Ha fallecido Václav Havel, el más comprometido político europeo con la libertad de Cuba. Fue en la madrugada de este día 18 de diciembre, cuando la muerte le sorprendió alargándole su sueño hacia la eternidad.
Lo conocí en Miami durante un histórico encuentro con los cubanos del exilio. Parecía tener la altura de las palmas a pesar de su pequeña estatura, porque mostraba el rostro humano de un político ilustrado, con la serenidad de un flemático congénito y el dominio de sus circunstancias más espinosas. Hablaba muy despacio y sus palabras quedaban quebradas por una respiración profunda, pero la claridad de sus ideas deshacía las dudas sobre su salud.
En el 2004, en la capital de su país, inauguraba el Comité Internacional para la Democracia en Cuba, la iniciativa internacional mejor estructurada a favor de los demócratas cubanos. Sus palabras finales, desde el podio del Senado Nacional de la República Checa, fueron breves, pero sirvieron a los cubanos presentes como motivación para tomar las llaves del futuro. Lo hizo sonando su llavero personal. Aquel simbolismo, para abrir las puertas de la libertad y de las prisiones en la isla, convirtió a Havel en la figura más prestigiosa del mundo que asumía la defensa del pueblo cubano como parte de su agenda de vida.
La presencia del absolutismo cubano siempre le recordó los días aciagos del comunismo en su país. Tal vez, esa tragedia a miles de kilómetros de la democracia checa, se convirtió en el detonante de su solidaridad comprometida con Cuba y su pueblo. Desde antes, en los discursos políticos y en su libro, El poder de los sin poder, describía su entusiasmo por la autonomía popular en cualquier parte del mundo. En ellos enseñaba a los demócratas reprimidos por las tiranías cuales pueden ser las armas para defender los valores de la democracia y la libertad.
En el 2007, al recibir la medalla de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, se hizo acompañar de varios disidentes, provenientes de Burma, Irán, Cuba, Vietnam, China, Corea del Norte y Bielorrusia. Estuvimos a su lado, recibiendo el influjo de su vida consagrada al bien común y el estímulo de su experiencia como estadista mundial. En aquel momento parecía el joven de espíritu que siempre fue. Su alegría la mostraba con la sonrisa del optimismo por la suerte de cada uno de los países dominados por regímenes de odio y terror.
Para nuestro héroe nacional, José Martí, su muerte no es cierta “porque ha cumplido bien la obra de la vida”.
¡Descanse en Paz!
Sunday, December 18, 2011
Monday, December 12, 2011
Benedicto XVI anuncia su visita a Cuba
Lo acaba de hacer público en el día de hoy, 12 de diciembre, el propio Benedicto XVI: En el 2012 visitará Cuba. El anuncio fue ovacionado durante su discurso por la celebración Eucarística en honor a la Virgen de Guadalupe. La ceremonia se transmitió a todos los países latinoamericanos por CNN en español y a pesar de la hora el nivel de audiencia fue aceptable.
Con este viaje a la isla, se abre una nueva oportunidad para sacar ventaja de lo que viene a ser una gran oportunidad para pensar en serio por el bien de Cuba. Antes, en 1998, Juan Pablo II, convocó la conciencia nacional para el emprendimiento de un compromiso responsable, pero pocos, incluyendo a la iglesia cubana, asumieron el desafío de aquella histórica visita. Esta vez, el peregrinaje papal puede servir a los cubanos, de ambas orillas, para reflexionar acerca de la nación cubana, las perspectivas de movilidad hacia el pluralismo político, el respeto a los derechos civiles y para encontrar un camino de consenso inteligente, donde la tolerancia impere sobre la ferocidad irracional exclusiva en un grupo considerable de cubanos.
Es tiempo de ajustar cuenta a los errores, de mirar hacia dentro y de fundar esperanzas. Cuba, es más que un gobierno y una ideología. Es una nación dispersa, inteligente, capaz de alcanzar la cima de lo posible, de convivir en armonía, de perdonar, sin caer presa del olvido, y de tener una visión moderna de su futuro. Los cubanos necesitan ahora, para bien del mañana, unirse en la fe, arrebatada por los dogmas de lo absurdo. Adherirse en lo que todos creen, a esa entidad superior a los odios, los rencores y la venganza.
