Friday, February 14, 2014

El miedo a Manuel


La detención arbitraria contra Manuel Cuesta Morúa, horas antes de iniciarse en La Habana la Cumbre de la CELAC los días veinte y ocho y veinte y nueve de enero, del presente año, revelaba el temor de las autoridades cubanas al argumento racional y cívico del opositor socialdemócrata. Pocas veces, en la larga historia represiva del régimen, se maniobró con tanta vileza y, hasta con subterfugios escatológicos, para retener a un activista e imponerle, después, una serie de restricciones a su ya limitada libertad de acción dentro del país. 
 
Esa detención es una noticia repetida y a nadie sorprende. Una sociedad sitiada, como la cubana, acostumbra a violar los derechos civiles de sus ciudadanos sistemáticamente y actúa con alevosía cuando el opositor reúne las cualidades de Manuel. 

En Cuesta Morúa la seguridad del estado tiene a un adversario muy difícil. Posiblemente, el más difícil si tomamos en cuenta su ilustración, la ubicación ideológica desde donde trata de edificar un orden democrático para todos los cubanos, el origen racial y sobre todo porque es inteligente. Un hombre estudioso del proceso histórico en la isla, analista de eventos similares en otras regiones del mundo, constructor, sobre las ruinas de la desesperanza de un Nuevo País, con un pensamiento estructural, organizado y dinámico, sereno y mejor preparado que sus represores, es un verdadero peligro.

Y donde mejor Cuesta Morúa expone ese talante es en sus viajes internacionales. Fuera de Cuba se hacen lecturas diferentes a la situación interna de la isla. El auditorio que escucha al opositor sabe de inmediato que está frente a una persona con capacidad para compartir el destino de una transición si esta fuera posible ahora mismo. Templado y con educación de las formas para manejarse en escenarios complejos, sabe interpretar los pragmatismos políticos y es un arquitecto de alianzas estratégicas para consensuar una agenda que lleve el cambio a Cuba. Digámoslo con tranquilidad y orgullo Cuesta Morúa sabe mucho de la alta política. No porque la explique sino porque la hace. 

Lo extraño, se dijo antes, no es que haya sido detenido, sino que le prohíban viajar al exterior y le acusen de atentar contra la paz internacional. Lo primero ha sido explicitado. Lo segundo es motivo de risa. ¿A qué paz internacional puede un simple opositor desde Cuba atentar? No valen respuestas porque no las hay. 

No es posible entender, en toda su complejidad, matices y contradicciones, la realidad de Cuba sin la opinión de este político e intelectual opositor. Y el régimen sabe que la izquierda europea o de otras regiones del mundo le presta atención al discurso de Manuel porque es moderno y ordenado en sus razonamientos. No es excluyente, ni extremista y supone una suerte de alternativa al proyecto de nación inconcluso por la irrupción de Fidel Castro en el escenario de la isla en 1959. Esas fortalezas de integridad y sabiduría son catadas a primera vista y ganan adepto incondicionales en cualquier parte fuera de la isla. 

Una campaña solidaria con los oposicionistas cubanos no puede ignorar a Manuel Cesta Morúa porque sin su voz estará incompleta la sinfonía democrática que todos los cubanos se empeñan en cimentar.   

Wednesday, February 5, 2014

Fanjul atrapado entre la moral y el realismo



Nadie quiere mantener su boca cerrada después del largo reportaje publicado recientemente por The Washington Post donde Alfonso Fanjul es el protagonista de la nota. El magnate azucarero, cuya familia perdió cuantiosos recursos después de la embestida de Fidel Castro contra el capital privado, ha regresado a La Habana, al menos en dos ocasiones, para explorar posibles acciones comerciales en la isla y ha tenido la “suerte” de entrevistarse con altos funcionarios del gobierno. 
 
Después de escuchar la noticia las diatribas, interrogantes y opiniones llueven y no es para menos. Los dardos mordaces de la crítica tropical han vapuleado al exitoso hombre de negocio. Nadie ha quedado al margen de opinar. La congresista Ileana Ros-Lethinen llegaba muy lejos al declarar: “… que poca vergüenza tiene Alfy Fanjul” y en las redes sociales los epítetos son mayores todavía. 

