl es el líder amable de una revolución
vieja, persistente y renovada en los mismos pilares de incondicionalidad. Es,
pudiera decir cualquiera, un trabalenguas de grado tres, pero no, se trata de
una suerte echada al camino para hacerla durar tanto como sea posible. Raúl, al
día de hoy, se ha convertido en poeta. En el revolucionario que otros quisieron
ser. En profeta, mago, adivinador de gangas, comerciante de burbujas,
conciliador, aperturista, tolerante, pendenciero, y, para colmo, buena persona.
El tipo está y no aparece, pero todos los ven. Cuando nadie lo ve se le aplaude.
Su nombre es un retrato o una comilla detrás del pódium emergente indicando la
ruta donde habla Díaz Canel. Es el guardián.
Para él ha sido una suerte nacer en el trópico aunque sus
raíces provengan de Europa. El Caribe inocula lealtad a los demonios, puede
parir cualquier estupidez sin advertirse y troquelar la inteligencia de un
bardo. Basta con dejarse seducir por el hechizo, por el hedor a esperanza
enlatada, por el sexo como mercancía barata y por esas aguas azules que tanto
esclaviza. Raúl Castro, como Aladino, posee un lado oscuro detrás de su lámpara
y nunca la muestra porque intenta imitar a la luna. Así son y siempre serán
estos hombres pincelados en la fe de sus creyentes.
Ahora, cuando el Foro de Sao Paulo se acaba de celebrar
en La Habana, Raúl sólo aparece en los papeles leídos, aquellos que irán a los
archivos de asuntos importantes sin la compañía de un retrato. Eso es saber
conducirse inteligentemente entre los débiles que somos nosotros. Los que
escribimos estas impresiones aproximadas, quienes llevamos heridas en el cuerpo
sin poder mostrársela a nadie porque nuestra verdad se ha convertido en
mentira. Digo, y lo diré siempre, los perdedores en esta confrontación inaudita
entre nacionales somos aquellos que amamos la democracia. Y nuestra derrota no
se asimila como un reto a revertirse. Es la ceguera, ese mal inoculado en el carácter
y el miedo, enfermedad paralizante del alma nacional.
Ya empezamos acostumbrarnos a ver las cosas de la misma
manera. Cuba es igual y seguirá siéndolo a pesar de los pesares. Es el
cansancio de quienes intentaron antes hacer la diferencia lo que cansa a los
nuevos andantes en estas rutas libertarias. Es la repetida manía de esperar por
el americano, por la solidaridad europea y el compromiso latinoamericano, lo
que nos tiene en estas orillas confusas, diversas e irreconciliables. Lejos de
aquellas perspectivas perdurables donde se esconde la verdad y la esperanza.
Así, porque así son las cosas, se va cuajando el destino
del país con su nueva reforma constitucional. Acá, es decir, los de extramuros,
no podemos entender a donde van las palabras comprimidas en una carta
fundamental a la que nadie acude y pocos mencionan.
Raúl, heredó la
maldad de su hermano con una dosis muy baja de pudor y un poco de suerte para
vivir tranquilo. Mientras en Nicaragua trasquilan libertad, al menor de los
Castro nadie lo menciona porque su país (el nuestro) impresiona normal. Todo
ocurre porque en ese estado natural (como hoy me escribió un antiguo profesor) no
se dan las cosas por casualidad. Y tiene razón mi maestro, el raulismo mágico es
una escuela consignada a la vigilancia de lo viejo aunque manden los nuevos. Siempre
se puede reprimir sin llegar a matar y como en Cuba se inventan tantos mitos
como Dioses, hoy se reproduce –desesperadamente- la versión de aquellas
ilusiones perdidas, donde el mundo era un verdel de felicidad revolucionaria en
la mente de nuestros iluminados insulares.