Es conveniente decirle a la iglesia y a su pueblo, que esta visita a es para todos los cubanos, no importa donde se encuentren. Es un viaje de paz para los que siempre han permanecido arropados en la fe cristiana y para lo que condenaron a otros por sus creencias. Es una oportunidad única para decirle al mundo que los cubanos también pueden.
Con este viaje a la isla, se abre una nueva oportunidad para sacar ventaja de lo que viene a ser una gran oportunidad para pensar en serio por el bien de Cuba. Antes, en 1998, Juan Pablo II, convocó la conciencia nacional para el emprendimiento de un compromiso responsable, pero pocos, incluyendo a la iglesia cubana, asumieron el desafío de aquella histórica visita. Esta vez, el peregrinaje papal puede servir a los cubanos, de ambas orillas, para reflexionar acerca de la nación cubana, las perspectivas de movilidad hacia el pluralismo político, el respeto a los derechos civiles y para encontrar un camino de consenso inteligente, donde la tolerancia impere sobre la ferocidad irracional exclusiva en un grupo considerable de cubanos.
Es tiempo de ajustar cuenta a los errores, de mirar hacia dentro y de fundar esperanzas. Cuba, es más que un gobierno y una ideología. Es una nación dispersa, inteligente, capaz de alcanzar la cima de lo posible, de convivir en armonía, de perdonar, sin caer presa del olvido, y de tener una visión moderna de su futuro. Los cubanos necesitan ahora, para bien del mañana, unirse en la fe, arrebatada por los dogmas de lo absurdo. Adherirse en lo que todos creen, a esa entidad superior a los odios, los rencores y la venganza.
Es conveniente decirle a la iglesia y a su pueblo, que esta visita a es para todos los cubanos, no importa donde se encuentren. Es un viaje de paz para los que siempre han permanecido arropados en la fe cristiana y para lo que condenaron a otros por sus creencias. Es una oportunidad única para decirle al mundo que los cubanos también pueden.
Sunday, October 30, 2011
Alegría en el aire
Lo confesó un turista mexicano que voló a Cuba desde Miami. En la antesala del viaje, a ese latinoamericano, radicado en Estados Unidos, le sorprendió la alegría mostrada por los viajeros cubanos que regresaban a encontrarse con su familia en la isla. En el aeropuerto internacional de Miami la mayoría alardeaban de sus logros en el exilio, de sus éxitos económicos y de cuanto ansiaban el momento de volver abrazar a los suyos a noventa millas al sur del gigante del norte. Bebían, mostraban en sus cuellos gruesas cadenas de oro, en las muñecas manillas del preciado metal y en sus cabezas el imaginario de la libertad, que supuestamente desean para los oprimidos en Cuba.
El despegue fue puntual. En el aire, la algazara era mayor. Contaban los minutos para pisar el suelo a donde habían nacido. Prometían besar la tierra, ir al extremo de la isla para llevarles flores a Cachita, pagar una promesa en Guanabacoa, cerrar las calles donde crecieron e invitar a los amigos a festejar el regreso oportuno al barrio. Querían llevar a sus parientes a Varadero, darle de comer, comprarles ropas, repararles las casas y devolverle la esperanza con dólares ganado con el sudor de sus frentes en el trabajo de cada día.
Hablaban tan alto como la altura del avión sobre el estrecho de la Florida. Deseaban tomar todas las imágenes posibles de las costas cubanas. Querían embriagarse de Cuba para llegar absorto y para olvidar la ruta de donde habían llegado.
El anuncio temprano del aterrizaje no era una sorpresa para quienes seguían el movimiento indetenible del reloj. Muchos lloraban, la emoción contagiaba a la tripulación que alababa las bellezas del país donde a llegarían. Entonces, la Guantánamera apareció por los megáfonos de la nave y la el llanto floreció como una regadera de emociones. Los viajeros de los pasillos buscaban la abertura de las ventanas para ver el azul penetrante del océano, las madres les inculcaban a sus hijos amar el país donde ellas habían nacido y hasta unos cuantos entonaron las notas del himno nacional.
Al tocar tierra, un aplauso unánime y espontáneo convirtió al avión en una tribuna de felicidad. Pero había desaparecido la alegría, nadie mostraba el brillo de sus prendas, los ostentadores estaban callados, también las mujeres con sus hijos y los exitosos comerciantes de la mentira.