Los argumentos de quienes critican las intenciones de Fanjul parten de un presupuesto moral y pasional (tal cacofonía no es fortuita) influido por los matices singulares del carácter nacional cubano. En el orden moral pocos fijan la conveniencia de negociar con una dictadura autoritaria donde realmente se violan los derechos básicos de los ciudadanos y la represión es una práctica constante contra las libertades. Eso el señor Fanjul lo sabe. Seguramente es la ecuación más valorada por él. Las pasiones en el tema cubano siempre han creado tempestades hasta el extremo de creer (algunos lo ven así) que estar lo más lejos de la dictadura es el remedio para su caída. Vaya error. Las quemaduras sobre el cuerpo no se curan a distancia. No es una parábola intentado justificar la presencia o no del señor Fanjul en los campos de caña o en los pocos ingenios azucareros que allí quedan. Es un acertijo de la racionalidad y una conveniencia del pragmatismo.

¿Por qué? Para nadie es un secreto que Cuba necesita inversión. El escenario favorable, en el orden político, que tiene en América Latina, no es capaz de resolverle los graves problemas económicos y sociales acumulados durante cinco décadas. No es que Elpidio Valdez lo asegure, pero se oye clarito: necesitan dinero para restablecer su maltrecha industria azucarera y comienzan a tocar las puertas de quien se atreva hacerlo. El aprieto en materia económica es su debilidad y no pueden ocultarlo.
¿Quiénes pueden ser potenciales inversores en ese sector otrora vital para la economía del país? Brasil es el único licitador con poder que ha evaluado esa área y conoce la profundidad del deterioro. Los otros pueden ser los que mejor conocen el asunto y son cubanos, pero no están en la isla. 
   
Cuba está herida, pero no de muerte. El régimen, por su dinámica estructural, sabe bandearse para sobrevivir y comienza, por primera vez, hacer pactos sin decirlo. Eso es un fenómeno nuevo y conveniente para la acción inteligente sobre un escenario hostil, complejo y organizado que de aprovecharse pudiera servir para poner la cura a corta distancia. Aseguraba un ex embajador en La Habana: hay que estar en Cuba porque allí está el problema. Y hasta hoy la única ventana para estar dentro de Cuba es invirtiendo en ella.  Aunque para el señor Fanjul, las condiciones legales alejan toda esperanza de inversión en su país natal.

¿Se favorece el régimen con inversionistas como los hermanos Fanjul? Claro que sí. ¿Prolonga en el tiempo el destino revolucionario del país y de su nomen(klatura) autoritaria? Posiblemente. Esas mismas preguntas se hicieron Richard Nixon y Henry Kissinger cuando desembarcaron en China en 1972 invirtiendo tanto en aquel país oriental que hoy es imposible despojarse de un producto chino en el mercado estadounidense. En aquel momento la nación asiática ejecutaba a más de seis mil personas por año en un abanico de cincuenta y tres tipos de violaciones que podían constarle la vida a cualquiera. Hoy China se lo debe casi todo aquel viaje de Kissinger primero y Nixon después. Y aunque hayan pasado muchos años aquel país para nada es la sombre de lo que encontraron los americanos. China era un estado casi feudal en los setenta (aún permanecen muchas lumbres de atraso) pero su influencia en la modernidad es imparable y las condiciones de vida de su pueblo es mejor. Eso es verdad.

¿Se enriquecerán los hermanos Fanjul si logran invertir su capital en Cuba? Más plata no les hace falta. Pero, indudablemente, tendrán ganancias si ganar dinero es lo que mejor saben hacer. Mirarán al lado cuando ante sus ojos vea reprimir a los disidentes. Nadie lo puede asegurar, pero estos hombres han vivido en democracia muchos años para enterrar su emprendimiento personal y su vergüenza en el lodazal del castrismo. 
Más de una vez se han escuchado críticas (en esta orilla) al régimen cubano por cerrarles las puertas a los inversores cubanos dentro y fuera del país. Sin embargo, ahora parece que las pasiones aconsejan darle la oportunidad al extranjero y discriminar a los nacionales, no importa donde estos se encuentren.Tirios y troyanos no se ponen de acuerdo, una vez más, sobre las estrategias convenientes para Cuba.

Cuando el castrismo fenezca se escucharán muchas historias conmovedoras. Aunque no ha llegado ese momento todavía ya el señor Alfonso Fanjul puede contar la suya porque puede escribir: quise llegar primero

Nota aparte: Comentaba un entusiasta catalán, enamorado de Cuba y experto en asuntos cubanos en la red, sobre la inmoralidad el régimen cubano al recibir a un multimillonario en sus despachos y se niega a conversar con Las Damas de Blanco. Después se respondía a sí mismo: hay que juntar dinero para precipitar su caída.
     

Monday, January 27, 2014

La transición de Raúl


Hace pocos años, tal vez tres o cuatro, que el régimen cubano, bajo la fusta de Raúl, dio el primer paso en la transición. Puede resultar asombroso y no es para menos. Habrá quien considere estas opiniones una locura y encuentre en estas líneas algún estigma de confusión por quien la escribe. Ni una cosa, ni la otra. La realidad es que en Cuba, el hermano menor del comandante, se ha salido del guion dogmático de la revolución y ha comenzado a navegar por las avenidas de la practicidad más evidente. 