Wednesday, July 18, 2018
A la memoria de José Gabriel Ramón Castillo
Ha muerto José Gabriel Ramón Castillo, prisionero de conciencia, del mundialmente conocido Grupo de los 75.Vivía en Miami. En un exilio donde no encontró espacio para invertir su talento y menos para dejase escuchar. Y duele. Obviamente, duele, si observamos cómo algunos, que jamás hicieron nada por liberar a Cuba, se estrenan como paladines de la libertad en los sitios donde se paga bien y no se conduce un transportation. Pepín, a si le llamábamos sus amigos, vivió como pudo, pero ennoblecido. Su historia personal, como la de sus compañeros de causa, puso en el mapa mundial la tragedia de Cuba y eso es bastante. Ahora, cuando es imposible acomodarle donde debió estar, sólo nos queda recordarlo como lo que fue: un patriota y una palma. En él se mantenían los valores perdidos en su patria, los sueños inalcanzables hasta hoy y el optimismo sobre el futuro de la isla.
Mi último encuentro con Pepín en Cuba, fue en mi casa de Francisco Guayabal. Oscurecía. Llegó agotado desde Santiago de Cuba, pero su carácter flemático escondía cualquier huella de cansancio. No dormimos ni un segundo. La noche entera la pasamos conversando y en cada palabra suya prevalecía el entusiasmo por el cambio. Después, cuando fue forzado a salir de Cuba, nos volvimos a ver en Burgos, España. Esta fue la última. Contenía las huellas de la prisión y la ocultaba detrás de un montón de proyectos escritos en papeles que pocos quisieron ver. Era incansable y soñador, como los grandes cubanos. Polémico y controversial, porque inteligencia le sobraba. Irónico, como los genios de cualquier barrio. Amigo, porque supo construir amistad en la adversidad de un país donde los dogmas separan al hombre.
En su viaje final -estoy seguro- se lleva el dolor de Cuba y los cubanos. También, (porque fue su acto de fe) el deseo de verla libre desde el cielo.
¡Descansa en paz hermano!
Friday, July 13, 2018
El remolcador
La vida de un niño vale tanto que respetarla dignifica a cualquiera. Sin embargo, en Cuba, por órdenes de Fidel Castro, un día como hoy, del año 1994, encontraron sepultura en el fondo del mar, diez pequeñas criaturas, cuando la embarcación en que viajaban, rumbo a la libertad, fue hundida, junto a 31 personas más. Aquellos que hicieron del castrismo una dictadura cómoda, no pueden tener comodidad en su conciencia. Tampoco, quienes se dejan acompañar con el silencio de la complicidad y ocultan el más horrendo crimen del desaparecido dictador.
Monday, July 9, 2018
Acerca del estoicismo.
Se lo escuché decir al doctor James Meredith hace algunos años y siempre, cuando nos vemos, me recuerda que el estoicismo puede cambiar Cuba. Este gran hombre, icono de la lucha contra la segregación racial en el sur americano, lo dice porque las acciones llevadas por su generación eran actos heroicos que prescindían de beneficios personales. Luego, cuando los cambios ocurrieron, Meredith, sin consentir el descanso, estudiaría a la escuela estoica fundada en el 301 a.c por Zenón de Citio. Comprendió, sin dejar de asombrarse, que todo cuanto hicieron tenía una cercana relación con aquellos principios éticos de la antigüedad. Si bien, el estoicismo, como doctrina filosófica, buscaba dominar y mantener bajo control los hechos, cosas y pasiones que desconciertan la vida, asumiendo la valentía y la razón del carácter personal como fuerzas capaces de conseguir el bienestar y el conocimiento prescindiendo de bienes materiales, el movimiento de derechos civiles hizo mejor a América y sus líderes de entonces, que no son los de hoy, prescindieron de todo beneficio que no fuera consolidar lo que su sacrificio había alcanzado. Charles Evers, activo defensor de la democracia americana y su hermano Medgar (vilmente asesinado por un supremacista blanco) –fueron dos pilares fundacionales del movimiento de Derechos Civiles en Mississippi- vivieron una temporada en Chicago. (El norte abría algunas ventanas mientras el sur las cerraba) Allí trabajaron tan fuerte como pudieron y aquel esfuerzo le sirvió para ganar hasta un millón de dólares entregado, en su totalidad, a la lucha por vencer las barreras del odio racial. Son ejemplos de cómo hacer las cosas cuando se impone la razón y las ganas de hacerlo. En Cuba, el estoicismo es una palabra más en el diccionario de la revolución. Que suerte tendría nuestro país si un día algunos de nosotros nos inspiráramos en fundar una nación donde el beneficio mayor –para quienes se consagren en servir- sea una simple referencia para que otros lo hagan mejor.
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