Bajaron con la disciplina de los sumisos. Obedecieron sin quejas a los oficiales del ministerio del interior que demarcaban los primeros momentos de su estancia en el país. Estaban callados y en sus rostros el miedo abrumaba la suerte de sus cortas vacaciones en Cuba.
Cuenta el mexicano, sorprendido por tanta incongruencia, que aquel silencio en la isla le indicó que una cosa es en el aire y otra en la tierra.
El despegue fue puntual. En el aire, la algazara era mayor. Contaban los minutos para pisar el suelo a donde habían nacido. Prometían besar la tierra, ir al extremo de la isla para llevarles flores a Cachita, pagar una promesa en Guanabacoa, cerrar las calles donde crecieron e invitar a los amigos a festejar el regreso oportuno al barrio. Querían llevar a sus parientes a Varadero, darle de comer, comprarles ropas, repararles las casas y devolverle la esperanza con dólares ganado con el sudor de sus frentes en el trabajo de cada día.
Hablaban tan alto como la altura del avión sobre el estrecho de la Florida. Deseaban tomar todas las imágenes posibles de las costas cubanas. Querían embriagarse de Cuba para llegar absorto y para olvidar la ruta de donde habían llegado.
El anuncio temprano del aterrizaje no era una sorpresa para quienes seguían el movimiento indetenible del reloj. Muchos lloraban, la emoción contagiaba a la tripulación que alababa las bellezas del país donde a llegarían. Entonces, la Guantánamera apareció por los megáfonos de la nave y la el llanto floreció como una regadera de emociones. Los viajeros de los pasillos buscaban la abertura de las ventanas para ver el azul penetrante del océano, las madres les inculcaban a sus hijos amar el país donde ellas habían nacido y hasta unos cuantos entonaron las notas del himno nacional.
Al tocar tierra, un aplauso unánime y espontáneo convirtió al avión en una tribuna de felicidad. Pero había desaparecido la alegría, nadie mostraba el brillo de sus prendas, los ostentadores estaban callados, también las mujeres con sus hijos y los exitosos comerciantes de la mentira.
Bajaron con la disciplina de los sumisos. Obedecieron sin quejas a los oficiales del ministerio del interior que demarcaban los primeros momentos de su estancia en el país. Estaban callados y en sus rostros el miedo abrumaba la suerte de sus cortas vacaciones en Cuba.
Cuenta el mexicano, sorprendido por tanta incongruencia, que aquel silencio en la isla le indicó que una cosa es en el aire y otra en la tierra.
Friday, October 14, 2011
Oración para Laura
Sobre el asfalto interminable de los callejones habaneros, en la mayor de las plazas cansadas del tumulto, en las esquinas silenciosas de un barrio y su miseria, se percibió el olor de sus gladiolos, el color transparente de sus consignas y el clamor pulcro de sus demandas.
Estaba en la primera línea con una hueste de hermosas mujeres empuñando la razón frente a los cañones. Serena, con la lucidez del optimismo, su voz se escuchaba en las paredes lejanas del universo y el agresor trepidaba en su presencia.
Con la verdad en su cartera estremeció los muros del poder. Escaló la altura posible en un país abrumando de miedo. A pesar del cansancio, la débil estatura de su cuerpo enfermo, movilizó las tribunas desesperadas del tirano y de pronto, toda la ciudad supo que sus barcos cruzaban a todas horas la bahía aunque las tormentas fueran pavorosas muchedumbres salidas de los barrios menesterosos que ella deseaba cambiar.
Pocos en estos tiempos de desconfianza pudieron mirar como ella al sol desde el trópico, con la seguridad de alcanzar el mayor de sus destellos.
Laura urgió la esperanza en un pueblo dormido. Retó a los hombres sentados bajo la sombra de la espera a tomar el camino que había transitado para llegar temprano a la libertad.
La seguiré encontrando en las calles que siempre fueron suyas, frente a los muros viejos del malecón, en las catedrales cómplices y querellantes, en un retrato repetido en medio siglo, cuando otras mujeres son impedidas de procrear una nación con su esperanza, en los versículos de un libro de una historia inconclusa y en las paredes carcomidas de la ciudad.
La esperaré en esas mismas calles donde escribió un poema en primavera.
Estaba en la primera línea con una hueste de hermosas mujeres empuñando la razón frente a los cañones. Serena, con la lucidez del optimismo, su voz se escuchaba en las paredes lejanas del universo y el agresor trepidaba en su presencia.