Primero, se ha negado a seguir manchándose sus manos de sangre con la moratoria a la pena de muerte. Esa suerte trágica de todas las revoluciones de ser implacable con el adversario, llevándolo al más cruel de los castigos, Raúl no lo ha tomado en cuenta. Su linaje de asiático con rostro criminal se distancia del hermano, de apariencia gallega y cara de infeliz, capaz de amordazar hasta la muerte a cualquiera que ponga en riesgo su potestad. Es interesante este capítulo del culebrón castrista porque Fidel mostraba al chino como el verdugo de la película, al que había que aguantarles las manos para no convertir el Almendares en un rio de sangre. Sin embargo, el nuevo regente de la finca, da latigazos selectivos, lanza a las turbas a ladrar y golpea, pero no mata. 

Segundo, se ha distanciado de las marchas del pueblo combatiente, esa especie de espectáculo circense donde las más bajas expresiones del poder revolucionario afloraban sobre las calles del país cargando odio hacia los americanos. Después, jugando una partida pragmática en el ajedrez político antillano, liberaba parte del mercado. Medida insuficiente, pero al fin de cuenta una medida que jamás su hermano hubiera tomado con esa extensión. Y con ello sembraba esperanza entre la gente en Cuba que sabe mucho más como vender dulce de coco y durofrío, en sus timbiriches de cuentapropistas, que el precio de la libertad. 

Luego, saltándose de nuevo el guion absolutista del hermano, Raúl redacta una nueva ley migratoria. Con ella, los disidentes comienzan a volar por el mundo y a decir en Madrid lo mismo que en La Habana, Washington y Seúl. No hay prensa libre en Cuba, es verdad, pero los opositores hablan lo que les dé la gana, dicen los cubanólogos de todas partes. De derechos humanos se dice menos ahora en la isla, de viaje se habla más, asegura un experto en asuntos cubanos que pide  mantenerse en el anonimato. 

De una dictadura totalitaria a una autoritaria-constitucional, Raúl Castro ha llevado el sistema político cubano. El totalitarismo hoy día, tal como lo reconoce la filosofía política, existe solo en Corea del Norte. Aquel sistema en nada se parece al modelo cubano, tampoco al chino, ni al vietnamita. El gobernante cubano gobierna con gran comodidad porque las pinceladas de reformas contentan a occidente. También le sirve a Obama, desde la Casa Blanca, a no tomar acciones políticas más allá de la relajada flexibilidad al embargo y los intercambios culturales. Las acciones cívicas en Cuba no son masivas y la represión no alcanza los niveles de otros gobiernos para que obligue a la administración actuar militarmente o de la misma manera que hacen en otras partes. Los cubanos en el poder tienen bien claro dónde está la línea roja. Castigan, sin llegar a la barbarie de Kim Jong-un de matar a un tío junto a su familia. 

En Cuba hay cambio, dicen a grito en la Unión Europea y (allá va eso) revisan la política hacia la isla esperanzados con que hayan más movidas. Lo mismo se escucha decir en Washington de boca del propio presidente y suaviza su política con el acercamiento. ¿Este escenario lo han tomado en cuenta los opositores dentro y fuera de Cuba? Parece que no porque el método de lucha sigue siendo el mismo.

Wednesday, January 1, 2014

Los niños y el tigre (Con permiso de Roberto Luque Escalona)


¿De dónde carajo salió Fidel? se preguntaba Roberto Luque Escalona en su libro Los niños y el tigre que leí a escondida en Cuba. A reglón seguido, este autor radicado en Miami, crítico del totalitarismo criollo y capaz de ironizar con punzante hidalguía, responde que Castro llegó a Cuba como un tigre a un jardín de infantes. Parece una sencilla metáfora de un prosista sorprendido por la embriaguez del pueblo cubano con su líder y del líder por la desbordante adulación de un pueblo que, sin meditar un segundo sobre su actuación por falta de racionalidad, aceptaba (y hasta hoy admite) cualquier aberración con la seguridad de estar haciendo lo correcto. 

La ingenuidad de unos chiquillos no les permite ver el peligro que se acecha sobre ellos cuando un tigre, con los colores llamativos de su pelambre, se les acerca. Seguramente, en su inocencia, lo pueden tomar como un juguete inocuo, mientras los adultos deciden resguardarse en las cavernas, trepar a un árbol inalcanzable o enfrentarse (en grupo) al felino. Luque Escalona, supo ubicar muy bien el lugar de la fiera, los críos y sus padres, conjeturando un escenario singular donde el comandante moldeaba, con el embrujo de su poder, a quienes quedaban cerca de su iniquidad.
   