Con la verdad en su cartera estremeció los muros del poder. Escaló la altura posible en un país abrumando de miedo. A pesar del cansancio, la débil estatura de su cuerpo enfermo, movilizó las tribunas desesperadas del tirano y de pronto, toda la ciudad supo que sus barcos cruzaban a todas horas la bahía aunque las tormentas fueran pavorosas muchedumbres salidas de los barrios menesterosos que ella deseaba cambiar.
Pocos en estos tiempos de desconfianza pudieron mirar como ella al sol desde el trópico, con la seguridad de alcanzar el mayor de sus destellos.
Laura urgió la esperanza en un pueblo dormido. Retó a los hombres sentados bajo la sombra de la espera a tomar el camino que había transitado para llegar temprano a la libertad.
La seguiré encontrando en las calles que siempre fueron suyas, frente a los muros viejos del malecón, en las catedrales cómplices y querellantes, en un retrato repetido en medio siglo, cuando otras mujeres son impedidas de procrear una nación con su esperanza, en los versículos de un libro de una historia inconclusa y en las paredes carcomidas de la ciudad.
La esperaré en esas mismas calles donde escribió un poema en primavera.
Tuesday, September 27, 2011
Claro que se puede
Existe una creencia, demasiado extendida entre los mismos cubanos que asegura, de manera equivocada, nuestro carácter irreconciliable. Es un mito gravitacional y seductor que agrada al régimen de La Habana. Algunos opositores, de aquí y de allá, son los primeros en convertirse en vocero de tal desgracia. Sucede a menudo, sobre todo cuando las opiniones y propuestas de ciertos grupos chocan con una enorme pared y destellan variadas reacciones que alejan el consenso político entre las partes. El hecho no queda en el encontronazo de las agrupaciones, sino que invade el ámbito personal, generando un rechazo total a quien revela su punto de vista. Esta realidad ha marcado la historia política del último medio siglo en Cuba y el exilio.
Más de una vez, ha sido imposible de reunir bajo el mismo techo a diferentes personalidades de la resistencia contra el totalitarismo cubano, a pesar de que están unidos en la intención de llevar la democracia a la Isla. Los argumentos para alejarse de la misma sombra son los lugares ideológicos donde se ubican las personas. Y es una pena.
Recientemente, en un escenario insular cerca de Miami, el ingeniero Eduardo Pérez Bengochea, como anfitrión reunió, para visualizar el potencial de las diferentes fuerzas políticas contra la intolerancia del castrismo, a un grupo de cubanos de variadas posiciones ideológicas. El efugio era un merecido homenaje al pueblo y gobierno de la Republica Checa por la solidaridad permanente con la democracia en Cuba. Allí, alternaron los agradecimientos al canciller checo, Karel Schwarzenberg, los líderes de todas las tendencias del exilio cubano, que sin darse cuenta, abrazaban la misma causa contra el régimen comunista establecido en Cuba durante 52 años. La ceremonia, sencilla y bien cubana, desnudaba el alma de los asistentes, porque Cuba estaba primero y cada uno de ellos la enaltecía.
Aquella velada deja grabada en la memoria de los asistentes las palabras del ingeniero Pérez Bengochea, cuando en algún momento de su discurso expresaba en nombre de todos los asistentes, sin que haya existido refutación con las mismas que: “agradecemos al pueblo checo esa visión moderna del compromiso ético en la política internacional por la defensa de los derechos humanos en Cuba”. Parece que, al fin, se encuentran las avenidas donde se puede percibir y tolerar el aliento de las diferencias entre cubanos, porque: “si somos capaces de reunirnos para agradecer, también debemos unirnos para hacer”, como dijo el anfitrión.
Más de una vez, ha sido imposible de reunir bajo el mismo techo a diferentes personalidades de la resistencia contra el totalitarismo cubano, a pesar de que están unidos en la intención de llevar la democracia a la Isla. Los argumentos para alejarse de la misma sombra son los lugares ideológicos donde se ubican las personas. Y es una pena.
Recientemente, en un escenario insular cerca de Miami, el ingeniero Eduardo Pérez Bengochea, como anfitrión reunió, para visualizar el potencial de las diferentes fuerzas políticas contra la intolerancia del castrismo, a un grupo de cubanos de variadas posiciones ideológicas. El efugio era un merecido homenaje al pueblo y gobierno de la Republica Checa por la solidaridad permanente con la democracia en Cuba. Allí, alternaron los agradecimientos al canciller checo, Karel Schwarzenberg, los líderes de todas las tendencias del exilio cubano, que sin darse cuenta, abrazaban la misma causa contra el régimen comunista establecido en Cuba durante 52 años. La ceremonia, sencilla y bien cubana, desnudaba el alma de los asistentes, porque Cuba estaba primero y cada uno de ellos la enaltecía.
Aquella velada deja grabada en la memoria de los asistentes las palabras del ingeniero Pérez Bengochea, cuando en algún momento de su discurso expresaba en nombre de todos los asistentes, sin que haya existido refutación con las mismas que: “agradecemos al pueblo checo esa visión moderna del compromiso ético en la política internacional por la defensa de los derechos humanos en Cuba”. Parece que, al fin, se encuentran las avenidas donde se puede percibir y tolerar el aliento de las diferencias entre cubanos, porque: “si somos capaces de reunirnos para agradecer, también debemos unirnos para hacer”, como dijo el anfitrión.
Friday, September 9, 2011
Castro en el espejo
Fidel Castro continúa produciendo algún interés en todo el mundo. Primero, su enfermedad generaba todo tipo de especulación y diagnósticos. Luego, su convalecencia deriva en un extenso tratado con los más variados pronósticos que recuerda un paciente. Después, sus primeras reflexiones se convirtieron en una seguidilla aburrida a las cuales también se les prestaba atención. Su ausencia intencional del escenario de las opiniones suscitaba todo tipo de conjeturas.
Mientras tenga vida él gozará con las especulaciones, siempre y cuando su nombre se mencione y escriba. ¿Por qué? Es propio de un psicópata que en su sufrimiento busca la compensación personal a su malestar en la pesadumbre y los argumentos del otro. Cuando desaparece, está precisando de afecto y de interés mediático. Claro, porque trata de medir el nivel de preocupación que genera su ausencia y los ecos de la misma más allá del archipiélago cubano.
Recientemente los principales periódicos del mundo reaccionaron desesperadamente a un rumor surgido en la red sobre un posible deterioro de su salud. El terreno estaba preparado para una nueva jugada al mejor estilo del viejo dictador. Y así fue. Luego, tan repentino como habitual, Castro vuelve aparecer en las portadas de los medios internacionales, vivito y coleando, en un intercambio con un periodista del oficialismo chavista.
La psicopatía del comandante no solo se destaca por el desorden moral de su conducta, sino por la permanencia alevosa de una vocación sostenible para molestar. Es un signo particular que lo distingue de otros dictadores menos cultivados. Es una costumbre mañosa de quien siempre ha mirado desde arriba y en el espejo se percibe como un ser superior y sin rival.
Mientras tenga vida él gozará con las especulaciones, siempre y cuando su nombre se mencione y escriba. ¿Por qué? Es propio de un psicópata que en su sufrimiento busca la compensación personal a su malestar en la pesadumbre y los argumentos del otro. Cuando desaparece, está precisando de afecto y de interés mediático. Claro, porque trata de medir el nivel de preocupación que genera su ausencia y los ecos de la misma más allá del archipiélago cubano.
Recientemente los principales periódicos del mundo reaccionaron desesperadamente a un rumor surgido en la red sobre un posible deterioro de su salud. El terreno estaba preparado para una nueva jugada al mejor estilo del viejo dictador. Y así fue. Luego, tan repentino como habitual, Castro vuelve aparecer en las portadas de los medios internacionales, vivito y coleando, en un intercambio con un periodista del oficialismo chavista.
La psicopatía del comandante no solo se destaca por el desorden moral de su conducta, sino por la permanencia alevosa de una vocación sostenible para molestar. Es un signo particular que lo distingue de otros dictadores menos cultivados. Es una costumbre mañosa de quien siempre ha mirado desde arriba y en el espejo se percibe como un ser superior y sin rival.