Castro concibió eso  y mucho más. Primero adormeció con sus promesas a los incautos (él les llamó desposeídos) y pudo catalizar las pasiones torcidas de los intelectuales, artistas, hombres de letras, pintores, políticos y a saber a quién más. Para llevarlos, como pasajeros sin regreso en el viaje revolucionario, les dio de beber el compromiso de morir por él (primero) y por la revolución (después).  Luego, los envió a otros bosques lejanos hacer cacerías, sembrar esperanza para otros infantes y encumbrarse como el rey de la tierra. 

En Cuba los mayores, con los niños tomados de la mano, le inculcaban a éstos seguir aquel juego sagrado hasta el final. Era un pueblo infantil actuando en el escenario más anchuroso que recuerda la historia nacional. El juguete, era un discurso estructurado para adormecer y la gente disfrutaba de aquel artefacto verbal con tantas ganas que, para seguir teniéndolo, aplaudía y aplaudía para hacerse merecedor de más palabras.

Lo segundo, es parte de la historia terrible de los adultos.  Conociendo al tigre se lanzaron al mar, cruzaron todos los océanos conocidos e inventaron otros y llegaron a las alturas de las nubes hasta arribar a un sitio seguro. En el se establecieron a esperar el rescate de un país expertos en cazadores de maldad. Pasaron dos años y tres más. Una década y cuatro consecutivamente hasta llegar a más de medio siglo y todavía el tigre mantiene a sus infantes en el ruedo y a los adultos por ahí.

Desde entonces, miles de niños abandonaron su juguete sin dañar al tigre y fueron al otro lado donde el garfio mortal no le alcanzaba. La fiera se hizo vieja, cambio de color, les dio poderes a otros animales adiestrados, de vez en cuando se le ve merodeando la jaula para decirle a los críos: hay juguetes para todos y mañana serán mejores.

Ha cambiado la fiera y la hace acompañar de otras tan mayores como el primero. Ruge menos, se viste de la prenda nacional, usa espejuelos caros, alguna vez muestra los grados de su jerarquía y está obsesionado en tender un puente por donde se fueron los adultos para que no le falte el juego a los niños de ahora y los que están por venir.
Yo jugué con el tigre. Después, le lancé piedras envueltas con papeles escritos y el respondió con el mordisco de  siempre, hiriéndome a mí y a los míos. Pero ya era un adulto y me vine al refugio desde donde ahora escribo.

Sunday, December 15, 2013

MANDELA’S PASSING: NO COMMENT FROM FIDEL CASTRO

            The long silence of Fidel Castro, normally given to figure publicly whenever possible, awakens some doubt as to his current physical condition. The last one of his “Reflections” appeared in the Cuban press last August 27, an article full of foolishness on the subject of the military and political crisis in Syria. There he assured his readers that a devastating, worldwide apocalypse was in the making. Now, with the death of Nelson Mandela, we continue to await some remarks from the Comandante on an important event. It would seem that his physical condition makes it impossible for him to comment on the virtues of the South African leader.
            Perhaps he is simply taking refuge, as usual, in silence, converting his actual health into a state secret, later to reappear to only to confound those who had thought him well on his way to his final destination. As long as Fidel lives and breathes and remains mentally lucid, anything is possible. Why? Persons with severe mental problems , such as Castro suffers, compensate for their unhappiness by making others suffer. Such people have a need to remain the center of attention, stoking passions with a view to emphasizing how indispensable they are, especially when their capacity to act is severely diminished. They need to remain the center of attention, to continue to dominate the scene, even if it means only wallowing in an orgy of nonsense. Normally such people do not even respect their own rules and have a need to degrade their adversaries so as to sleep soundly, even though it may even result in an unjustifiable death.
            People who suffer from such delusions also consider their own actions—no matter how illogical—legitimate and necessary; if they turn out badly, it is someone else’s fault.
            What inspires his silence on the subject of Mandela since passionate his support for the creator of the African National Congress in the past is a matter beyond discussion? It’s not that I am particularly worried that we haven’t heard from him, nor do I particularly miss reading his “Reflections”, but I must admit a sense of surprise that he has missed an opportunity to say something about a man that he admired, even though Mandela’s leadership in South Africa turned out to be the very antithesis of Castro’s own in Cuba.
            Perhaps we will just have to wait. We are nearing the end of the calendar year and the Cuban government always avoids that season to announce bad news.