Monday, August 15, 2011
La contra-conversión de Pablo
Alguien dijo que Pablo Milanés es tan buen músico como poeta y es de esos artistas que cuando suben a un escenario solo cantan. Mejor opinión no podría ser para definir a un trovador cuyas canciones pertenecen a la antología del cancionero cubano. Yo conozco a Pablo y le he aplaudido siempre. Sus canciones me acompañan en el exilio, junto a las interpretaciones de Serrat, Sabina, Caetano Veloso, Bob Dylan y otros, en el pequeño club de mis favoritos. Los mencionados son casi todos de izquierda lo cual puede molestar. Sin embargo, la calidad como creadores, lo más importante para el arte, nadie la pone en dudas. En sus obras encuentro el lado hermoso de sus creaciones, sin ver el color de sus ideologías.
El concierto de Pablo en Miami ha generado diferentes opiniones y hasta se han movilizado para estropear su actuación. Admito, como demócrata comprometido con el principio de la responsabilidad cívica, mi respeto por lo diferente y la tolerancia a lo contrario. El ataque a Pablo distrae a los cubanos, como otras tantas veces, de la esencia del problema real. El trovador, aunque haya cantado a Castro y en algún momento admiró hasta sus testículos, hoy es la voz más alta dentro de Cuba que ha denunciado la falta de libertad en la isla. El 11 de abril del 2003 se opuso públicamente al asesinato de tres jóvenes negros que intentaban llegar a Estados Unidos, apoya el derecho de las Damas de Blanco a manifestarse libremente y reconoce como pocos el racismo en el país. Eso tiene un valor justo de ser reconocido.
La única vez que asistí a un concierto de Milanés fue en Las Tunas hace muchos años. El lugar era una plaza muy pequeña llamada “El Anoncillo” donde unos jóvenes fanáticos del artista, intentando llegar a primera fila para apoyar a su estrella, crearon un desorden. La policía intervino golpeándolos salvajemente. Pablo detuvo el concierto y dijo: Hasta que no se vaya la policía no canto y se retiró del escenario. Luego, cuando la gendarmería abandonó el lugar y bajó sus bastones represivos, el creador de Yolanda regresó entre atronadores aplausos. Aquella acción lo engrandeció al ponerse al lado de sus frágiles seguidores.
Con Pablo recuerdo al apóstol de igual nombre, pero de Tarso, que una vez persiguió a los cristianos y luego abrazó la causa de Cristo hasta morir decapitado en defensa de su nueva creencia. También al escritor Saramago, cuando invitaba a los no comunistas a convertirse a esa ideología. Si el trovador se ha convertido en un crítico del régimen cubano, bienvenido sea junto a sus canciones de amor.
El concierto de Pablo en Miami ha generado diferentes opiniones y hasta se han movilizado para estropear su actuación. Admito, como demócrata comprometido con el principio de la responsabilidad cívica, mi respeto por lo diferente y la tolerancia a lo contrario. El ataque a Pablo distrae a los cubanos, como otras tantas veces, de la esencia del problema real. El trovador, aunque haya cantado a Castro y en algún momento admiró hasta sus testículos, hoy es la voz más alta dentro de Cuba que ha denunciado la falta de libertad en la isla. El 11 de abril del 2003 se opuso públicamente al asesinato de tres jóvenes negros que intentaban llegar a Estados Unidos, apoya el derecho de las Damas de Blanco a manifestarse libremente y reconoce como pocos el racismo en el país. Eso tiene un valor justo de ser reconocido.
La única vez que asistí a un concierto de Milanés fue en Las Tunas hace muchos años. El lugar era una plaza muy pequeña llamada “El Anoncillo” donde unos jóvenes fanáticos del artista, intentando llegar a primera fila para apoyar a su estrella, crearon un desorden. La policía intervino golpeándolos salvajemente. Pablo detuvo el concierto y dijo: Hasta que no se vaya la policía no canto y se retiró del escenario. Luego, cuando la gendarmería abandonó el lugar y bajó sus bastones represivos, el creador de Yolanda regresó entre atronadores aplausos. Aquella acción lo engrandeció al ponerse al lado de sus frágiles seguidores.
Con Pablo recuerdo al apóstol de igual nombre, pero de Tarso, que una vez persiguió a los cristianos y luego abrazó la causa de Cristo hasta morir decapitado en defensa de su nueva creencia. También al escritor Saramago, cuando invitaba a los no comunistas a convertirse a esa ideología. Si el trovador se ha convertido en un crítico del régimen cubano, bienvenido sea junto a sus canciones de amor.
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